La pen�ltima
Deber�a ser incompatible que La Oreja de Van Gogh d� un mal concierto y el p�blico salga feliz, pero la m�sica ya da lo mismo. Todo es nostalgia y postureo

Amaia Montero, de La Oreja de Van Gogh, en Bilbao.
Actualizado
Dos cosas aparentemente incompatibles sucedieron en el regreso en Bilbao de Amaia Montero a La Oreja de Van Gogh: ella cant� mal y el p�blico sali� feliz. No s� cu�l habla peor del estado de la m�sica en directo. Se escribe con ligereza de una Edad de Oro de los conciertos basada, como todo hoy, en lo meramente econ�mico. Cada vez hay m�s, m�s caros, con entradas agotadas muchos meses antes y plagados de influencers (reales y falsos) que viralizan cualquier actuaci�n de tres al cuarto en redes. A ese fen�meno se ha sumado el boom de la nostalgia y el negocio es imparable... y, musicalmente, una casta�a. Pero no le importa a nadie, ni siquiera al p�blico, que no va a un concierto sino "vivir una experiencia", como ir a un karaoke con mejor sonido. El protagonista es �l, no el artista.
La Oreja de Van Gogh ha sabido explotar como pocos esta farsa. Un grupo tendente al olvido hace un a�o ha copado titulares, desde las secciones de cultura a las de cr�nica social, convirtiendo el regreso de Amaia en un culebr�n de secretos, pu�aladas y traiciones. De golpe, ha cerrado, y llenar�, una gira de 35 conciertos en grandes recintos de toda Espa�a, incluidas seis noches en el Movistar Arena de Madrid. Para dar perspectiva, en su anterior gira, la �ltima con Leire Mart�nez, s�lo actu� dos veces en la capital y ambas en festivales de los que no era cabeza de cartel. Bien por ellos, que han demostrado ser unos fant�sticos estrategas. Ahora les toca ese otro peque�o detalle: lo de la m�sica...
Para saber m�s
Y ah� cabe se�alar que es indecente presentarte a una gira as�sin estar preparados. Ellos han empujado a Amaia sin pudor alguno, anteponiendo el monedero al bienestar de su compa�era, y ella ha tenido muchos meses para trabajar la voz, la presencia y los nervios. No lo ha hecho lo suficiente. Leiva se opera de las cuerdas vocales antes de cada gira y est� semanas sin hablar. Hasta Sabina, del que casi se espera que cante mal, se manten�a en silencio entre concierto y concierto de su tour de despedida.
Miguel R�os, en activo con 81 a�os, me lo explic� cuando volvi� de una primera jubilaci�n: "En lo que m�s tiempo gasto es en cuidarme: mimar la garganta, hacer ejercicio, preparar muy bien el repertorio... Es una profesi�n muy bien remunerada y eso me obliga a dar el nivel. Hay unos tipos que gastan dinero en mis entradas y tengo que respetarles m�s que a nada". Conclusi�n: si no est�s para dar buenos conciertos, qu�date en casa.
Por respeto a las miles de personas que han pagado 60 euros para verles, La Oreja de Van Gogh no puede volver as� a los escenarios. �No puede? Error m�o, no debe. Poder claro que puede porque la mayor�a de fans, que deber�an estar indignados, salen encantados de esa org�a nost�lgica. �Saben qu�? Tienen lo que se merecen. Si la m�sica les da igual, ojal� sea mala.

















