Los científicos David Klenerman, Shankar Balasubramanian y Pascal Mayer reciben el galardón por revolucionar la secuenciación genética y abrir una nueva era en la investigación biomédica

Shankar Balasubramanian, David Klenerman y Pascal Mayer posan en el escenario durante la novena ceremonia de los Breakthrough Prize.Getty
Actualizado
Cuando en el año 2000 se presentó la primera secuenciación completa del genoma humano, el logro fue celebrado casi como la llegada a la Luna de la biología. Habían hecho falta quince años de trabajo, cientos de investigadores y miles de millones de dólares para completar aquella lectura monumental del ADN. Hoy el mismo proceso puede realizarse en apenas unas horas y por menos de mil euros. Entre ambos mundos están David Klenerman, Shankar Balasubramanian y Pascal Mayer, reconocidos este miércoles con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2026.
Los tres científicos fueron pioneros en las tecnologías de secuenciación genética de nueva generación, un avance que transformó por completo la manera de estudiar la vida. Su sistema permitió leer millones de fragmentos de ADN al mismo tiempo, multiplicando la velocidad y reduciendo radicalmente los costes. Lo que antes exigía meses de trabajo y presupuestos inalcanzables pasó a convertirse en una herramienta cotidiana en hospitales, laboratorios y centros de investigación de todo el planeta.
Balasubramanian y Klenerman fundaron la empresa Solexa, después integrada en la compañía Illumina, desde la que desarrollaron uno de los métodos comerciales de secuenciación más rápidos y eficaces del mundo. Una de las piezas esenciales de aquella revolución era la técnica de amplificación superficial del ADN ideada por Pascal Mayer. El procedimiento, simplificando mucho, trocea el genoma en pequeños fragmentos, genera millones de copias y los agrupa en diminutas "islas" que pueden leerse simultáneamente mediante fluorescencia. Esa lectura masiva y en paralelo es la que permitió acelerar la genética hasta velocidades que hace apenas dos décadas parecían ciencia ficción.
El impacto de aquella tecnología se hizo especialmente visible durante la pandemia. El SARS-CoV-2 fue identificado y secuenciado con enorme rapidez y eso permitió diseñar vacunas en menos de un año y rastrear casi en tiempo real la aparición de nuevas variantes. La secuenciación genética dejó de ser entonces un asunto de laboratorios especializados para convertirse en una herramienta decisiva de salud pública global.
Pero las aplicaciones van mucho más allá del coronavirus. Estas técnicas han revolucionado la investigación del cáncer, el estudio de enfermedades raras, la medicina forense, la biología celular o el análisis del microbioma humano, uno de los campos más prometedores de la medicina actual. También están detrás de grandes proyectos internacionales de investigación genética como los programas de secuenciación del cáncer o los impulsados por el sistema sanitario británico.
El jurado también destacó las contribuciones posteriores de los premiados. Balasubramanian siguió investigando la estructura y función de los ácidos nucleicos y la epigenética; Klenerman desarrolló técnicas avanzadas de microscopía capaces de obtener imágenes tridimensionales de células vivas y estudiar las proteínas relacionadas con enfermedades como el alzhéimer o el párkinson; y Mayer trabaja actualmente en la aplicación de la inteligencia artificial a la búsqueda de nuevas sustancias terapéuticas.
Hay descubrimientos científicos que apenas generan titulares fuera de los círculos especializados y, sin embargo, terminan cambiando el mundo de forma silenciosa. La secuenciación masiva del ADN es uno de ellos. Porque permitió leer el libro de la vida a una velocidad inédita y convirtió algo reservado a gigantescos proyectos internacionales en una herramienta cotidiana para entender enfermedades, rastrear virus y acercar la medicina personalizada a la práctica clínica.
El Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica reconoce cada año la labor de personas o instituciones cuya investigación contribuya de forma relevante al progreso de la humanidad. Con este galardón, la Fundación Princesa de Asturias distingue una innovación que cambió para siempre la biología molecular y la medicina contemporánea.



















