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El coraz�n femenino de Delaporte ha dicho stop durante un a�o a la m�sica y ha publicado el libro (con m�sica incluida) Del barro al poema. En esta entrevista nos deja bucear en la que probablemente haya sido su gran crisis existencial.
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FOTO: ELENA IRIBAS
Sandra Delaporte se baj� del ruido cuando todo, en teor�a, le dec�a que deb�a seguir en �l. Despu�s de m�s de una d�cada al frente de Delaporte (uno de los nombres clave del synthpop espa�ol, junto a Sergio Salvi), la artista ha puesto en pausa el proyecto y cambiado la velocidad de Madrid por el silencio: primero en los Pirineos, despu�s en Cantabria. Una retirada que no es s�lo geogr�fica, sino tambi�n vital.
Desde ah�, lejos de la exposici�n constante y de la l�gica del �xito, ha tomado forma Del barro al poema, su primer libro, que va acompa�ado de un disco hom�nimo en el que pone m�sica a los textos escritos. Un ejercicio �ntimo donde narra su dependencia emocional, los abusos que ha atravesado, la fragilidad (o, como ella lo llama, "lo blandito"), su ansiedad, la soledad elegida y la impuesta, y esa "famositis" que ha observado dentro de la industria. El 100% de lo que se recaude va a ir destinado a la asociaci�n Future4Women para que, como dice la propia Sandra, "mujeres como yo, que han vivido violencias muy concretas e invisibles, puedan salir adelante con sus vidas".
Una de esas violencias la vivi� de forma p�blica al final de su �ltima gira, cuando un fan la bes� sin su consentimiento en pleno concierto. Un gesto que resume muchas de las tensiones que atraviesan su discurso: la idolatr�a, la deshumanizaci�n y la p�rdida de l�mites. Madrid lleg� a enfermarla. Por eso, aunque la cita es en la capital, elegimos para hacerla una de las terrazas del Parque del Oeste, un oasis en medio del calor. Llega desde Cantabria, donde ahora levanta, poco a poco y con sus propias manos, su casa. Tambi�n eso es reconstruirse.

FOTO: ELENA IRIBAS
- �Te has sentido muy expuesta al contar todo lo que cuentas en el libro?
- S�, tuve miedo al terminarlo. Pero luego pens� que las escritoras a las que voy leyendo y que muestran su vulnerabilidad son las que a m� me han ayudado a identificarme, a ver que algo que me pasa a m� tambi�n le pasa a otras personas, que no es una sensaci�n que yo me invente. Creo que las mujeres muchas veces tenemos esta sensaci�n de exagerar o de ser demasiado intensas si sentimos que no te quieres acercar a algo o que tal trabajo te enferma. Por eso decid� publicarlo, por si alguno de esos paisajes le resonaba a otras mujeres y las hac�a sentirse vistas.
- �C�mo ha sido la acogida?
- Recibo mucha cercan�a, conecto realmente con los que est�n al otro lado y no s�lo con esa idolatr�a del 'buah, me encanta lo que haces'. Estoy conectando con gente que me habla de sus procesos, de que esto le ha acompa�ado, o que simplemente me da las gracias porque he tocado algo que tambi�n es suyo. Siento que al no haber hecho el disco y el libro para las masas y haber decidido bien qu� gente quer�a que lo recibiera, lo estoy disfrutando m�s. Y es casi contracultural, porque a todo el mundo le gustar�a vender m�s o tener mayor visibilidad, pero es que a m� eso me est� empezando a parecer hasta un fracaso. Prefiero llegar hondo y compartir como ahora mismo una conversaci�n, que este rollo de idolatrar o endiosar y ser como algo superior. Los humanos superiores no existen, y los que se lo creen son personas da�adas y con miedo.
- Las redes sociales alimentan mucho esa exposici�n e idolatr�a de la que hablas. �Cu�l es tu relaci�n con ellas en la actualidad?
- Las he intentado dejar muchas veces, de hecho contrat� a una amiga para que me ayudara a dejarlas, porque lo pasaba muy mal por esa comparaci�n continua. Me meto ah� y pienso que todo est� mal, que alguien lo est� haciendo mejor que yo y me empiezo a exigir. Todo se convierte en vivir para contar, en ver c�mo llegar mejor a la gente. Muy loco, porque a m� no me gusta ser publicista ni periodista.
- �Y te ayud�?
- Voy a ratos. S� me he dado cuenta de que cuando m�s me afectan es cuando m�s vac�o siento yo, porque es una adicci�n. O sea, yo soy adicta al 100%, si no, las dejar�a cuando quisiese. Pero, francamente, la necesidad de ser importante, ser especial y ser vista me puede.
