La exitosa ilustradora y autora alemana de libros infantiles y juveniles vuelve a dar vida a los personajes de 'Mundo de tinta' en la cuarta entrega de la saga, 'Venganza de tinta', una obra sobre el poder de la imaginación: "La palabra hablada es la verdadera literatura, es una semilla al corazón"

La escritora e ilustradora alemana, Cornelia Funke.Getty
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¿Cree usted en el destino? Cornelia Funke (Alemania, 1958) sí. Para la ilustradora y escritora de libros infantiles y juveniles no existen pruebas que demuestren su existencia, aunque «de alguna manera hay que justificar lo que sucede cada día». Henry David Thoreau dijo una vez: «No basta con estar ocupados; también lo están las hormigas. La pregunta es: ¿qué nos tiene ocupados?». Una máxima de vida que Funke se ha tomado al pie de la letra y a sus 67 años la ha convertido en una de las referencias literarias más importantes a nivel mundial.
¿Qué mantiene ocupada a la alemana? En estos momentos, la lectura de How Flowers Made Our World (Penguin Books), de David Haskell. «Deberías escucharme cada mañana mientras me tomo mi café. Me sorprendo por cosas de las flores que no sabía». Su día parece tener más horas de las naturales: también se dedica a escribir varios libros a la vez y, en ocasiones especiales, consigue tiempo para charlar con periodistas sobre su nuevo libro, Venganza de tinta (Siruela), la cuarta y última parte de una saga que comenzó hace ya más de dos décadas. Su agenda nunca ha estado menos ocupada.
De nuevo, ¿qué ocupa la mente de una veterana de la literatura? La respuesta está en los más de 40 libros que ha escrito, algunos de ellos traducidos a más de 30 idiomas, y algún que otro guion de televisión -esa que ahora solo enciende para desconectar de la lectura, de tanto en tanto-. Su currículum vitae también refleja la venta de más de 12 millones de ejemplares en los cinco continentes. Y la cifra sigue creciendo.
Ella quería ser trabajadora social y, de hecho, ejerció durante un tiempo. De aquella época se llevó lecciones que hoy en día sigue aplicando mientras su literatura es galardonada por todo el mundo. No solo sus obras obtienen reconocimiento. En 2005, Funke fue elegida como una de las 100 personas más influyentes del mundo según la revista Time. Ahora llena su tiempo en la Toscana, desde donde dirige el proyecto Artist in Residence, una iniciativa en la que jóvenes artistas de todos los ámbitos encuentran su lugar para crear. Una vida ocupada, sin duda, pero excepcional, pese a todo.
- Han pasado casi 20 años desde el lanzamiento de las tres primeras partes de la saga 'Mundo de tinta'. ¿Qué le ha hecho retomar la historia ahora?
- Recuerdo estar sentada en mi sofá en Italia. Había estado pintando y dibujando mucho, muchísimo más de lo que lo había hecho durante muchos años. Y me pregunté: ¿es la imagen más poderosa que la palabra? Así que la duda se quedó en mi cabeza y pensé: «¡Oh! Esa sería una cuestión interesante para plantear en el Mundo de tinta. Un lugar donde las palabras son importantes, sí, pero donde también lo es la ilustración. ¿Y si Orfeo [uno de los personajes de la saga] estuviera planeando su venganza? ¿Y si, esta vez, utilizara las imágenes y no las palabras?». Ese fue el comienzo. La historia, simplemente, vino a mí y me dijo: «Aquí estoy. Escríbeme».
- ¿Es la imagen más poderosa que la palabra?
- Me sorprendió muchísimo la respuesta que me dio el libro. Porque, mientras lo escribía -como me pasa siempre- no sabía cómo iba a terminar. La historia me dijo que la música era mucho más poderosa que ambas cosas [ríe]. Mi hijo es músico y, cuando se lo conté, me dijo: «Claro, mamá. La música siempre ha estado ahí. No ha sido creada por los seres humanos». Me encantó esa idea.
- ¿Cómo surge la inspiración para este cuarto libro? Entre sus páginas dice que es el propio antagonista de 'Venganza de tinta' el que le ha narrado los hechos...
- Así es. Nunca creo que yo haya creado a los personajes. Ellos, de alguna manera, ya existen y yo simplemente los encuentro. Al igual que yo busco las historias, ellas me buscan a mí. No siento que las invente. Por eso, muchas veces los personajes acaban siendo completamente distintos de lo que yo imaginaba. A veces necesito cientos de páginas para descubrir quiénes son realmente. Me engañan, me despistan.
