

























A la inmigraci�n en Espa�a le ponen cara dos mujeres que luchan por salir adelante sobreponi�ndose a la exclusi�n social, la explotaci�n laboral y la condena a la invisibilidad. Hay 840.000 migrantes en Espa�a en situaci�n administrativa irregular, sin papeles, y de ellos, un alto porcentaje son mujeres, un colectivo que se agarra a la regularizaci�n iniciada por el Gobierno con la esperanza de impulsar sus vidas y las de sus familias, limitada hasta ahora a la supervivencia.
Yuri Alejandra Escobar, de 34 a�os, huy� de su pa�s en 2019. "Sal� de Colombia porque mi ex marido intent� matarme", relata en un parque de Sedav�, uno de los municipios afectados por la dana al que lleg� en 2025. Seis a�os antes aterriz� en Zaragoza, a donde emigr� desde Colombia aprovechando que pod�a instalarse en casa de una prima -tambi�n reci�n llegada- para huir de los malos tratos. En Colombia, sin embargo, hab�a dejado a sus dos hijas a cargo de su madre. El primer intento de pedir asilo en Espa�a lo frustr� la pandemia. Tuvo que enfocarse en trabajar para saldar su deuda de 7.000 euros.
"Sin documentaci�n es muy, muy dif�cil sobrevivir en Espa�a", explica Alejandra, quien asegura: "Pas� mucha humillaci�n por no tener papeles y se aprovecharon: 'Te pago menos y trabajas m�s'". Desde entonces, ha trabajado limpiando, cuidando a ancianos... Siempre con la losa sobre sus hombros de su situaci�n irregular.
El tercer hijo lleg� en Espa�a, donde inici� una relaci�n con otro colombiano que tambi�n ver�a truncada. Aun as�, fue �l quien le anim� a trasladarse a Valencia cuando se qued� sin casa en Zaragoza unos meses despu�s de la dana. La ruptura con el padre de su tercer ni�o -de tan solo dos a�os- la ha dejado, sin embargo, viviendo en casa de su ex pareja y de su ex suegro en Sedav�. Mientras recibe ayuda y asesoramiento de Save the Children, el �ltimo obst�culo para Alejandra es haberse enterado de que su casero la desempadron� sin avisarla.
Pese a ello, Alejandra es optimista y conf�a en poder demostrar el arraigo para lograr finalmente una regularizaci�n a la que se ha presentado por la v�a telem�tica. "Mis hijas no han dejado nunca de ir al colegio", confirma. Eso s�, en la actualidad no puede trabajar porque el peque�o no ha logrado plaza en una escuela infantil. "Conf�o en Dios para regularizar mi situaci�n y poner en orden mi vida", asegura.
De hecho, mientras espera que la Administraci�n pueda atender su solicitud para recibir la renta valenciana de inclusi�n, Alejandra no dispone de m�s ingresos. "�D�nde voy si no puedo trabajar?", se lamenta. "Buscar piso tras lo de la dana se ha vuelto s�per dif�cil. No hay pisos y, si lo encuentras, no se alquila por menos de 1.000 euros".
Por eso ve la regularizaci�n como un clavo ardiendo al que agarrarse: "Aunque haya gente en contra de la regularizaci�n, Espa�a es un pa�s hermoso por hacerlo. La regularizaci�n es mi �nica ilusi�n ahora". Alejandra lo tiene claro: "Somos muchos los que luchamos y no venimos a hacer el mal, sino a progresar y sumar". Como lleva tatuado en la piel, cada d�a que pasa siente que se hace "m�s fuerte".

Mili, cerca de su domicilio en Valencia.David Gonz�lezAraba Press
Mili tambi�n es colombiana. Ella lleg� a Espa�a "el 21 de octubre de 2023". La fecha no se le olvida. Vino con su hijo de 20 a�os y su hija de ocho. "Pero el mayor se volvi� porque fue muy, muy duro. Me dec�a: 'mam�, aqu� sin papeles no eres nadie'", cuenta esta mujer que tiene formaci�n como "estetista instrumentadora" pero en Valencia ha tenido que vivir fundamentalmente de limpiar para poder pagar los 450 euros que le cuesta el alquiler de una habitaci�n donde viven ella y su hija, que ahora tiene 10 a�os.
"He cuidado perros, limpiado piscinas y ahora limpio pisos tur�sticos". Los cuidados y la limpieza, los roles de g�nero reservados a las mujeres, son las v�as que encuentran estas mujeres para sobrevivir mientras cumplen el periodo m�nimo de residencia para comenzar a buscar qui�n les firme un contrato de, al menos, nueve meses continuados para iniciar la regulaci�n por arraigo sociolaboral.
Demostrar esa residencia ya es una tarea ardua, porque en muchos casos no pueden ni empadronarse en la vivienda que pagan. "Me pidieron 300 euros por persona que, obviamente, no pod�a pagar cuando llegu� con mis dos hijos", explica Mili, que tiene un empadronamiento especial que renueva cada a�o. La escolarizaci�n de su hija o las visitas al m�dico son otras v�as que podr�a explorar.
A Mili esta regulaci�n le pill� despu�s de haber pagado en noviembre a un abogado para conseguirla por v�a sociolaboral. "Estaban dispuestos a contratarme y yo me iba a comprometer a estar un a�o m�s limpiando para ellos", relata. Pero eso la condenaba a no seguir sin ejercer su profesi�n. "Adem�s, en esa v�a hay muchas trabas. El propio abogado me dijo que, con el adelanto que le pagu�, me pod�a llevar todo el tr�mite de este proceso", comenta.
A�n as�, ella estaba preparada para evitar las largas colas que se han dado en oficinas de servicios sociales. "Yo lo tengo el pasaporte y el de mi hija apostillado, el libro de familia, el empadronamiento, todos los certificados... solo me falta un poder notarial del padre de la ni�a, que reside en Madrid y estamos en conflicto", advierte.
Esta venezolana, ya conocida por su trabajo en est�tica "por el boca a boca", sue�a con tener los papeles "homologar mi t�tulo y trabajar en una cl�nica donde pueda ejercer mi vocaci�n". Esa es la aspiraci�n de todas las mujeres que pasan por este proceso: una vida mejor, para ellas y para sus familias.
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