Ahora trabaja en el comedor chino Tse Yang, el primero que abrió en la capital con un concepto gastronómico. Su pato laqueado es uno de los más laureados de la ciudad. Entre sus clientes, empresarios, políticos y jugadores de fútbol

Lucía, nombre español con el que se la conoce, en la sala del restaurante Tse Yang.

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Cuando le pido a Lucía que me envíe su nombre completo por whatsApp para que no haya errores al escribirlo, esta mujer menuda y dicharachera añade un mensaje breve: «Me he dado cuenta hablando contigo de que he vivido muchas cosas. Por favor, no me pongas en un listón muy alto. Sólo soy una pequeña mujer trabajadora».
De lo primero, no hay duda. Sus 51 años están plagados de capítulos dignos de una serie de Netflix. A la referencia de pequeña mujer quizá habría que ponerle entre medias un gran, para ser justos. Empecemos por el principio para ir entendiendo toda la historia de la que ha sido jefa de sala de los mejores restaurantes orientales de la capital, del Asia Gallery del Palace al Tse Yang del Villa Magna, el primer chino de lujo de Madrid.
Lucía llegó a España con su familia cuando tenía 15 años. «Salimos de Vietnam como refugiados de guerra y fuimos a China», recuerda. Su hermano mayor se separó de ellos y puso rumbo a Francia, primero, y a España, después. Durante 10 años, se perdieron el rastro mutuamente. «Mi hermano Pablo abrió un restaurante en Madrid gracias a la ayuda de un empresario chino y pudo buscarnos». Los localizó en el país asiático y el reencuentro se produjo en Madrid. «Somos siete hermanos más uno adoptado», cuenta orgullosa.

El pato laqueado de Tse Yang, su plato estrella.
En plena adolescencia, se tuvo que integrar en un colegio -el María Guerrero- sin hablar el idioma y sin conocer a nadie. «Mi hermano pequeño y yo íbamos con el diccionario en la mano todo el día». Tardó bastante en aprender el idioma; no por capacidad, si no como acto de rebeldía. «Sentía rechazo. Mi vida cambió de un día para otro y nadie me preparó». Le dio por aprender inglés. «Como no tenía dinero, me iba a la Fnac de Callao y me ponía a leer allí libros. Iba cada día».
La economíafamiliar no era muy boyante en aquellos inicios y desde que Lucía llegó a España tuvo que trabajar para aportar dinero en casa. Siempre lo hizo en hostelería. «Mi primer trabajo lo tuve en Thai Garden, con Emilio Carcur», dice, el comedor que fue punto de encuentro de la beautiful people de los 90. «Ahí recibía a los comensales y les acompañaba a las mesas». Fue una primera toma de contacto con el sector y el trato con el público le gustó.
En un mes de vacaciones en el que tuvo que buscarse la vida, entró en Tse Yang, que acababa de abrir. «El dueño me dejó aprender y me quedé. Éramos como una familia», cuenta. «El espacio no tenía nada que ver con los chinos que había en la ciudad. Era muy bonito y elegante». En el equipo casi no hablaban español, «era todo muy auténtico». Para ella fueron unos años «increíbles».

Dimsum de Tse Yang.
De ahí saltó a Café Saigón de María de Molina, que también abrió camino en la capital a otros comedores orientales. El cambio supuso todo un reto. «La jefa de sala se largó de la noche a la mañana y tuve que sustituirla». Hizo cursos y formaciones porque quería estar a la altura. «Me puse la única americana que tenía y así empecé». Después se casó, tuvo a sus tres hijas
-dos de ellas ya universitarias- y dejó de trabajar en hostelería. Hasta que en Café Saigón la reclamaron de nuevo. «Mi jefe me dijo que me encontraba envejecida, que cuando estaba en el restaurante me veía mejor», dice entre risas.
La fama de su buen hacer se había corrido por la ciudad y también llamó a su puerta el grupo Zen. Su siguiente desafío fue llevar la sala del Asia Gallery, en el Hotel Palace de Madrid, en el que estuvo hasta la pandemia. «También me llamó Martin Berasategui, pero allí no pintaba nada. Estuve dos meses», dice riéndose.
En 2022, el destino la llevó de nuevo al Tse Yang, que cumple ahora 30 años. «Fue como empezar de cero en tu casa». Entre la clientela que va a comer el mejor pato laqueado de la ciudad hay empresarios, cantantes, futbolistas y políticos. «La discreción es marca de la casa», se excusa para no dar nombres ni desvelar nada indebido. Cree que «la paciencia y la empatía» son sus mejores cualidades para liderar la sala. Por cierto, el nombre real de esta pequeña gran mujer es Yajüan Fan.
Restaurante Tse Yang: Marqués de Villamagna, 1.





