- ¿A qué se refiere?
- ¿Has escrito alguna vez alguna novela de ficción? Quizá en aquel momento no escucharas a tus personajes. Porque creo que lo más emocionante de escribir una historia es dejar de pensar que eres tú quien la escribe. Una buena historia es como un laberinto en el que te pierdes: tienes que encontrar el camino, correr entre los setos, y ella te engañará. Y entonces, en algún momento, quizá llegues a comprender la historia. Pero siempre es algo con vida propia. Yo no creo ni por un segundo que haya inventado a mis personajes. Para mí siempre es algo mágico cuando una historia llega y veo que es enorme, una auténtica bestia. Esa sigue siendo la mayor aventura.
- ¿Ha tenido que cuestionarse algo de su pasado para poder escribir 'Venganza de tinta'?
- Para nada. Me sorprendió mucho lo familiar que me resultó. Fue un gran consuelo reencontrarme con mis propios libros antiguos y seguir pensando: «Conozco a esa chica. Conozco a la mujer que escribió esto». No he cambiado tanto. Sé más sobre el mundo, claro. He aprendido muchísimo, pero aquella Cornelia no es una desconocida. Cuando empecé a escribir Venganza de tinta pensé: «Bien, por fin voy a escribir un libro sobre Dedo Polvoriento y el Príncipe Negro. Siempre había querido hacerlo». Entonces empezaron a aparecer muchos personajes jóvenes, y de repente me di cuenta de que el libro también trataba sobre mi sensación de que los jóvenes serán los salvadores el mundo. Esa es una convicción que siento muy intensamente. Así que creo que, en ese sentido, la historia es un reflejo de mi propia vida.
- ¿Considera que los jóvenes salvarán el mundo?
- ¿Tú que crees? [Ríe]. Cada artista que conozco, cada naturalista, cada activista medioambiental, cada escritor... todos tienen entre 15 y 35 años. Cada uno aporta una parte de esperanza. También hay muchas personas mayores que siguen siendo muy valiosas, pero los mayores se irán. Esa es la naturaleza de las cosas. Ahora, la única posibilidad es que los jóvenes preserven la luz en la que creen, aquello con lo que sueñan. Mientras ese sueño siga vivo tendremos que luchar por él. Y si perdemos, perderemos una buena lucha, ¿sabes? Porque, ¿qué otra cosa podemos hacer?
- ¿Siempre ha creído en el futuro de la juventud?
- Cuando era joven luché por muchas cosas. Fui trabajadora social durante un tiempo. Participé activamente en Amnistía Internacional. Por eso ahora no puedo soportar el mundo que estamos dejando a las futuras generaciones. Cuando era joven salvé a algunas personas y ayudé a otras cuantas, y con eso a mí me basta. Alguien dijo una vez: «Puede que no seas capaz de salvar el mundo, pero quizá puedas salvar el mundo de una persona, de una criatura o de una planta». ¿Y no es eso un tesoro en sí mismo?
"No entiendo a la mayoría de los adultos, tienen unos valores y objetivos muy extraños, cuestiono lo que consideran importante: su obsesión por la fama, el dinero y el poder"
- En esta cuarta entrega habla sobre el poder, el miedo y la manipulación. ¿Son los jóvenes más susceptibles de caer en estas situaciones?
- Los jóvenes no necesitan aprender de estas situaciones. Creo que muchas veces los adultos tienen ideas tan rígidas sobre el mundo que corren mucho más peligro de dejarse llevar por la propaganda. Mi experiencia con mis lectores jóvenes es que sí cuestionan la forma en que funciona el mundo. El mundo de los adultos, al que de algún modo pertenezco ahora, tiene unos valores y unos objetivos muy extraños. No entiendo la mayoría de ellos. Cuestiono lo que consideran importante. Cuestiono la obsesión por la fama, el dinero y el poder. Creo que la vida no debería girar en torno a eso. Y quizá los niños puedan entenderlo mejor que algunos adultos, que han sido bastante adoctrinados sobre lo que creen que es importante en la vida. No puede ser correcto lo que enseñamos a los niños. No puede ser correcto aquello en lo que creemos, porque si lo fuera, no estaríamos donde estamos.
- ¿Dónde estamos ahora mismo?
