Día Mundial de los Océanos
Un algoritmo entrenado con escáneres de aeropuerto identifica aletas de tiburón, caballitos de mar y otras especies traficadas con una precisión del 92%

Aletas de tiburón encontradas en un mercado asiático.
Actualizado
Cuando pensamos en tráfico de fauna solemos imaginar marfil, cuernos de rinoceronte o grandes mamíferos exóticos, pero existe un negocio multimillonario y mucho más invisible que vacía los océanos: el contrabando de aletas de tiburón, caballitos o pepinos de mar. Productos pequeños, fáciles de ocultar en equipajes y paquetes, y que atraviesan fronteras con mucha más facilidad que otras mercancías ilegales. Un delito global poco conocido que amenaza ecosistemas enteros y especies ya vulnerables.
Un equipo internacional de investigadores acaba de dar a conocer con motivo del Día Mundial de los Océanos un sistema basado en inteligencia artificial que es capaz de identificar especies marinas traficadas con una precisión del 92%. La tecnología, presentada en la revista científica Frontiers in Ocean Sustainability, utiliza los mismos escáneres de tomografía computarizada (CT) que ya existen en muchos aeropuertos para crear imágenes tridimensionales del contenido de las maletas y localizar automáticamente productos procedentes del expolio de los océanos.
El negocio es gigantesco. Según estimaciones de organismos internacionales, el tráfico ilegal de vida silvestre mueve entre 7.000 y 23.000 millones de dólares anuales en todo el mundo, lo que lo convierte en una de las actividades criminales más lucrativas del planeta, solo por detrás del narcotráfico, la falsificación y la trata de personas. Aunque gran parte de la atención suele centrarse en elefantes o rinocerontes, los océanos se han convertido en un objetivo creciente para las redes de contrabando.
Para saber más

Los investigadores entrenaron a una red neuronal con cientos de escaneos tridimensionales de aletas de tiburón, caballitos de mar y pepinos de mar, tres de los productos marinos más perseguidos por los traficantes. Las aletas se venden principalmente para el mercado gastronómico asiático; los caballitos de mar secos son muy demandados por algunas prácticas de medicina tradicional; y los pepinos de mar alcanzan precios elevadísimos en determinados mercados de lujo.
Para acercarse a las condiciones reales del contrabando, los científicos reprodujeron algunos de los trucos utilizados por los traficantes. Escondieron las muestras entre ropa, dentro de recipientes metálicos, en juguetes infantiles e incluso las integraron digitalmente en escaneos reales de equipajes aeroportuarios.
El resultado sorprendió incluso a los investigadores. La IA identificó correctamente el 96% de los caballitos de mar, el 95% de las aletas de tiburón y el 86% de los pepinos de mar, alcanzando una eficacia global del 92%.

Muestras de aletas de tiburón.Dra. Vanessa Pirotta, Universidad Macquarie
La relevancia del avance va más allá de unas pocas especies. Más de 37.000 especies están actualmente protegidas por la convención internacional CITES, que regula el comercio mundial de fauna y flora amenazadas. Entre ellas figuran numerosas especies marinas cuya demanda internacional sigue creciendo. Solo el comercio de caballitos de mar mueve millones de ejemplares cada año, mientras que se calcula que entre 70 y 100 millones de tiburones son capturados anualmente, muchos de ellos para abastecer el mercado de aletas.
Los autores creen que esta tecnología podría ayudar especialmente a los agentes de aduanas, que actualmente deben inspeccionar miles de maletas diarias. El sistema actuaría como una alarma automática capaz de señalar equipajes sospechosos para una revisión más exhaustiva.
No obstante, los investigadores advierten de que la inteligencia artificial no sustituirá a los inspectores humanos ni a los perros rastreadores. Además, muchos aeropuertos todavía utilizan escáneres bidimensionales más antiguos y no disponen de los modernos sistemas CT en los que se basa el algoritmo.
Aun así, el trabajo abre una nueva frontera tecnológica en la lucha contra un delito invisible. Porque detrás de una pequeña bolsa de caballitos de mar secos o de unas aletas aparentemente inofensivas puede esconderse una cadena global de sobreexplotación que está vaciando silenciosamente algunos de los ecosistemas más frágiles del planeta. Y ahora, por primera vez, una inteligencia artificial podría empezar a descubrirlo antes de que la maleta llegue a su destino.
























