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Dentro de las tres caras del r�gimen comunista que se est...
Lucas de la · 2026-04-30 · via Portada // elmundo

La ni�a sonr�e a su madre y agita una peque�a bandera roja con la estrella amarilla de cinco puntas: s�mbolo de unidad nacional y del ideal comunista que gu�a a Vietnam. La luz c�lida del atardecer embellece la instant�nea. La familia, originaria del interior rural, est� pasando el fin de semana en Ho Chi Minh, la capital financiera. "Hac�a ocho a�os que no ven�a. La ciudad ha cambiado: rascacielos, muchas tiendas de lujo… parece otra", comenta la madre mientras fotograf�a a su hija junto a la estatua del "T�o Ho", el h�roe de la independencia que da nombre a la ciudad. La escena ocurre frente al edificio del Comit� del Partido Comunista, con su reloj y su arquitectura colonial restaurada.

Acariciando la madrugada, a menos de un kil�metro de la estatua, las im�genes familiares se desdibujan frente a un caos en technicolor: luces de ne�n parpadean al ritmo de la m�sica a todo volumen, turistas borrachos tambaleantes y ni�os locales lanzando llamas por la boca a cambio de unos pocos billetes. Todo esto se concentra en Bui Vien, una calle de 800 metros llena de clubes de gog�s que compiten en su propia guerra de decibelios, desde m�sica electr�nica que parece sacada de un rave en Berl�n hasta reguet�n. En las arterias abundan puestos de comida callejera y salones de masajes sexuales.

En las afueras de Ho Chi Minh, extensas zonas industriales se despliegan con f�bricas de techos altos que muestran el m�sculo exportador de un pa�s cuya econom�a crece al ritmo de sus ensamblajes y comercio exterior. Aqu� tambi�n se asientan sedes log�sticas y centros de manufactura de compa��as internacionales de electr�nica y textiles. Camiones cargados de contenedores recorren carreteras polvorientas, conectando talleres y puertos.

Calle Bui Vien, epicentro de la fiesta en Ho Chi Minh.

Calle Bui Vien, epicentro de la fiesta en Ho Chi Minh.Lc

Estas son tres de las caras que presenta hoy Vietnam: un r�gimen comunista, hogar de m�s de 100 millones de personas, que avanza como una de las econom�as m�s din�micas del mundo, con tasas de crecimiento que rondan el 8% anual y una creciente atracci�n de inversi�n extranjera en sectores clave como la manufactura y la tecnolog�a.

El mismo mes en que el dirigente To Lam, de 68 a�os, se consolid� como l�der supremo (asumiendo la presidencia del Estado adem�s del cargo de secretario general del Partido Comunista), EL MUNDO viaja a Ho Chi Minh en el aniversario de la ca�da de Saig�n, antiguo nombre de la ciudad, cuando el fin de la famosa guerra cambi� el destino del pa�s.

Dentro del Palacio de la Independencia, antigua residencia del presidente de Vietnam del Sur, hoy reconvertida en un museo, se recuerda c�mo el 30 de abril de 1975 la ciudad fue atrapada por la incertidumbre. Delante de la embajada estadounidense, una muchedumbre desesperada se agolpaba frente a los altos muros y los gritos se mezclaban con el ruido de los helic�pteros que recog�an en la azotea a los �ltimos funcionarios y soldados evacuados. En la radio, se repet�a en bucle el mensaje del presidente Duong Van Minh anunciando la rendici�n ante las tropas comunistas del Norte. El Sur, apoyado por Estados Unidos, hab�a sido derrotado.

A mediod�a, el primer tanque, con el n�mero 843 pintado de blanco, rompi� la verja de hierro del palacio. Cuando cay� la noche, Saig�n fue rebautizada como Ho Chi Minh. El cambio de nombre oficial no lleg� hasta el a�o siguiente, cuando se proclam� formalmente la reunificaci�n del pa�s bajo la Rep�blica Socialista de Vietnam.

Medio siglo despu�s, la mayor�a de vietnamitas siguen refiri�ndose a la ciudad como Saig�n. Una gran urbe que, lejos de la pobreza extrema y de la �poca de aislamiento durante la posguerra, est� ba�ada por el capitalismo. "En esta misma calle puedes ver carteles de propaganda comunista frente a tiendas de Louis Vuitton y Rolex", se�ala Tran Thi Lan, un vecino que pasea por una zona comercial.

Zona comercial de Ho Chi Minh.

