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Portada // elmundo

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El Mundo
Daniel Lozano · 2026-06-26 · via Portada // elmundo

"Estábamos en el apartamento, en el piso ocho. Y comenzó a temblar todo con mucha fuerza. No hallábamos qué hacer, no se podía ni salir al pasillo. El temblor se me hizo infinito, pero cuando acabó me puse los zapatos y después bajamos. En las escaleras había muchos heridos, muchos abuelos, niños sangrando. Todos salieron gracias a Dios, pero cuando llegamos a la calle nos esperaba la locura. El edificio de al lado estaba caído y desde el puente para arriba colapsaron el hotel y todos los edificios. Muchos, muchos heridos. Toda la zona costera está derruida".

Municipio de Macuto, en el estado costero de La Guaira. Edificio Punta Brava. La enésima tragedia venezolana comenzó cuatro minutos después de las 18:00 del miércoles (hora local) en la zona cero de los dos terremotos que han golpeado con violencia a un país derruido por 27 años de revolución. Kevin Ramírez, mecánico de 23 años que trabaja en la vecina Caracas, a 30 kilómetros, salvó la vida; también su familia. Pero lo que se encontró nada más alcanzar la calle en una bajada al infierno no lo olvidará jamás, con una veintena de edificios destruidos en sus alrededores.

Los dos sismos consecutivos, de magnitud 7,2 y 7,5, sembraron terror y destrucción en el estado costero, colindante con Caracas, y en la propia capital y otros estados del país petrolero. El Gobierno de Delcy Rodríguez declaró el estado de emergencia tras unas primeras horas de desconcierto, cuando ya sus gentes buscaban supervivientes entre los escombros de las decenas de edificios colapsados o agrietados. El desolador panorama nocturno dio paso a la tragedia iluminada por el sol del mar Caribe, que tanto engaña, que tanto dolor esconde en las tierras que bañan sus aguas.

Las autoridades adelantaron este jueves la cifra de 188 muertos, 1.520 heridos, 157 desaparecidos y 2.927 familias damnificadas en 250 edificios colapsados o afectados, además de 20 centros comerciales deteriorados, pero sin sumar todavía todo lo sucedido en la costa, que se ha vuelto a convertir en la zona cero de un desastre, como ya sucediera con el deslave de 1999. Un balance provisional que crecerá y crecerá en las próximas horas.

Las listas de desaparecidos o de personas no localizadas por sus familiares, realizadas por distintas iniciativas de la sociedad civil ante la falta de información gubernamental y los bloqueos a redes sociales y medios independientes, sumaban al cierre de esta edición más de 35.000 personas reportadas sin localizar. En esta ocasión no se trataba de desaparecidos por las fuerzas chavistas o de detenciones ilegales: la fuerza de la naturaleza había golpeado de nuevo con fiereza a los venezolanos. Las redes sociales se llenaron de fotografías, ruegos y lamentos. Desde la diáspora, miles buscaban a sus seres queridos.

"Necesitamos ayuda, aquí no ha llegado nadie, ¿dónde está la respuesta? Entendemos la magnitud, pero sólo estamos los vecinos; hay gente con vida. Miren esto, no podemos sacarlos a mano, necesitamos maquinaria, equipos pesados", clamaba ayer un vecino mientras luchaba por sacar a sus familiares del edificio El Molino, de Caraballeda, en La Guaira.

Sentado encima de los escombros, desesperado. "Estamos rescatando a la gente con las uñas, el Estado no aparece. Esto es una lucha contrarreloj", se quejó a EL MUNDO con rabia Leanyer Ramos, delivery motorizado que acudió al rescate desde la capital.

En Catia La Mar, Los Corales y Caraballeda, como en Macuto y otros municipios, se luchaba por salvar a los que todavía estaban atrapados, en medio del caos y el colapso. Una zona del país que sabe muy bien lo que es una tragedia. En 1999, el deslave y las inundaciones que arrastraron toneladas de rocas desde las cumbres del Ávila hasta el litoral acabaron con la vida de al menos 30.000 personas, aunque fuentes independientes dispararon entonces la cifra muy por encima.

