La pérdida de empleo supondría el doble de la acordada hasta el año 2030 y sería la mayor reestructuración de la compañía alemana en sus 89 años de historia.

Oliver Blume, CEO del Grupo VolkswagenAFP
CARMEN VALERO Berlín (Alemania)
Actualizado
El gigante industrial alemán Volkswagen prepara la mayor reestructuración de sus 89 años de historia. El grupo estudia eliminar hasta 100.000 puestos de trabajo en todo el mundo, cerrar la producción en cuatro plantas alemanas y reducir un 15% sus inversiones para recuperar competitividad frente al avance de los fabricantes chinos y el elevado coste de la transición al vehículo eléctrico.
De confirmarse, el ajuste afectaría a cerca del 15% de la plantilla mundial del grupo, más de uno de cada siete empleados, y duplicaría prácticamente el programa de ahorro ya anunciado por la compañía, que contemplaba la supresión de 50.000 puestos de trabajo en Alemania antes de 2030.
El plan, adelantado por el Financial Times y la revista alemana Manager Magazin, será presentado por el consejero delegado, Oliver Blume, al consejo de supervisión el próximo 9 de julio.
Volkswagen emplea a más de 670.000 personas en todo el mundo y un recorte de esta magnitud tendría un fuerte impacto sobre la economía alemana y sobre toda la industria europea del automóvil.
La reestructuración iría mucho más allá de un simple ajuste de plantilla. Según las informaciones publicadas, el grupo prevé poner fin de forma progresiva a la producción en las plantas alemanas de Emden, Zwickau y Hannover, además de la fábrica de Audi en Neckarsulm, una vez concluya la fabricación de los modelos actualmente asignados a esos centros. El plan contempla también una reducción de aproximadamente el 15% de las inversiones previstas para los próximos cinco años.
Escindir la marca Volkswagen
La dirección estudia además una profunda reorganización del grupo. Entre las medidas analizadas figura separar la marca Volkswagen y la división de componentes en estructuras diferenciadas para simplificar el funcionamiento del consorcio y concentrar recursos en el negocio principal del automóvil.
El objetivo de Oliver Blume es reducir costes, acelerar la toma de decisiones y adaptar el grupo a un mercado profundamente transformado por la competencia china, la presión sobre los márgenes y una transición al vehículo eléctrico más lenta de lo previsto.
Volkswagen no ha confirmado el contenido de las informaciones. Un portavoz se limitó a señalar que la empresa no comenta documentos internos y que cualquier decisión deberá ser debatida por los órganos de gobierno del grupo. La dirección reconoce, sin embargo, que el fabricante necesita una transformación profunda para recuperar rentabilidad.
Oposición de los sindicatos
La filtración ha provocado una reacción inmediata del comité de empresa y del sindicato IG Metall, que ya han advertido de que se opondrán a cualquier intento de ampliar los recortes de empleo o cerrar plantas en Alemania. El nuevo plan iría mucho más allá del acuerdo alcanzado con los representantes de los trabajadores el pasado año, que excluía cierres de fábricas durante esta década.
La presión sobre Volkswagen se ha intensificado durante los dos últimos años. El fabricante pierde cuota de mercado frente a las marcas chinas, especialmente en China, afronta los elevados costes de la electrificación y sufre además el impacto de la creciente incertidumbre comercial internacional. Todo ello ha deteriorado la rentabilidad de un grupo que durante décadas simbolizó la fortaleza industrial alemana.
Si el consejo de supervisión respalda el plan el próximo 9 de julio, Volkswagen afrontará la mayor transformación de su historia reciente. Para Alemania supondría además un nuevo golpe al corazón de su modelo industrial y al sector que durante generaciones ha representado la principal locomotora económica del país.


























