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Portada // elmundo

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La desconocida influencia marroqu� en la pol�tica exterio...
Luis Alemany · 2026-05-05 · via Portada // elmundo

Laberinto de lealtades tiene el t�tulo de un thriller y ofrece algunas escenas que son propias de una novela de esp�as pero, en realidad, es un libro acad�mico. Ocho historiadores dirigidos por Francisco Veiga, catedr�tico de Historia Contempor�nea de la Universitat Aut�noma de Barcelona, exploran en sus p�ginas un fil�n ins�lito: la aventura de la Asociaci�n Hispano Isl�mica. La AHI fue una mezcla de lobby pol�tico, oficina de comercio exterior y agenda oculta panislamista. Oper� en Espa�a, en di�logo con el Estado pero, al menos en parte, sirvi� al proyecto nacionalista marroqu�. Naci� en el primer oto�o de la II Rep�blica y pudo ser el gran proyecto de emancipaci�n de Espa�a en pol�tica exterior.

�Por qu� emancipaci�n? "En la dictadura de Primo igual que en la Rep�blica, Espa�a tuvo una relaci�n privilegiada pero subordinada hacia Francia, que era el vecino poderoso del norte, la gran potencia europea", explica Veiga. "Espa�a y Francia compart�an protectorado en Marruecos, de modo que para el Gobierno era imposible desentenderse de esa relaci�n. Primo hab�a amagado con una pol�tica desafiante hacia Europa en la Sociedad de Naciones, hab�a buscado en la comunidad de pa�ses latinoamericanos una base de aliados cercanos con los que hacerse valer. Le funcion� a medias. En Marruecos, el levantamiento de Abd el-Krim le hab�a obligado a renovar la alianza militar con Francia. A partir de 1931, los gobiernos republicanos, todos ellos, buscaron acercase a Francia. A cambio, Francia at� en corto a Espa�a en relaci�n al asunto marroqu�".

Para saber m�s

Algo de contexto: desde finales del siglo XIX, la debilidad del Reino de Marruecos llev� a su intervenci�n colonial y a su explotaci�n econ�mica por Francia. A partir de 1912, Par�s deleg� parte de su autoridad sobre el Reino de Espa�a, acreedor de Marruecos por indemnizaciones de guerra debidas desde el siglo XIX. El protectorado espa�ol se extendi� desde el Atl�ntico, desde Larache, hasta el delta del r�o Muluya, 350 kil�metros al este. El territorio administrado era de 20.000 kil�metros y acog�a a 551.247 habitantes en 1927. La poblaci�n europea era de 80.000 personas.

�Dio la administraci�n espa�ola un buen servicio a los habitantes del norte de Marruecos? "La realidad es que el Protectorado no estaba bien financiado, no pod�a invertir en carreteras y colegios ni modernizar una regi�n que estaba subdesarrollada y que era pol�ticamente problem�tica. El Protectorado espa�ol nunca lleg� a ser eficiente. En Madrid no hab�a mucho entusiasmo por sus asuntos y los espa�oles en �frica, militares, funcionarios y algunos colonos, manejaron el protectorado con bastante independencia. No eran ricos pero hac�an y deshac�an".

"Algunos pol�ticos de la II Rep�blica quisieron que Espa�a se desprendiera del Protectorado", contin�a Veiga. "Ojo, el protectorado no era una colonia hist�rica ni una conquista, era una cesi�n de Francia acordada en el Congreso de Algeciras de 1906. El protectorado era un subarriendo que atend�a a un inter�s de Francia: evitar que el Estrecho de Gibraltar estuviera controlado en sus dos orillas por los ingleses. Por eso hubo l�deres en la izquierda republicana que empezaron a preguntarse por qu� mantener esa presencia. Indalecio Prieto lo dijo en un discurso 1931: Espa�a deb�a devolver el Marruecos espa�ol a la Sociedad de Naciones y que la Sociedad de Naciones se apa�ara. Hubo mucha tensi�n en Francia por ese discurso".

En ese contexto, en noviembre de 1931, una comisi�n de nacionalistas marroqu�es visit� a Niceto Alcal� Zamora en Madrid. El presidente de la Rep�blica hizo "una serie de promesas que no pudo cumplir", seg�n Veiga. Inversiones, buen gobierno, autonom�a... A partir de esa promesa naci� la Asociaci�n Hispano Isl�mica. El tiempo la revel� vana.