- En los �ltimos meses te has expresado en redes de forma muy abierta y vulnerable, contando lo que sent�as o te pasaba en cada momento. Parece incluso una actitud punk en un mundo donde todo parece que tiene que ser perfecto en la pantalla.
- No lo hab�a pensado. A ver, de otra manera ser�a faltarme al respeto. Llevo queriendo ser artista desde que tengo 14 a�os y hasta hace dos o tres quer�a ser Beyonc� porque es la imagen que ten�amos de artista exitosa: sexualizada, poderosa... Como que para conseguir el �xito tienes que adquirir una serie de atributos masculinos que encima son los negativos: no sentir, ser m�s dura que nadie porque la vulnerabilidad es como una debilidad, un error humano, algo que hay que meter en una caja como si no existiera. Pero hubo un momento en que me di cuenta de que no me gustaba esa feminidad tal como se expresaba, quiero decir: nunca me he pintado las u�as, no me gusta maquillarme ni ir apretad�sima porque la ropa me molesta. Pero s� me estuve esforzando muchos a�os en hacer esas cosas porque sent�a que, si yo generaba en m� una imagen de �xito, �ste iba a llegar a m�... [hace una larga pausa]. Es decir, yo he tenido un ansia de fama, de �xito, de ser vista, de ser importante y de tener ese privilegio gigante. Eso me hac�a sentir segura y me llevaba a pensar que me iba a hacer m�s feliz. Pero me he dado cuenta de que por ah� ya no puedo ir porque me autodestruyo. Todos los pensamientos m�s depresivos, la ansiedad, la hiperexigencia, la disociaci�n y el absoluto abandono hacia m� misma han venido cuanto m�s he perseguido eso. As� que dije... mira, ya est�, voy a sacar esto.
- En el libro cuentas como salir de Madrid tambi�n te ayud�.
- S�, estaba muy perdida porque en mi cabeza s�lo estaba lo de fuera: pensaba en c�mo agradar a las personas, c�mo se sent�an y qu� pod�a hacer yo para que todos estuvieran bien. Lo sigo haciendo, es una cosa que cuesta mucho lo de poner l�mites. Cuesta mucha terapia, mucho dinero. Pero 2022 fue una cat�strofe: estaba sola en un piso de Madrid, desarroll� n�dulos en la garganta, estaba exhausta en medio de una gira muy bestia y me sent�a totalmente sola. Adem�s, era muy tirana conmigo misma porque sent�a que no era lo bastante famosa. En plena gira exitos�sima y no era suficiente, flipa. Pero claro, es que nunca es suficiente.
- Con este libro, �tambi�n hay algo de querer soltar todo eso? Los egos, la idolatr�a, la mirada de los dem�s...
- Algo de eso hay, de que vengo de algo muy heavy y quiero soltar esa parte. Con Delaporte estamos viendo la manera de dedicarnos a esto sin llegar a tener que caer en esa espiral. Que yo entiendo que la industria se enriquece a trav�s de que la gente idolatre a artistas, pero, no s�, prefiero que quieras venir a verme porque la experiencia que vas a vivir te va a sumar como ser humano m�s all� de grabarme con un m�vil. Y hablo de esto porque lo he vivido en propia carne y s� que tengo el ego fr�gil, muy poca autoestima y estoy perdid�sima, no me importa decirlo. Cada vez me siento m�s confusa con la vida, como que no la entiendo. �De d�nde hemos sacado tant�simo miedo como para llegar a enfermar por nuestra propia autoexigencia, culpa y sensaci�n de fracaso, por no conseguir ser como nos dicen que hay que ser? Me cuesta entenderlo.
- Hablas de esa idolatr�a que deshumaniza. �Sientes que ese beso no consentido que te dio un fan en pleno concierto tiene que ver precisamente con eso?