Zona comercial de Ho Chi Minh.Lc

Las cicatrices del pasado ya se han olvidado y los restos de la guerra, como la inmensa red de galer�as subterr�neas interconectadas que sirvieron como refugio, se han transformado en museos que atraen a millones de visitantes cada a�o. Vietnam mantiene ahora una relaci�n muy estrecha con EEUU, que ha sido su mayor inversor y clave en su actual explosi�n de desarrollo. "En las grandes ciudades, la vida ha mejorado mucho, pero el control pol�tico y la censura tambi�n aprietan cada vez m�s", asegura Hieu, una universitaria.

El pa�s est� entrando en una nueva fase pol�tica marcada por una deriva m�s personalista del poder. El �ltimo congreso del Partido Comunista de Vietnam (PCV), celebrado a comienzos de a�o, no solo fij� ambiciosos objetivos econ�micos para el pr�ximo lustro, sino que tambi�n consolid� a To Lam como el dirigente m�s poderoso al ser reelegido secretario general y, poco despu�s, asumir tambi�n la presidencia.

Durante d�cadas, el PCV hab�a mantenido un equilibrio de poder entre los cuatro pilares del sistema -secretario general, presidente, primer ministro y presidente de la Asamblea Nacional-, un dise�o concebido precisamente para evitar la concentraci�n de autoridad en una sola figura tras las guerras del siglo XX. Ese modelo colegiado ahora se ha quebrado.

La decisi�n de la Asamblea Nacional de nombrar a To Lam tambi�n presidente, acerca a Vietnam al esquema pol�tico de China, donde el omnipresente Xi Jinping ha acumulado en su persona el control del Partido, el Estado y las fuerzas armadas. A mediados de abril, una semana despu�s de su ascenso, el primer viaje del l�der vietnamita fue a Pek�n. Lam, ex polic�a y ex jefe de los servicios de inteligencia, ha consolidado su poder interno apoy�ndose en dos pilares: crecimiento econ�mico y disciplina partidaria. Su perfil, se�alan muchos analistas, encarna la combinaci�n de control pol�tico y pragmatismo econ�mico.

Lam ha promovido reformas administrativas orientadas a agilizar la burocracia -incluida la eliminaci�n de decenas de miles de puestos intermedios- y acelerado la aprobaci�n de grandes proyectos de infraestructura. Al mismo tiempo, ha apadrinado personalmente una intensa campa�a anticorrupci�n que, adem�s de responder a una demanda social real, ha servido para depurar rivales internos y reforzar su control sobre el aparato del partido.

Turistas locales frente al Palacio de la Independencia.

Turistas locales frente al Palacio de la Independencia.Lc

La otra cara menos amable del poder sigue siendo un r�gimen de partido �nico que no tolera la disidencia. Organizaciones internacionales de derechos humanos denuncian el uso cada vez m�s frecuente de disposiciones ambiguas del c�digo penal, como el art�culo 331, que sanciona la "infracci�n de los intereses del Estado". Bajo esta figura, activistas, periodistas y ciudadanos han sido condenados por actividades que van desde publicaciones en redes sociales hasta protestas pac�ficas. Entre 2018 y comienzos de 2025, al menos 124 personas habr�an sido sentenciadas en virtud de esta ley, una cifra que cuadruplica la del periodo anterior.

Informes de Naciones Unidas apuntan adem�s a un fen�meno m�s dif�cil de medir: el aumento de la autocensura. "Nuestra Constituci�n reconoce el derecho a la libertad de expresi�n y a la libertad de prensa, pero todos los medios de comunicaci�n est�n bajo supervisi�n del Gobierno y no se permiten manifestaciones sin autorizaci�n previa, que casi nunca se concede si es para protestas pol�ticas", explica un abogado llamado Do Duy.

En este escenario, mientras Vietnam se integra con �xito en la econom�a global y se proyecta como uno de los motores emergentes de Asia, su sistema pol�tico evoluciona hacia una mayor concentraci�n de poder y un control m�s estricto de la sociedad.

La nueva designaci�n de To Lam supone el tr�nsito desde un liderazgo colectivo hacia un modelo m�s centralizado, con ecos claros que llegan de la vecina China. Aunque la vida nocturna vietnamita es mucho m�s desinhibida que en las grandes metr�polis del gigante asi�tico.

En el epicentro de la fiesta de Ho Chi Minh las jarras congeladas de cerveza cuestan menos de un euro. Las gog�s bailan en plataformas a pie de calle hasta bien entrada la madrugada y los ni�os que echan fuego por la boca suben m�s la temperatura.