






























�Dichosa de m�, pues he encontrado al que me ama! Al fin te hall� querido m�o, y tus caricias son para m� un torrente de delicias que no es posible explicar. Siento que me anegas. Hoy lo s�, eres, amado m�o, el encanto de mi alma�.
Las consecuencias, de Susana Koska ( Pepitas), es un libro ins�lito que incluye l�neas sacadas de otro tiempo como las del p�rrafo anterior. En ellas, los amantes no son una pareja de enamorados sino una novicia y Jes�s. �Qu� es Las consecuencias? Es un poco de novela, un poco de l�rica m�stica, un poco de libro de memoria e historia sobre la Guerra Civil y un poco de biograf�a intelectual de la posguerra. En la primera mitad del libro, Koska toma la historia de Martina Lera, una novicia de Laguardia, en �lava, que deja el convento porque su familia la necesita. Se convierte en profesora durante la Rep�blica y vive el golpe de Estado de 1936 como la llegada de un ej�rcito de �ngeles a un mundo de tinieblas. Se entrega a la caridad y a la educaci�n. Vive en Cristo. Escribe cartas que parecen cosa de Teresa de �vila. Se acuerda de su compa�era predilecta en el convento, Casilda, cuyo amor fraternal hab�a sido tan intenso que provoc� la incomodidad de sus superioras. Y piensa en �ngel, su sobrino republicano, en la c�rcel despu�s de la Guerra, humillado y obligado a empezar con nada.
Para saber m�s
�Y estando caliente el cuerpo de mi hermano, fue cuando mi padre me hizo saber de la mejor manera posible, pero firme e impenetrable, que lo mejor para m� y para todos era que yo dejara el convento. [...] Que yo s� que a padre le vencen las preocupaciones y que mi hermana querid�sima no puede con toda la labor con la que carga. Pero fue tan tajante, Casilda querida. Yo, que no ve�a momento de volver con las hermanas, en un visto y no visto me vi fuera de nuestra casa sagrada y me di de bruces con la realidad aterradora�.
Las frases entrecomilladas son frases que Susana Koska adapt� para Las consecuencias a partir de las cartas de Martina Lera, la profesora falangista de Laguardia. Koska, cineasta e investigadora del exilio interior republicano, cuenta que se encontr� por casualidad con Lera en una caja de zapatos perdida en un archivo con la palabra escuela.
�Yo esperaba encontrarme con una profesora republicana. Es a lo que me he dedicado, a la guerra y sus consecuencias vistas desde ese lado. Mi educaci�n no fue religiosa, trabaj� durante 20 a�os con mujeres republicanas. En el fondo, el lado de los que ganaron me parec�a el de los malos, sobre todo por la manera tan fea que tuvo esa victoria�, cuenta Koska. �Y, entonces, encuentro a esta mujer con un sentido de la m�stica que me hace ir a sitios a los que no hab�a ido nunca. Pens� durante medio segundo si era una historia para m�. Creo que s�, Martina fue una mujer en busca de su camino�.
El mundo de Martina es el de los requet�s, el del nacionalismo cat�lico, tan exaltado que hoy parece rom�ntico, una versi�n cristiana del chi�smo. Martina participa de �l. Es especial porque se entrega con inocencia a su sistema de valores. �Es una mujer que no elige su destino, hace lo que le dicen antes y despu�s de la guerra. Ve al convento, sal del convento. Nadie le deja elegir. Pero tiene una sensibilidad tremenda. Sabe escribir, sabe contarse. Con 18 a�os refleja a Santa Teresita del Ni�o Jes�s. Luego encuentra su manera de hablar. Guarda todo. Las cartas de su sobrino, las notas, las estampas... Entra en la Secci�n Femenina y adopta su sentido del deber. Pero lo hace como una persona de pueblo, relativamente ajena a la ideolog�a. Lo que le importa es la caridad. Ser obediente y abnegada�.
En el retrato de Martina solo hay una grieta: el sobrino republicano. �Martina fue un fogonazo que me llev� fuera de mis caminos. Pens�: bueno, con ella sacar� un librito sobre una monja, un librito de una mujer sobre otra mujer. Entonces, descubr� que el sobrino era �ngel Mar�a de Lera y la historia cambi� por completo�, cuenta Koska.
�ngel Mar�a de Lera es un nombre m�s o menos olvidado en la literatura espa�ola, pero fue, durante al menos 15 a�os, una celebridad. Gan� el Planeta, dirigi� el suplemento cultural de ABC, escribi� guiones, organiz� premios literarios y fue invitado a hablar en el Congreso. Fue uno de esos novelistas de los a�os 60 y 70 que se quedaron antiguos con la irrupci�n de la generaci�n de los Mar�as y Mu�oz Molina. �Tiene novelas mejores y peores. pero es un escritor disfrutable. A m� me fascina porque fue, en el franquismo, el primer escritor que trat� a los derrotados, en 1966�.
De Lera era hijo de un m�dico rural. Estudi� Derecho en Granada, se vincul� a �ngel Pesta�a y el Partido Sindicalista ( escisi�n de la CNT), fue comandante del Ej�rcito de la II Rep�blica, fue detenido por las tropas de Negr�n y decidi� quedarse en Madrid cuando entraron los soldados de Franco. Condenado a muerte e indultado parcialmente, estuvo en la c�rcel hasta 1947. Ten�a 35 a�os y se emple� de pe�n. Al cabo de dos d�cadas, fue el primer escritor de la derrota en la Espa�a victoriosa.
�C�mo se explica su �xito? �Lara [fundador de Planeta] fue un se�or muy listo. Tuvo o�do, escuch� lo que dec�a Lera y lo entendi�. Lera estaba inventando el g�nero de la memoria republicana, que no exist�a en Espa�a. La gente estaba asfixiada y Espa�a necesitaba hacer espacio a los otros, que eran muchos. Lara entendi� a Lera y entendi� el momento. Fue muy avispado. Vendi� decenas de ediciones�, explica Koska.
�ngel Mar�a de Lera, adem�s, fue el sobrino republicano de aquella profesora de Laguardia, que se angusti� por verlo del otro lado, por saberlo encarcelado y pobre. Las consecuencias hila sus dos historias como una manera nueva de contar el trauma de la guerra: la de una �familia que se rompe y a trav�s del amor se vuelve a coser�.
�Algo m�s? S�: entre �ngel y Martina hay un personaje c�ustico que deshace el riesgo de la complacencia. Es una antigua alumna de Martina, una ni�a miserable que rechaza la caridad y el paternalismo, que se va a Barcelona, entra en la clandestinidad y le dice �me das asco con tu caridad�. Quiz� no tenga toda la raz�n, pero debe aparecer en las p�ginas de Las consecuencias.
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