- Tenemos un planeta al borde de convertirse en un desierto. El calor aumentará de tal manera que muchísimos países y personas se verán amenazados por ello. Conoceremos el hambre y conoceremos la escasez de agua porque, impulsados por nuestra codicia, hemos tomado más del mundo de lo que le hemos dado. Y eso lleva ocurriendo cientos, quizá miles de años: hemos desarrollado una civilización que no funciona en armonía con este planeta. Por eso tenemos que cuestionar de manera muy profunda nuestra forma de vivir. Vivimos como si no hubiera un mañana. Vivimos como si no tuviéramos respeto por los demás ni por quienes vendrán después de nosotros.
- ¿Cómo podemos revertirlo?
- Empezando por no ser tan narcisistas y no estar completamente obsesionados con nuestros propios deseos; intentando, paso a paso, respetar los derechos de los demás y no pisotearlos. No es correcta la forma en la que vivimos y tiene mucho que ver con los adultos que están al mando. Porque ahora mismo estamos retrocediendo. Hay mucho más racismo, más sexismo. Es como si los viejos monstruos supieran que el mundo, tal y como ellos lo entienden, está llegando a su fin, porque nos estamos convirtiendo en una comunidad con diversidad cultural. Y eso no les gusta. Por eso se vuelven aún más feroces. Y por eso también estamos gobernados por muchos hombres mayores que intentan imponer las viejas reglas. Nunca es fácil arrebatarles el poder a los monstruos, pero creo que tenemos que seguir soñando con otro mundo, porque ¿de verdad queremos este? No. Desde luego. No queremos seguir viviendo de esta manera.
- Actualmente, muchos países debaten sobre la censura y los límites de ciertos contenidos literarios. ¿Hace algún balance entre la protección de los jóvenes lectores y la inhibición de la libertad creativa?
- No creo en ese tipo de protección. No creo que la censura, ni decir: «Esto no puedes leerlo», o «esto no deberías pensarlo», nos lleve a ninguna parte. Por supuesto, por otro lado, sí tenemos problemas relacionados con las redes sociales y la inteligencia artificial y sí necesitamos cierta protección, pero esos problemas han sido provocados por las empresas que desarrollan ese software. Y, una vez más, nos encontramos con la codicia y el poder que hay detrás de todo ello. No son los jóvenes quienes cometen el error; son quienes crearon estos sistemas de esta manera, para hacerlos adictivos, para que resulten dañinos y para que funcionen sin reglas claras.
"Somos la especie más problemática, unos parásitos. Solo espero que algún día los seres humanos sean buenos para los demás y no solo para ellos mismos"
- ¿Por qué escribe libros de fantasía?
- La fantasía muestra mucho mejor la realidad del mundo. Nuestro mundo es fantástico. Creo que cuando decimos que escribimos una historia realista normalmente queremos decir que escribimos solo sobre seres humanos. No hay nadie con pelo o plumas. Casi nunca aparece nada de todos los demás seres que viven en este mundo con nosotros. Mientras que, en la fantasía, podemos cambiar de forma, de repente podemos tener plumas. Podemos intentar comprender quién más habita este mundo. Así que, para mí, la fantasía es más realista.
- ¿Nuestro mundo es realmente fantástico?
- Probablemente te refieres a la realidad humana.
- Sí.
- Bueno, para cualquier pájaro que pase volando junto a nuestras ventanas nuestra realidad suele dañarlo, pero esa no es la realidad del mundo. Nos gusta creer que sí porque pensamos que somos las criaturas más importantes de este planeta. Pensamos que nuestros muros, nuestros problemas, nuestra suciedad, nuestra basura... que todo eso es la realidad. Pero la realidad es que este planeta tiene millones de años. La Tierra gira alrededor de una bola de fuego que se reiría de nuestra pretensión de pensar que nuestra realidad es la realidad de todo el mundo.
- El ser humano es solo una más de las especies que habitan el planeta.
- De hecho, somos la más problemática. Somos una especie parásita. Algún día quizá nos convirtamos en algo más. Solo espero que algún día los seres humanos sean buenos para este mundo en lugar de limitarse a ser parásitos. Porque siempre somos buenos en lo que respecta a uno mismo, pero nunca de cara a los demás. No me malinterpretes, ahora mismo hay muchísimas personas que lo intentan, que quieren hacer de este un mundo diferente, y que quieren comprender a todos los demás seres que viven con nosotros. Y eso es algo que yo también intento hacer. ¿Sabes cuántas veces pienso que no tengo ni idea de cómo se llama ese árbol? No sé nada sobre el canto de los pájaros. Me estoy enseñando a mí misma cada día a abrir los oídos y los ojos, porque estoy atrapada en el mundo humano, como estamos todos.

