El calafino, uno de los directores teatrales más influyentes de la escena catalana, acaba de estrenar 'La dama boba' en Teatros del Canal. Estos son sus tres títulos favoritos

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'Regreso a Howards End' (Alianza), de E.M Forster
Un consejo: ¡Sed amables! Es una de mis novelas favoritas. Solo conecta es el epígrafe que da inicio a la novela, como una especie de guía filosófica. Publicada en 1910, Howards End se sitúa en un momento de profundas transformaciones sociales en Inglaterra. La novela sigue las vidas entrelazadas de varias familias de distintas clases sociales en la Inglaterra de comienzos del siglo XX, especialmente las hermanas Schlegel, cultas e idealistas, y los Wilcox, representantes de un mundo más pragmático y materialista. Todo gira en torno a Howards End, una casa de campo que termina convirtiéndose en símbolo de pertenencia, de herencia y de conexión con los demás.
A través de amistades, desencuentros y decisiones que cambian el rumbo de los personajes, Forster explora temas como la desigualdad social, el amor, la hipocresía de clase y la dificultad de alcanzar una verdadera conexión humana en una sociedad marcada por las diferencias económicas y culturales. Pero lo hace con una enorme sensibilidad y humanidad, sin caer nunca en el sentimentalismo, logrando que la novela siga resultando profundamente actual más de un siglo después. Forster pone el acento en la necesidad de superar las barreras materiales o sociales para llegar a una especie de comprensión mutua. Es como si nos pidiera: «Sed más amables». ¡De otra forma iría el mundo, a poco que lo intentáramos!

'La herencia' (Editorial Dos Bigotes), de Matthew López
Búsqueda de pertenencia en Nueva York. Se trata del texto dramático que ha dado pie a uno de mis recientes espectáculos. Matthew López no sólo se inspira en Howards End, sino que, además, convierte a Forster en uno de los protagonistas de su obra de teatro, en un referente moral para el grupo de jóvenes neoyorquinos que, en 2019, viven la herencia de la pandemia del sida mientras navegan las complejidades de su identidad como personas homosexuales, buscando un sentido de pertenencia, conexión y un futuro compartido.
En este sentido, La herencia se inscribe en una tradición literaria y teatral que dialoga con el pasado para interrogar al presente, recuperando la sensibilidad humanista de Forster y trasladándola a una contemporaneidad marcada por la memoria de la pérdida y la necesidad de reconstrucción. La obra no sólo revisita una genealogía cultural, sino que también se pregunta qué significa hoy heredar una historia atravesada por la ausencia, y cómo esa herencia condiciona -y, a la vez, impulsa- nuevas formas de comunidad y afecto. Se trata de un espectáculo monumental -seis horas de duración- y altamente emocional que no ha parado de darnos satisfacciones a todos los que hemos trabajado en él.
Estrenado en el Teatre Lliure la temporada pasada, se repondrá la próxima, nuevamente en el Lliure y, en esta ocasión, también podrá verse en Madrid. A quienes no tengan la oportunidad de ver el espectáculo, les recomiendo fervientemente la lectura del texto. Me lo agradecerán.

'No pudimos ser amables' (Galaxia Gutenberg), de Bertolt Brecht
Una antología de simpleza engañosa. Esta antología me ha hecho redescubrir la magia del estilo de Bertolt Brecht: esa sencillez aparente, esa exactitud seca, casi cortante, pero cargada de emoción y pensamiento. No pudimos ser amables reúne una amplia selección de los poemas que Brecht escribió a lo largo de cuatro décadas marcadas por guerras, exilio y agitación política. El título, tomado de uno de sus versos más célebres, condensa bien el espíritu del libro: una escritura atravesada por la urgencia histórica en la que la amabilidad queda desplazada por la necesidad de dar testimonio, de denunciar y de pensar el mundo en crisis. Brecht tiene la capacidad de transformar lo cotidiano en algo universal, de hablar de la guerra, de la injusticia, del miedo o de la fragilidad humana con una claridad que nunca pierde profundidad.
Y precisamente esa combinación entre austeridad y hondura es lo que lo hace tan actual, tan necesario ahora. Sus poemas parecen escritos desde una lucidez implacable, pero nunca renuncian del todo a la compasión. El poema A los que vendrán después nos ofrece consuelo y, al mismo tiempo, nos estremece. Es algo que me fascina: esa capacidad de provocar dos emociones tan dispares al mismo tiempo, de conmovernos y de enfrentarnos a la realidad con la misma intensidad.






















