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Portada // elmundo

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Dormir poco sin sacrificar salud: el superpoder del 1% de...
Gracia Pablo · 2026-04-19 · via Portada // elmundo

Un hombre de negocios viaja en sus vacaciones a un pueblo costero, donde observa c�mo vive un pescador local: tras capturar algunos pescados de calidad dedica el resto de su d�a a descansar, pasar tiempo con su mujer e hijos e ir a tocar la guitarra con sus amigos. El turista le propone un 'plan de negocios', seg�n el cual, con m�s horas diarias dedicadas a la pesca, podr� ir ascendiendo poco a poco: primero adquirir� barcos m�s grandes, luego crear� una flota, finalmente abrir� una conservera y de ah� podr� mudarse a la gran ciudad para dirigir su imperio. Tras conocer el tiempo que tardar�a en poder culminar ese plan, unos 20 o 25 a�os, el pescador pregunta qu� viene despu�s, a lo que el hombre de negocios responde: "Podr�s jubilarte en un pueblecito costero, levantarte tarde, pasar tiempo con tu familia y amigos". El pescador sonr�e y dice: "�No es eso lo que estoy haciendo ya?"

El doctor Javier Puertas, neurofisi�logo cl�nico y miembro de la Sociedad Espa�ola del Sue�o (SES), rememora esta historia basada en un cuento de Heinrich B�ll y conocida como "La par�bola del pescador" para establecer un paralelismo con el sue�o. Parecemos empe�ados en robarle horas al descanso para trabajar m�s, ser m�s productivos... y as� poder dormir en el futuro.

Pero del mismo modo que el tiempo perdido no se recupera, el descanso tampoco, ni siquiera si hablamos de metas a corto plazo: dormir poco de lunes a viernes y recuperar horas el fin de semana, un "atrac�n" considerado in�til. "Se ha visto que incluso dormir cada d�a entre semana una hora menos de lo necesario genera un desgaste que no se recupera del todo durante el fin de semana", explica el doctor Pablo Barrecheguren, neurocient�fico y autor de �Por qu� so�amos? Y otras grandes preguntas sobre dormir y el sue�o.

"No creo que tengamos que convencer a nadie de que dormimos peor que antes", sentencia Puertas para alertar de un gran problema de nuestro tiempo. Con la llegada de la luz el�ctrica se rompi� un acuerdo t�cito con el ciclo de luz y oscuridad y se alter� una tradici�n milenaria que cambiar�a para siempre nuestra percepci�n del descanso. Y quien lo posibilit�, el inventor Thomas Alva Edison, no habr�a lamentado las consecuencias ya que �l mismo, con sus tres o cuatro horas de sue�o cada noche, es uno de los m�s famosos miembros del selecto club de 'dormidores cortos'.

El sueno de la elite

Hoy en d�a, solo quienes permanecieron al margen del progreso, desconocen todos los problemas que genera la privaci�n de sue�o, "de hecho, en las lenguas de algunas tribus africanas y del Amazonas la palabra insomnio no existe", afirma el neurofisi�logo. Y mientras, en las sociedades m�s modernas hemos desarrollado maneras de forzar el ciclo vigilia y descanso mediante el consumo de estimulantes tan habituales como la cafe�na para despertarnos y recurriendo a hipnosedantes o suplementos como la melatonina para ayudarnos a conciliar el sue�o. Porque no, en realidad no nos hemos adaptado a dormir menos por mucho que lo intentemos.

"Est� de moda decir que dormir es una p�rdida de tiempo y que hay que dormir cinco horas al d�a", denuncia Mar�a de los �ngeles Bonmat� Carri�n, investigadora del grupo Cronolab de la Universidad de Murcia, "y con el tema del sue�o muchas veces el placebo es muy importante, as� que si creen que durmiendo cinco horas todo lo dem�s funciona mucho mejor, esa percepci�n positiva va a hacer que al menos durante unos meses se encuentren relativamente bien. Pero al final la fisiolog�a acaba acusando estos desajustes y esta disrupci�n, ya sea a nivel de falta de sue�o o de alineaci�n de los ritmos circadianos".

El doctor Javier Puertas considera que esta moda radica en el estigma del "tiempo improductivo", esa necesidad de producir a todas horas, cuando ni siquiera una m�quina, como un avi�n, puede operar 24 horas sin reservar tiempo para su mantenimiento. "La productividad tiene un l�mite", explica, "porque los mecanismos de procesamiento de la informaci�n, de memoria, de concentraci�n, de atenci�n, necesitan pasar por periodos de reajuste y de equilibrado, de quitar ruido e informaci�n que no se necesita para consolidar la que es relevante".

