






















Con sólo 10 años, cuenta en su pasaporte con sellos de Japón y recuerdos de Granada. El Pasticcino de Weekend Max Mara, maleable y ligero, emprendió su vuelta al mundo en cuanto los aeropuertos recuperaron el ritmo tras el confinamiento de 2020. El deseo de viajar, embotellado durante meses, propició el itinerario.
Uno de los bolsos más buscados por entonces en Google también merecía salir a recorrer el mundo. Pasó por Venecia, París, Tokio y Granada. En cada parada se contagiaba del savoir faire de los artesanos locales. Cristal de Murano al norte de Italia, cuero toledano en España, perlas bordadas a mano en Japón.
Para culminar el primer lustro de su gira mundial, la creación de la casa italiana ha regresado a sus raíces. Bajo el sol de la Toscana, la arquitectura regional se ha replicado en jacquards producidos por la ya centenaria Fondazione Arte della Seta Lisio, a las afueras de Florencia.

Con tejidos diseñados y producidos por la florentina Fondazione Arte della Seta y mármol procedente de las canteras italianas, la edición especial del Pasticcino se confecciona en el taller que el grupo Max Mara tiene en la localidad toscana de San Gimignano.
Las fachadas de los palazzi de la región reverberan en los tejidos adamascados, que se refugian en el rosa empolvado del Renacimiento. Los suelos de mosaicos geométricos se traducen en patrones escamados y rectángulos concéntricos de tonos verdes, dorados, negros y cobrizos.
Cada pieza, señala Nicola Gerber Maramotti, embajadora del Pasticcino World Tour y directora de Clientes del Grupo Max Mara, aparece numerada. «Es muy significativo porque deja patente que tienes algo que no todo el mundo consigue. Y no por el precio. Weekend Max Mara cumple con el deseo del fundador: quiere vestir al mayor número de mujeres posibles. Cada bolso se confecciona a mano en nuestro taller de San Gimignano, por lo que no se pueden producir a la escala industrial de, por ejemplo, un pantalón vaquero. Aun así, la horquilla para los tres tamaños es de 600 a 1.100 euros. Queremos ser justos con la mujer que desea un objeto bonito, pero no quiere hacer un alarde de logo, sino de creatividad».
Al igual que prescinde de etiquetas visibles, la casa italiana renuncia a los directores de diseño con rango de celebridad. El trabajo en la firma, razonan, se construye en equipo. Es el camino elegido para proteger el ADN del grupo.

taller donde se elabora el Pasticcino.
Así, la piedra que en los museos se ahorma para materializar la maestría artística ejerce de cierre. El taller Budri dedica una hora de trabajo para moldear cada una de las dos esferas de mármol de los Alpes Cárnicos, con franjas calizas, o de Carrara, marfil con vetas azuladas, que aseguran la última edición especial de uno de los bolsos más versátiles del ingenio italiano reciente.

Detalle de los materiales para confeccionar el Pasticcino.
Gerber ve en el diseño un ejercicio de «respeto». La pieza se amolda a la mano de noche y se ajusta al hombro de día, y en cualquier tamaño se infiltra en la maleta de cabina. El Pasticcino se dispone a continuar su vuelta al mundo.
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