



























La situaci�n de Rusia en el Sahel, especialmente en Mali, atraviesa su momento m�s cr�tico desde su llegada en 2021. El modelo ruso de "seguridad a cambio de influencia" est� fallando en Mal� y muestra grietas en los pa�ses vecinos.
La desaparici�n formal de Wagner tras la muerte de Yevgeni Prigozhin no supuso la salida de Rusia del Sahel, sino su absorci�n por el Estado ruso. Africa Corps, controlado directamente por el Ministerio de Defensa, hered� efectivos, bases y redes de influencia, pero con menos autonom�a y un perfil m�s institucional. El control de los recursos estrat�gicos —oro en Mali, uranio en N�ger y diamantes en Rep�blica Centroafricana— sigue en manos de estructuras vinculadas al Kremlin, aunque ahora bajo supervisi�n m�s directa del aparato estatal ruso.
Estos d�as Mali sufre ataques coordinados de una alianza in�dita entre separatistas tuareg y grupos vinculados a Al Qaeda como el JNIM. El cerco a Bamako ha tomado cuerpo, con insurgentes rodeando parcialmente la capital, asfixiando suministros y provocando que varios pa�ses evacuen a sus ciudadanos ante el riesgo de ca�da del r�gimen. Reuters inform� este jueves de que el Kremlin asegura que sus fuerzas permanecer�n en Mali para ayudar a la junta a combatir el extremismo, justo cuando el JNIM reivindicaba nuevos avances, incluida la captura de la base de Hombori y de dos puestos de control cerca de Bamako.
La apuesta de la junta por Mosc� entra as� en su fase m�s delicada. "Los combatientes rusos han ayudado al r�gimen a sobrevivir y tambi�n a proyectar una especie de fuerza brutal en partes de las zonas de conflicto, pero no han revertido en absoluto el impulso de la insurgencia; de hecho, la brutalidad de los soldados rusos y malienses se ha convertido en un importante motor de la propia insurgencia", explica a EL MUNDO el profesor Alex Thurston, uno de los principales especialistas estadounidenses en yihadismo y pol�tica en el Sahel desde su puesto en la University of Cincinnati.
Rusia est� viendo derrumbarse la promesa de que su modelo iba a funcionar mejor que el europeo —encarnado por Francia— en el Sahel. En Mal�, y probablemente tambi�n en Burkina Faso y N�ger, Mosc� gan� el pulso pol�tico: sustituy� a Occidente como socio de seguridad preferente, se incrust� en juntas antioccidentales y convirti� el agravio poscolonial —a pesar de estar en plena guerra invasi�n rusa de Ucrania— en capital estrat�gico. Lo que est� fallando ahora es la segunda fase: demostrar que esa sustituci�n produce seguridad real.
La llegada de Wagner a Mali en 2021 pareci� inicialmente ofrecer a la junta una soluci�n antiterrorista donde Occidente hab�a fracasado. Al replicar el modelo de contrainsurgencia que hab�a establecido en la Rep�blica Centroafricana, logr� algunas victorias. Pero la violencia se dispar� y pronto se vieron en apuros tanto las Fuerzas Armadas de Mali como sus aliados rusos, sin m�sculo suficiente para mantener una presencia simult�nea en el centro, el norte y el noreste del pa�s, mientras combat�an al JNIM; a la rama del Estado Isl�mico en el Gran Sahara; y a la alianza de grupos predominantemente tuareg.
La ofensiva reciente muestra que tanto el r�gimen de Bamako como los mercenarios rusos no pueden controlar el pa�s. En pocos d�as han coincidido ataques contra Kati, Gao, Mopti, S�var� y Kidal. Los ataques reiterados a�aden presi�n sobre el coraz�n del r�gimen y ya han matado al ministro de Defensa, Sadio Camara, una figura clave del v�nculo con Mosc�. Incluso han logrado retirada de fuerzas rusas y malienses de Kidal: para una alianza que hab�a presentado la toma de Kidal en 2023 como la prueba de que la era rusa funcionaba, ese repliegue tiene un valor simb�lico deprimente.