"La �nica pol�tica articulada y ambiciosa para las relaciones Espa�a con el mundo musulm�n se gestion� desde la AHI. Naci� en 1932 y aport� algo muy ambicioso y audaz", cuenta Veiga. "Hab�a pol�ticos espa�oles de tendencias mezcladas. No todo en la II Rep�blica fueron trincheras y tiroteos. Tambi�n hubo pol�ticos de centro derecha y centro izquierda que colaboraban en el d�a a d�a. En la AHI hubo derechistas, liberales, lerrouxistas, federalistas, socialistas como Fernando de los R�os... Hubo periodistas y gentes de negocios, muchos catalanes con intereses industriales y mercantiles que pensaban que Espa�a podr�a tener acceso preferente al petr�leo de Irak si exploraba la afinidad de los espa�oles con los �rabes como una carta de simpat�a".

"El otro n�cleo de la AHI era el de los j�venes nacionalistas marroqu�es que fueron los mismos que, en 1956, dirigieron la independencia. Fueron ministros e intelectuales muy relevantes. Su programa pol�tico era la independencia pero no a trav�s de la guerra ni de un levantamiento militar para el que no estaban preparados. Despu�s de la campa�a de 1921 de Abd El Krim, al que ve�an m�s bereber que marroqu�, prefer�an una salida gradualista. Su mentor fue un hombre liban�s que viv�a en Ginebra y pretend�a representar ante la Sociedad de Naciones los intereses de palestinos y sirios. Era el emir Shakir Baslan y es un personaje hoy desconocido. En 1931 fue la figura de referencia del panislamismo y del panarabismo".

Shakib Arslan tambi�n era el enemigo n�mero uno de los servicios de inteligencia franceses e ingleses en el norte de �frica. Era el "alboratador peligroso que socavaba el poder europeo y que buscaba en Espa�a a un aliado". Empieza ah� la novela de esp�as. En Laberinto de lealtades, el emir liban�s aparece recorriendo Espa�a en busca de aliados pero con los agentes franceses a sus espaldas.

Desde la AHI lanz� varios proyectos muy ambiciosos: "El primero fue aprovechar la fundaci�n la Escuela de Estudios �rabes de Granada en 1932 para llevar a su inauguraci�n a los tres principales monarcas �rabes, Fuad de Egipto, Saud de Arabia y Faisal de Irak. Era la manera de mostrar el apoyo de los reyes �rabes a Espa�a y de reconciliar a Faisal y Saud, que estaban enfrentados desde la I Guerra Mundial, cuando los hachemitas perdieron el trono de Arabia. Era una idea muy adelantada a su tiempo porque ofrec�a Espa�a como lugar de amistad para los �rabes, de resoluci�n de conflictos. Tambi�n propuso reconvertir la Mezquita-Catedral de C�rdoba al rito musulm�n o, al menos, compaginar misas y ritos musulmanes. Franco retom� esa idea en 1974, en parte por la crisis petrolera y el deseo de tener un abastecimiento de amigo". La tercera idea fue la de lanzar embajadas comerciales por los pa�ses musulmanes. Hubo ferias, giras y oficinas comerciales en Damasco, Bagdad, El Cairo, Jaffa, T�nez...

�Era real la simpat�a cultural entre espa�oles y �rabes? "Era algo en lo que cre�an los �rabes m�s que los espa�oles. Los �rabes ten�an el mito de Al Andalus y una opini�n buena de Espa�a, un recuerdo idealizado en todo Oriente Medio. Cuando lleg� la delegaci�n de AHI a El Cairo, hubo un discurso de un poeta: 'Los espa�oles son �rabes con sombrero'. Los espa�oles eran m�s indiferentes, menos en el grupo muy peque�o de los arabistas y, sobre todo, en el subgrupo de los andalucistas que hablaban de una comuni�n preisl�mica entre Andaluc�a y el norte de �frica. Isidro de Las C�gigas hablaba muy bien �rabe y era c�nsul en Tetu�n y fue el padre intelectual del andalucismo. Para el resto de los espa�oles, el tema marroqu� era ajeno", explica Veiga. Por eso, cuando Francia presion� en contra de la AHI, sus proyectos se desvanecieron uno tras otro.

Laberinto de lealtades termina con el relato de la vida de los protagonistas de la AHI tras la desbandada de 1936, empe�ados, muchos de ellos, en cambiar de lealtades y de actuar en los l�mites entre los dos bandos. Un ejemplo: Marcelo de Argila, uno de los catalanes de la asociaci�n, fue el director de los servicios de inteligencia de la Generalitat durante la Guerra Civil. Muri� asesinado por un mat�n anarquista. �Por qu�? En esos d�as, su colega Shakib Arslan hab�a empezado a colaborar en �frica con la Espa�a de Franco.