La escritora e ilustradora alemana Cornelia FunkeEmanuele Camerini
- En sus novelas habla a menudo sobre el poder de los libros. ¿Qué papel cumplen en la sociedad actual?
- Eso lo he aprendido más de mis lectores que de mí misma. Cuando era joven, los libros eran mis puertas y mis ventanas. Vivía en una ciudad pequeña. Pensaba que el mundo tenía que ser más emocionante que aquello. Y los libros eran la promesa de que sí era más emocionante. De que había mucho más ahí fuera. Pero lo que escucho hoy de mis lectores es algo mucho más conmovedor. A lo largo de los años, muchísimos lectores se han acercado a mí y me han dicho: «Cornelia, tu historia me ayudó durante una enfermedad larga». O: «Me sentía muy sola, perdí a mi madre. Tu historia me ayudó». Y ahora creo que la tarea más bonita de los libros es ser consuelo, ser refugio y ayudarnos frente a las dificultades del mundo, porque ser humano es algo duro. Si un libro puede ayudarnos a sentirnos seguros, aunque también nos hable de la oscuridad del mundo, eso es un regalo maravilloso.
- ¿Cuál es la oscuridad del mundo?
- Es todo aquello que nos destruye, que hace daño a las personas, que les arrebata la vida y la felicidad. Puede ser la guerra, puede ser la opresión, puede ser la pobreza. Puede ser muchas cosas. Por supuesto, también puede ser una enfermedad grave. Hay muchísimas cosas que nos hacen sentir que caminamos por un bosque oscuro. Por mi experiencia, con todos los bosques oscuros que he tenido que cruzar en mi vida, las armas más mágicas contra la oscuridad siguen siendo la amistad y el amor.
- Tiene su propio sello de audiolibros. ¿Es esta la nueva forma de literatura?
- Para nada. Es la forma más antigua de literatura. Porque ¿qué existía antes de que se inventara el libro? Siempre existió la palabra hablada. Los narradores fueron quienes inventaron las historias quienes se sentaban en la oscuridad y, quizá, ahuyentaban el miedo que teníamos a la noche con sus relatos. Así que, para mí, la palabra hablada es la verdadera literatura. Un libro es muy práctico. Pones las palabras dentro y está bien. Pero el sonido y la voz vuelven a sacarlas a la luz. Creo que las palabras pronunciadas pueden ser como una semilla que va directa al corazón.
- ¿Qué importancia adquieren las palabras?
- Todos hemos conocido situaciones en nuestra vida en las que buscábamos las palabras adecuadas y no las encontrábamos, y eso puede ser terrible. Creo que a veces son la única herramienta que tenemos para hablar con las personas que amamos y para conectar con los demás. Casi hemos olvidado lo poderosas que pueden ser al usarlas constantemente en textos, mensajes y conversaciones. Nuestras palabras son algo muy poderoso, pero también muy peligroso. Es fácil: al pintar una imagen eliges previamente el color. Te preguntas: «¿Es este azul? ¿Es este rojo? ¿Debería pintarlo de amarillo?». Ahora bien, ¿hacemos lo mismo con las palabras? A veces quizá sí, pero tal vez no con la frecuencia suficiente.
- Última pregunta, Cornelia. ¿Qué es para usted la imaginación?
- ¡Qué casualidad! Una vez, un joven en Madrid me hizo la misma pregunta durante un encuentro y yo no estaba preparada para responder. Ahora sí. La imaginación es nuestra capacidad para visualizar que nos salen plumas. Podemos volar con la imaginación, y somos libres gracias a ella. Para mí sigue siendo uno de los regalos más valiosos que tenemos, pero debemos entrenarla como si fuera un músculo más de nuestro cuerpo. Nuestro mundo la limita con demasiada facilidad. Nos dicen que es algo infantil. Pensamos que es algo que no podemos hacer. Pero sí, tenemos que hacerlo. Hay tanta crueldad en el mundo que poder volar con la imaginación a veces puede ser la única solución posible. Tenemos que imaginar, porque solo cuando imaginamos que las cosas pueden ser diferentes podemos hacer que sean diferentes de verdad.

























