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David Hockney, genio del retrato, el paisajismo y las composiciones etéreas en distintos formatos, soportes y técnicas, falleció "en paz, en su casa" de Londres, el jueves, a menos de un mes de cumplir 89 años, según su publicista. El influyente creador revolucionó la coyuntura artística internacional con una visión realista, de profundidad psicológica, que ejecutó con constancia y curiosidad experimental durante casi siete décadas. Trabajaba a diario -"pinto de unas 4 a 6 horas cada día", dijo pocos meses antes de morir- en el estudio y al aire libre en el singular viaje que emprendió desde su natal Yorkshire, en el norte de Inglaterra, a California, Londres o Normandía, en el noreste de Francia.
La despedida del más popular artista inglés, que aportó color, luz e intensidad con su obra, coincide con una exposición panorámica de su producción reciente en la galería Serpentine, la primera en solitario que le ha dedicado la reputada institución ubicada en los jardines de Kensington en la capital británica. El adiós internacional se lo brindó la Fundación Louis Vuitton, de París, con la gran retrospectiva David Hockney 25, inaugurada en la primavera del año pasado. El artista supervisó la selección de unas 400 obras y el montaje de la exposición, que incluyó piezas icónicas de los 60 y los 70 pero se centró, en particular, en la cosecha propia de los últimos 25 años.
"Siempre he creído que el arte ha de ser un placer profundo. Siempre hay, en cualquier lugar, enorme cantidad de sufrimiento, pero mi deber como artista consiste en superar y aliviar la esterilidad de la desesperación. Yo creo que la pintura puede cambiar el mundo", aseguró el célebre artista en marzo de 2026, en vísperas de la apertura de la muestra en Serpentine.
Hockney sobresale entre los creadores del siglo XX por un espíritu rebelde, por un toque magistral en la representación de figuras y por una transmisión de sus emociones además de por una perenne curiosidad por las nuevas tecnologías. Entre los cuadros más icónicos despuntan A Bigger Splash , de 1967, y Mr. and Mrs. Clark and Percy, de 1970-71. Además, Portrait of an Artist (Pool with Two Figures), de 1972, otra de sus famosas piscinas californianas, se vendió en subasta pública por 90,3 millones de dólares en 2018 (unos 78 millones de euros al cambio actual), el techo más alto cotizado hasta entonces por la obra de un artista vivo.
El director de Tate Britain, Alex Farquharson, le situó este viernes en la cima del arte contemporáneo al señalar que "ningún otro artista desde Picasso ha inventado y se ha reinventado" como Hockney. Su publicista Erica Bolton no duda en calificarle como una de las "más importante figuras de los siglos XX y XXI". "El legado imperecedero de David Hockney refleja su entusiasmo innato por la vida, su extraordinario sentido del humor, su inmensa generosidad y su curiosidad investigadora, todo ello resumido en su frase característica: Ama la vida", señaló la veterana comunicadora.

David Hockney, en 1966.Hulton-Deutsch Collection/CORBIS
"Soy fumador, un fumador feliz", defendía incluso cumplidos los 80 años. Hockney estaba harto de los mandones que repartían consejos de salud que él no quería escuchar. Solía ponerse una chapa en la solapa de la chaqueta con un mensaje claro: End Bossiness (Acabemos con las órdenes). El artista, que ya en su formación no se llevaba bien con las reglas, veía la prohibición de fumar en espacios públicos como un gesto de "intolerancia" en un Estado democrático.
El artista ha pasado de las composiciones pop a la abstracción paisajista, sin olvidar las ya clásicas piscinas de la etapa californiana, los dúos y tríos humanos transmisores de amor y desconsuelo, los autorretratos y retratos de mecenas, familiares y amistades que el autor desnudó con su pincel en lienzos y pantallas electrónicas. Sus obras desvelan relaciones homosexuales -como el penetrante doble retrato de Christopher Isherwood y Don Bachardy en su casa de Santa Mónica- que el Reino Unido penaba con cárcel hasta 1967.
David Hockney nació en Bradford el 9 de julio de 1937, en el hogar de una "familia obrera radical", según celebró de adulto. Era el cuarto de cinco hermanos y el único que continuó los estudios a partir de los reglamentarios 16. Su talento creativo afloró pronto y, con 18 años, vendió su primer cuadro, un retrato de su padre Kenneth, en una exposición de artistas de Yorkshire. En 1959 ingresó en la prestigiosa escuela londinense de bellas artes, Royal College of Art, donde profesores y directores reconocieron su maestría e hicieron la vista gorda a actos de rebeldía contra las reglas académicas que el emergente pintor consideraba innecesarias.
Hockney se zambulló en la movida londinense de los años 60, el Swinging London, con un look iconoclasta que mantuvo, con sutiles alteraciones, el resto de su vida: pelo teñido en rubio platino, gafas de montura redonda multicolor, pitillo en la mano, chaquetas de tweed o tirantes en colores vivos sujetando sus pantalones de faena.
Un par de achaques y derrames mermaron su salud en los últimos años, el oído y la movilidad fundamentalmente. Aun así, siguió creando. Contó hasta su ocaso con el respaldo de su pareja, Jean-Pierre Gonçalves de Lima, y el apoyo, entre otros familiares y amigos, de su sobrino-nieto Richard, quien le ayudaba en el estudio.
"He tenido una buena vida. Hice lo que quería", dejó dicho en una de sus últimas entrevistas.
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