Pero toda regla tiene una excepci�n, y en �sta la constituyen los llamados 'dormidores cortos'. "No es un mito", explica el doctor Barrecheguren, "hay un peque�o porcentaje de adultos cuyas necesidades de sue�o son muy inferiores a la media". Hablamos de unas cinco o seis horas diarias de sue�o, incluso cuatro en casos extraordinarios, mientras que la recomendaci�n (para adultos) es de unas siete u ocho horas.

Piramide invertida del sueno

Los expertos que han estudiado este fen�meno calculan que la prevalencia es de tan solo un 1-3% en todo el mundo, pero el porcentaje que duerme poco es mucho mayor. �C�mo saber si pertenecemos realmente a ese club o si solo nos privamos de sue�o? Barrecheguren propone que nos formulemos algunas preguntas para despejar la duda: �Me despierto cansado o descansado cuando me levanto? Y, en el caso de levantarme con energ�a, �ese descanso dura a lo largo del d�a o enseguida estoy cansado de nuevo?

Y por supuesto, nada de trampas, si dependemos de caf�s o bebidas energ�ticas no podemos considerar en absoluto que ese despertar haya sido espont�neo. No influye que seamos m�s diurnos o nocturnos (nuestro cronotipo), las horas solo son importantes en su suma y en su regularidad: un 'dormidor corto' no hace diferencias entre un d�a laborable o vacaciones, su necesidad de sue�o siempre es reducida.

Test dormidor

Se considera que este fen�meno tiene un origen gen�tico (es habitual que sea una 'habilidad' compartida con otros familiares cercanos) y se basa en un sue�o m�s eficiente, de forma que en menos tiempo se alcanza la misma proporci�n de sue�o profundo. Para ello tambi�n ayuda una mayor facilidad para volver a �l tras un microdespertar, porque estos se mantienen, "es un mito que desconectemos durante ocho horas como si estuvi�semos anestesiados", explica el doctor Puertas, "nuestro cerebro necesita estar constantemente conectado al entorno, porque si no nos hubiesen devorado los depredadores cuando nos dorm�amos".

Un sueno breve pero reparador

Por otro lado hemos de tener en cuenta que en el c�mputo de horas diarias dedicadas a dormir no cuentan solo las nocturnas, las siestas tambi�n suman. El doctor Puertas explica que su origen deriva del sue�o polif�sico propio de los beb�s. Como adultos tenemos un ciclo de 7-8 horas de sue�o y 16-17 de vigilia, pero "por debajo de ese ritmo", explica el experto, "persiste el ritmo de 3-4 horas, que son las fases del sue�o de la noche y los periodos del d�a en los que puede entrar un poco de hambre o somnolencia".

Pero por m�s que sumen al c�mputo, los expertos inciden en que en ning�n caso las siestas deben considerarse, ni utilizarse, como compensaci�n de la falta de sue�o. "Si no hemos dormido suficiente la siesta se hace menos saludable", explica el neurofisi�logo, que considera que la siesta ideal es aquella que dura menos de 30 minutos. Si estamos cansados tendremos la tentaci�n de alargar ese tiempo, "lo que solo le quita el sue�o a la noche".

Barrecheguren advierte adem�s de otro peligro que subyace a esta pr�ctica tan nuestra: "es importante que no se conviertan en un h�bito, ya que como h�bito casi diario durante d�cadas se ha visto que pueden tener un efecto negativo para la salud, aunque esto est� condicionado por la duraci�n de la siesta, edad del paciente, etc."

Con siestas o sin ellas, lo que est� claro es que la privaci�n del sue�o no trae nada bueno. "Quitar horas de sue�o sin que haya una necesidad f�sica o de b�squeda de alimentaci�n o defensa", advierte el doctor Puertas, "genera una alteraci�n metab�lica que hace mucho m�s peligroso no dormir".

Tambi�n debemos buscar un sue�o de m�s calidad y para ello es bueno practicar algo de ejercicio ligero (un paseo) a �ltima hora del d�a, evitar comidas cal�ricas por la noche, y apagar las pantallas dos horas antes, con la excepci�n de, por ejemplo, ver una pel�cula agradable en la televisi�n, una pantalla algo menos iluminada y sin necesidad de interacci�n constante. Y por supuesto, debemos mantener unos horarios regulares durante toda la semana.

La duraci�n adecuada nos la dictar� nuestro cuerpo. Ejemplos de �xito los hay a un lado y al otro del espectro, como nos recuerda una an�cdota que cita el doctor Puertas: Unamuno, al igual que Einstein, dorm�a nueve horas diarias, y cuando le preguntaron un d�a por qu� dorm�a tanto si los genios dorm�an poco �l contest� "mire joven, cuando yo estoy despierto soy m�s despierto que usted".