- Cuando salgo con la gente a bailar, quiero creer que todas estamos en el mismo lugar. Que somos iguales, que no soy ni m�s ni menos, yo simplemente estoy orquestando un poco. Adem�s, generalmente nuestro p�blico suele ser gente muy respetuosa, con un m�nimo de conciencia y cuando hacen pogos y la gente baila fuerte, suelo ver desde el escenario mucho respeto. As� que cuando sufr� esa agresi�n, me puse en el modo en el que Sandra ha vivido agresiones, algo que por desgracia ha sido habitual. Lo que pasa es que cuando suceden esas cosas, al principio no lo entiendes. As� que, al acabar el concierto, porque fue justo al final del todo, me met� en el camerino y estaba confusa. Despu�s lo habl� con Sergio y con mi pareja y ah� vi que algo hab�a pasado porque en cuesti�n de horas empec� a tener n�useas y otra vez tuve ideas de suicidio. Incluso sent� miedo de los dos conciertos que me quedaban, as� que lo viv� como una traici�n y por eso lo comuniqu� a mi comunidad. Quien no comprenda que el concierto es un espacio libre de violencia feminista donde todas nos cuidamos no quiero que venga a verme. Que me dejen de seguir, es que no los quiero cerca, de verdad que no. Me doli� mucho y no estuve bien, sobre todo por la parte de la confianza, que es precisamente lo que a las v�ctimas les cuesta m�s recobrar.
- �Te escribieron muchas mujeres?
- Recib� cientos de mensajes, much�simos, en los que me contaban experiencias en discotecas, pogos o conciertos que eran para desmayarse. Y eso no se denuncia, �por qu�? Porque nadie lo ha llamado violencia o porque nadie te cree. De verdad, son barbaridades. �Que no lo puedes controlar? Vale, pues vamos a protegernos. Somos muchas, �sabes? Pero tenemos mucho miedo tambi�n. Bailamos seguras y si no es posible, se acab�. Es que no podemos quedarnos en casa.
- �Crees que los espacios de m�sica electr�nica de baile son un espacio seguro a d�a de hoy?
- No, claro que no. En algunos clubes puede ser m�s seguro porque va menos gente y generalmente son m�s afines a la cultura del techno. Pero en un festival es un poco el despiporre. Adem�s, siento que dentro de la industria hay mucho se�oro, est� mucho m�s colonizada porque la mayor parte de los managers son t�os. Pero es que dime un lugar seguro para las mujeres, aparte de los c�rculos donde nos sentamos, compartimos, donde tambi�n pueden entrar hombres, por supuesto, invitad�simos, pero... �aparte de esto?
- �Dir�as que lo que pas� en aquel concierto es el �nico abuso que has sufrido en la industria musical?
- No. He vivido situaciones que van desde que los m�sicos te miren por encima del hombro a que como no les sigas el juego te menosprecien. Y como ellos tienen el poder, usan su rol en tu contra. Hablo de los m�sicos porque, por suerte, dentro de la la industria estoy muy protegida porque mi manager, que es m�s underground y cuida mucho eso. Pero claro que he vivido cosas. Al ser m�s joven, m�s inexperta, pues un 'yo te presento a este, yo te llevo a tal, una mano aqu�, una mano all�'. Y t� no sabes qu� decir porque se supone que es una persona que te va a ayudar, entonces es todo muy confuso. La industria no es segura. Cuando voy a los backstages, tengo mi entorno en el que somos como 12 personas con las que siempre hay paz y amor. Me encuentro bien en ese sentido, pero si tuviera que enfrentarme a otros entornos, no s� c�mo me sentir�a. En 10 a�os haciendo conciertos todo ha cambiado much�simo, creo que est� habiendo cada vez m�s mujeres, pero sigue siendo una industria liderada por hombres.
- En el libro hablas del concepto famositis, con el que comparas la industria con un patio de colegio. M�s all� de crear espacios seguros o incorporar m�s mujeres, �qu� crees que tendr�a que cambiar en la m�sica para evitar estas situaciones?
- Que nos podamos sentir un poquito m�s en casa, pero no s�lo en la industria, sino en el mundo en general. La m�sica es un reflejo de lo que hay, tengo amigos que trabajan en ciencia o en el sector inmobiliario y les pasa lo mismo. Es humano en realidad, �no? Ves a alguien brillar y parece que todo el mundo le quiere. Lo que no me gusta es que se haga dinero con eso, que a base de egos fr�giles se generen figuras que ganan millones y millones. Puede ser que estemos en un momento de ruptura, pero se necesita mucha valent�a para mirar la realidad.
- �Y ahora qu�? �Qu� te espera el resto del a�o?
- Nada. No voy a hacer nada. Pude ahorrar la gira anterior y estoy construyendo mi casita en Cantabria. Quiero no ser productiva, aunque me cuesta un mont�n, est� la culpa ah� diciendo que no estoy aprovechando mi existencia. Intento apagar esa voz, decirme que puedo estar un a�o sin hacer nada. No s�, s�lo quiero estar a salvo conmigo. Y relajarme un poquito.




















