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El padre Francisco Javier C., más conocido en su entorno como el padre Fran, que se ha sentado esta semana en el banquillo acusado de drogar y agredir sexualmente a cuatro mujeres, se hizo amigo en prisión de José Bretón, condenado por acabar con la vida y quemar a sus dos hijos, Ruth y José, y se carteó con Tony Alexander King, el asesino y violador de Rocío Wanninkhof y Sonia Carabantes, al que no dudó en ofrecer algunos consejos legales para que pudiera disfrutar de la libertad condicional en cuanto cumpla el máximo legal de condena.
Y es que dice un viejo refrán popular que Dios los cría y ellos se juntan, aunque en el caso de la amistad que une al padre Fran con el filicida Bretón o la relación que se habría fraguado entre el cura violador de Málaga y el estrangulador de Holloway sería más apropiado decir que Dios los crió y la cárcel los juntó.
Pero, ¿cómo nace la relación entre un violador, un filicida y un asesino en serie, tres sujetos que llevarían a la mayoría a cambiarse de acera para simplemente evitar cruzar la mirada con ellos y cuyos atroces crímenes ocupan ya hoy un lugar destacado en la crónica negra del país?
Al padre Fran lo detuvieron en Vélez-Málaga, en septiembre de 2023. Su última novia, Rocío, descubrió un disco duro en su casa en el que había varios archivos con cientos de imágenes de las agresiones, cuidadosamente clasificadas en carpetas con los nombres de sus víctimas.
En un principio la chica no dijo nada pero al final, después de meses de relación con un cura que consumía drogas porque «le daban alegría», que abusaba de sus amigas y que terminó dejándola porque —como él mismo ha dicho durante el juicio— no quería nada serio con ella, decidió acudir a la Policía y contarlo todo.
El padre Fran —al que el Obispado retiró las licencias ministeriales cuando supo lo sucedido— acabó en prisión preventiva a la espera de juicio. Tras su detención, lo enviaron al centro penitenciario de Herrera de la Mancha, en Ciudad Real, donde también estaba encarcelado Bretón.
Ambos internos compartieron módulo en esta prisión de máxima seguridad por la que ha pasado lo más granado de cada casa, desde el asesino de Marta del Castillo, Miguel Carcaño; al asesino de Diana Quer, Francisco Javier Almeida el chicle; o al de la pequeña Mari Luz Cortés, Santiago del Valle; también numerosos etarras, tal es el caso de Jokin Urain Larrañaga, alias Kixkur, condenado a más de 400 años de cárcel, de los que sólo cumplió 27, fallecido el pasado mes de abril.

José Bretón y Tony Alexander King.EM / JESÚS DOMÍNGUEZ
En una serie de cartas dirigidas a Bretón y a King, a las que ha hecho referencia en el juicio el abogado de una de las víctimas, Jesús Marín, el padre Fran lamenta no contar con muchos amigos en la cárcel.
«Como bien sabes, yo no gozo de muchos amigos», le dice a Bretón, pero se precia y agradece tener su «valiosa amistad» —la de Bretón— que le «conforta muchísimo», escribe.
También le confiesa que en sus ojos, frente a lo que muchos opinan, él observa humanidad. «Yo he visto esos ojos —le dice el ya hoy exsacerdote al filicida de Córdoba— y tienen mucha humanidad».
«Veía en tus ojos, un poco llorosos, que estabas pensando en tus hijos, Ruth y José, y esa mirada es de amor», le comentaba en una misiva el padre Fran a su amigo en la cárcel. «Me encanta cuando hablas de ellos —comenta en relación a los pequeños asesinados por él— y me transmites ternura». Una ternura que, añade, «no se puede falsear: olvida lo que digan los medios y tu ex mujer».
En Herrera de la Mancha coincidió también el padre Fran con el violador y asesino de las jóvenes malagueñas Rocío Wanninkhof y Sonia Carabantes, el ciudadano de origen británico encarcelado en esta prisión española.
El tono de las comunicaciones con King es más formal y menos amistoso, aún así, las palabras del padre Fran para este peligroso asesino son de aliento y lo insta a buscar asistencia legal para que, una vez se cumplan 25 años de prisión, pueda pedir el habeas corpus tras haber cumplido el máximo legal que establece la ley. A partir de ahí, le comenta: «Deberían darte la libertad en 24 horas».
«Me preocupa que quieran hacerte daño», le dice en un momento dado, y le anima a rechazar una entrevista que le han solicitado, alertándolo de que sea prudente porque«seguramente manipulen tus palabras».
Han sido muchas las cosas que se han dicho en el juicio sobre el proceder de un hombre que hacía gala de una moral intachable de puertas para afuera, pero que en lo privado y en las distancias cortas todo apunta a que actuaba como un auténtico depredador sexual que sedaba y violaba a sus amigas, aprovechándose de la confianza que le daban relaciones de amistad sostenidas en el tiempo, algunas desde la infancia. Y, por supuesto, no dudaba en grabarlo todo y clasificarlo adecuadamente para luego poder revivir en la intimidad sus crímenes más siniestros.
A sus víctimas, les quitaba la ropa interior, les manoseaba los genitales, les ponía el pene en las manos y en la boca o, directamente, las violaba. Esas son algunas de las escenas que se pueden ver en las decenas de vídeos y fotografías atribuidas al exsacerdote malagueño y por estas presuntas agresiones fotografiadas y filmadas se enfrenta a 72 años de prisión.
«Fran, para, me estoy agobiando», se escucha balbucear a una de las mujeres que aparece en uno de los videos atribuidos al exsacerdote malagueño. Este es practicante el único comentario que la chica es capaz de hacer mientras su violador, que previamente la habría sedado para anular su voluntad y evitar que pudiese recordar lo vivido, le pide que separe las piernas, le introduce los dedos y el pene, y como a las demás víctimas, lo graba.
Es obvio que la chica no es consciente de lo que está ocurriendo porque «ni siquiera reacciona cuando la tocan o la mueven», ha indicado una de las inspectoras policiales encargada del visionado de las imágenes y que testificaba en el juicio en calidad de testigo.
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