"Kidal parece estar bajo control del FLA [Frente de Liberaci�n de Azawad, organizaci�n separatista tuareg del norte de Mali] con respaldo de JNIM, y las fuerzas rusas y malienses se est�n retirando, aunque la situaci�n podr�a cambiar", se�ala Thurston, que lleva dos d�cadas investigando insurgencias y conflictos en Mali, Nigeria, Mauritania o Burkina Faso. "El FLA ha insinuado la posibilidad de disputar tambi�n el control de otras ciudades del norte. La narrativa pol�tica de que Rusia es m�s eficaz puede tardar m�s en cambiar, porque esa narrativa es bastante resistente a los hechos: muchas voces progubernamentales en el Sahel ya est�n culpando de los ataques del 25 de abril a apoyos externos no identificados y a otras fuerzas en la sombra", a�ade.
Lo que falla no es que los rusos no sepan combatir, sino que su modelo sirve mejor para sostener reg�menes que para reconstruir Estados. Pueden reforzar unidades, llevar a cabo operaciones, proteger al poder central y multiplicar la capacidad de castigo del ej�rcito maliense. Pero no resuelven las causas de la guerra: el abandono del norte, la ruptura con los tuareg, la expansi�n yihadista, la corrupci�n militar, los abusos contra civiles, las rivalidades comunitarias y ausencia de administraci�n estatal en enormes zonas rurales.
La junta quer�a romper con Francia, expulsar a la ONU y vestir la supervivencia del r�gimen como soberan�a nacional: Mosc� fue el genio que sali� de la l�mpara para conceder esos deseos. Pero el principal enemigo de Bamako —el JNIM— no necesita conquistar la capital: le basta con cercar las principales rutas, bloquear combustible, atacar guarniciones, imponer costes econ�micos y demostrar que puede elegir el momento y el lugar del golpe.
La Alianza de Estados del Sahel —Mali, Burkina Faso y N�ger— ha construido una coalici�n de juntas, pero no una entente de pa�ses. Comparten enemigos, discurso soberanista y rechazo a Francia, pero tienen ej�rcitos d�biles, territorios inmensos, fronteras porosas y amenazas que se mueven mejor que los corruptos Estados. La brutalidad contra la poblaci�n, adem�s, da ox�geno a la insurgencia. Cada operaci�n puede producir nuevos reclutas, informantes o simpatizantes para JNIM y otros grupos.
Africa Corps no es un ej�rcito colonial ni una misi�n de pacificaci�n o estabilizaci�n, sino una herramienta expedicionaria limitada. El modelo de Wagner promet�a asistencia incondicional en materia de seguridad, aislando a las �lites militares de la oposici�n interna y la presi�n internacional, a la vez que promov�a los intereses de Rusia: extracci�n de recursos, influencia pol�tica e imagen de gran potencia.
El grupo de mercenarios ya no es el que era. Wagner se retir� oficialmente en junio de 2025 y fue reemplazado por Africa Corps, pero el cambio fue m�s all� del nombre: la nueva estructura est� controlada directamente por el Ministerio de Defensa ruso. La mayor�a de sus miembros son ex-Wagner, pero con menos autonom�a. El paso de Wagner —brutal y agresivo— a Africa Corps —m�s estatal y cauteloso— redujo el ritmo de operaciones justo cuando los yihadistas se reorganizaban.
Rusia no tiene la capacidad log�stica, ni la informaci�n de inteligencia ni el volumen de tropas necesarios para controlar un territorio inmenso y complejo como el Sahel, menos todav�a en un momento en el que la guerra en Ucrania limita sus recursos. Mosc� subestim� la fragmentaci�n �tnica, las alianzas locales —incluidos los contactos t�cticos entre yihadistas y l�deres tuareg— y la resiliencia de los insurgentes.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。