Ex concursante de 'OT', acaba de estrenar su primer disco, 'La insolación', y participa en la película 'Kraken. El libro negro de las horas'.

El cantante Martin Urrutia, ex concursante de 'Operación Triunfo'.
Actualizado
Martin Urrutia (Getxo, 2005) entró a la Academia de Operación Triunfo como el más joven de la promoción de 2003. Allí, con su relación con Juanjo Bona, se convirtió en referente para los jóvenes del colectivo LGTBI y apuntaló el inicio de una carrera artística que va y viene de la música a la interpretación. Ahora acaba de estrenar su primer disco, La insolación, y participa en la película Kraken. El libro negro de las horas.
- Su disco y una película en el mismo mes, ¿cómo maneja esta doble faceta de músico y actor?
- Hasta ahora estoy pudiendo encajar los huecos y el trabajo. En esta película tuve un papel muy pequeño y por suerte pude rodar dentro del momento de creación del disco. Es verdad que coinciden en el mismo mes y me hace ilusión porque son dos facetas muy alejadas. Hay gente que me seguía en OT que esperaba mi disco más inmediato, pero hice caso a mis impulsos. La gente que haya querido esperarme será más fiel. Quien entienda mi ritmo bienvenido es.
- ¿De Operación Triunfo salió agradecido o espantado? ¿A qué grupo pertenece?
- Es imposible renegar de lo que me ha dado la visibilidad. Con 18 años me dieron una formación increíble, he conocido personas que llevo en mi vida, he crecido como artista y como persona y me ha dado la visibilidad para llegar a gente y poder trabajar. Jamás me desmarcaría de OT, era mi mayor sueño por encima de cualquier otra cosa. Sí que es impactante salir de un encierro y verte con 300.000 seguidores. yo lo gestioné teniendo cerca a mi núcleo terrenal, que son mi familia y mis amigos. Además me vino una oleada de trabajo: la gira, Mariliendre, el disco... Ahora, tres años después, soy consciente de todos mis sentimientos.
- ¿Es fácil perderse en ese bucle?
- Puede ser fácil dependiendo de las prioridades. Las mías, sin dejar pasar el tren del trabajo, han sido estar cerca de mi familia, de mis amigos y de mi Euskal Herria. Volver ahí me hacía recordar que todo estaba bien.
- ¿Cómo ha llevado lo de independizarse y alejarse de su casa?
- Eso fue un horror, el peor recuerdo del post porque irme a vivir a Madrid nunca fue algo que tuve muy claro. Sabía que había trabajo y era fácil tener oportunidades, pero soy muy vasco, muy euskaldun y también allí hay oportunidades artísticas. Tener que irme me pilló muy de sopetón y no fui consciente. Ahora ya estoy a gusto en Madrid, me gusta, pero vuelvo bastante a casa.
- ¿Dónde imagina su vida a futuro?
- Para mí, sinceramente, mi futuro vital y artístico está en Euskadi. Porque es un nido artístico, yo veo allí a todas mis amigas artistas y me motiva mucho. Madrid es un punto muy interesante para empezar y desarrollarse, pero querría vivir en Euskadi. Ya el primer año aquí estuve todo el rato pensando en volver a casa, me costó mucho adaptarme. A mitad del segundo ya me instalé de verdad y me di cuenta de que puedo ser feliz.
"Soy muy vasco, para mí fue un horror irme de allí de sopetón para vivir en Madrid"
- Pese a que su posición sea mejor, ¿ha sufrido también la crisis de su generación con la vivienda?
- Buscar mi primer piso en Madrid fue enfrentarme a algo que no me tocaba, pero yo al menos pude pagarlo. Que hay mucha gente que no puede. Las realidades de mis amigos son muy distintas. Soy consciente de que he trabajo desde muy pronto, que soy un privilegiado, pero también de lo difícil que es independizarse y encontrar un sitio normal en el que vivir por un precio normal. Soy afortunado, pero también lo sufro.
- En su disco hay mucho de nostalgia y en esta conversación aprecio también algo de esa nostalgia.
- Soy muy nostálgico, me gusta mucho regodearme en los recuerdos, pero lo hago con buenos ojos. No soy de esa gente que mira con tristeza y no se permite avanzar. Al revés, para mí es el motor que me ha llevado hasta aquí. Puedo quedarme atrapado en algún recuerdo muy concreto, pero he aprendido a controlar cuánto me pierdo ahí.
- ¿Cómo se hace para mantener ese pasado, el vínculo familiar, cuando uno se convierte en un personaje público?
- Intento que lo importante para mí, mi rutina familiar, se pueda preservar. Es verdad que ahora trabajo, soy una persona pública, estoy viviendo en Madrid, tengo una relación y un piso, pero todavía tengo 21 años y necesito sentirme arraigado a mis padres y mis hermanos. No quiero sentir que ya me he desprendido completamente y por eso hago un ejercicio para pasar tiempo de calidad con mi familia.
- ¿Echa de menos eso?
- Echo mucho de menos la rutina familiar, pero no querría volver a la rutina de universitario porque estoy haciendo lo que siempre quise. Sí tengo la espina de hacer la carrera de Arte Dramática, que la dejé a los dos meses. Cuando estoy en casa vuelvo a sentirme el Martin de 18 años que todavía no ha ido a OT y eso me encanta porque es conectar con algo que perdí muy rápido. No me quiero alejar de los momentos de adolescente que no he tenido y eso me lo dan mis hermanos.
- En su paso por OT, su relación con Juanjo Bona fue como repetir lo que se había visto con Chenoa y Bisbal dos décadas después. ¿Cómo se gestiona eso teniendo 18 años?
- Nunca hemos sido muy conscientes de eso, pero Noemí Galera el día de salir, después de la final, nos lo decía que no sabíamos lo que había sido. Es algo tan puro, tan primerizo y tan de verdad que es especial que se haya visto masivamente y al mismo tiempo da miedo. Para nosotros ha sido muy íntimo, pero a la vez no lo es. Es curioso enamorarte en un reality, pero si sabes donde poner muros puede salir bien.
- Para muchos adolescentes eso fue normalizar una pareja LGTBI en un contexto muy mainstream. Después, su primer trabajo fue en Mariliendre, una serie sobre los derechos del colectivo...
- Si he sido un ejemplo, estoy orgulloso de ello y deseo que en los programas en las ficciones siga latente porque es parte de la vida y de la sociedad. Quien diga que no, miente. No hay que relajarse con esto porque la derecha siempre está presente y da miedo que todo pueda cambiar. Hay que defender valores, luchar y alzar la voz. Los que somos personajes públicos debemos hablar claramente.
- ¿Cómo deben hacerlo?
- Yo creo que hay que posicionarse como artistas más que nunca. Toda la gente que tenga un altavoz debe hacerlo. Usemos las redes para defender causas sociales que importan de verdad y menos para mierdas. Con esto tampoco juzgo a quienes no se pronuncien, creo que hay que hacerlo cuando te salga natural, pero en mi cabeza es fundamental pronunciarme.
- ¿Sobre qué cuestiones?
- Sobre todo lo relacionado con los derechos LGTBI, con los derechos de la mujer... todas esas cuestiones. Si pierdo público por defender los derechos LGTBI, para mí es una victoria. Jamás dejaré de hacerlo por perder parte del público. Si lo pierdo por eso, lo prefiero.

