Uno de los edificios que colapsaron junto al aeropuerto internacional de Maiquetía, cerrado por la magnitud de sus daños, pertenecía al Hotel Eduard. Los oficiales de la Escuela Naval también buscaban entre los escombros a sus compañeros.

A sólo 35 kilómetros de la costa, en Caracas, colapsaron cuatro edificios en Altamira, perteneciente al municipio de Chacao, y se sumaban más de 30 con graves desperfectos. Uno de ellos es el edificio Petunia, situado junto al Hotel Altamira Suites.

El latigazo sísmico se extendió a otras zonas de la capital, como San Bernardino y El Paraíso, y a zonas colindantes, en especial Guatire, ciudad dormitorio del estado Miranda. Más allá de sus fronteras regionales, Aragua, Carabobo, Falcón y Yaracuy también sufrieron la ira de la naturaleza.

Se trataba de un día festivo en Venezuela, en especial en la zona costera, donde es muy tradicional celebrar a San Juan Bautista. Una multitud se congregó en Naiguatá a golpe de tambores, entre sudor, bailes y alegría hasta que la tierra comenzó a temblar como si fuera parte de la misma coreografía. Los gritos sustituyeron a los cánticos mientras dos terremotos consecutivos volvían a cambiar la historia de un país lleno de enormes cicatrices.

Que la zona cero se haya situado en La Guaira, el mismo estado que fue sepultado en buena parte por un inmenso deslave de barro y rocas gigantescas en 1999, no es una simple casualidad geográfica por su cercanía con el epicentro en Morón, más al oeste. Hugo Chávez, recién llegado al poder, prometió una y otra vez que convertiría la zona siniestrada en un gigantesco y moderno balneario playero al estilo de Cancún.

Nada de ello sucedió: se reconstruyó a fuerza de improvisación, con el sello made in revolución, entre corruptelas y deficiencias, todo lo contrario de lo sucedido tras el gran terremoto de 1967 en Caracas con la llamada IV República (gobiernos socialdemócratas y democristianos), que convirtió a la capital venezolana en una ciudad antisísmica, que este jueves resistió como pudo los embates de los dos sismos. Incluso se da la paradoja de que la zona más castigada de la capital fue un barrio rico, situado muy cerca de Petare, una de las mayores favelas de las Américas. Su cercanía a la montaña protegió el miércoles a sus gentes.

La nueva catástrofe llega cuando Venezuela ha sufrido durante 27 años un terremoto diario de baja intensidad, que ha convertido a uno de los países más ricos de la región en un país resquebrajado, que todavía conserva en sus entrañas la mayor reserva petrolera del planeta y una de las mayores reservas del mundo en gas y oro.

Los equipos de rescate trabajaban con lo que podían porque tanto Protección Civil como los bomberos han perdido equipos y materiales durante la gran crisis desatada a partir de 2013. Ambulancias, equipos, helicópteros de emergencia, protocolos han deteriorado con el paso de los años ante la incapacidad del Estado para mantenerlos.

Desde que en 2010 comenzaran los apagones y los primeros racionamientos, el sistema eléctrico no ha hecho más que debilitarse, víctima de la mala gestión, la falta de recursos y la corrupción convertida en un vampiro insaciable. Así lo reflejó la última encuesta de condiciones de vida, Encovi, uno de los mejores termómetros para medir la hecatombe que no cesa. Los servicios básicos se han convertido en uno de los grandes quebraderos de los venezolanos, en especial la energía eléctrica: el 39% sufre apagones de varias horas todos los días y sólo el 10% reporta que nunca se va la electricidad.

Con el agua ocurre algo parecido: sólo el 19% de los hogares dispone de un servicio diario y continuo. La situación ya era tan peliaguda antes de los terremotos que sólo el 44% de los estudiantes acudía regularmente a clases.

El otrora envidiado sistema público de salud es otra de las grandes víctimas del fracaso del chavismo. La Encuesta Nacional de Hospitales ha desvelado un año tras otro su deterioro. Apenas cuatro quirófanos por hospital estaban operativos en 2024, con sólo el 12% de personal de emergencia disponible en los centros médicos. Más del 90% de esos hospitales derivaba a los propios pacientes la compra de insumos porque el desabastecimiento de insumos básicos alcanzaba el 74%.