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El Mundo
Chema Rodr�guez · 2026-04-23 · via Portada // elmundo

Han pasado 417 años de la expulsión, definitiva, de los moriscos de España. Los Reyes Católicos les señalaron la puerta en 1502, pero el empujón final se lo dio Felipe II. Entre 1609 y 1614 echó de la Península Ibérica a 300.000 musulmanes convertidos previamente al cristianismo y hoy. cuatro siglos después, Dris Mohamed Amar, una de las voces más conocidas de la comunidad musulmana en el Campo de Gibraltar cree que hay riesgo real de que suceda algo parecido. Sí, en pleno siglo XXI.

Dice, «a título personal», que la derecha, sobre todo la extrema derecha de Vox, querría emular a aquellos reyes cristianos y purificar la sangre española. «Nos quieren expulsar, como los Reyes Católicos», afirma este vecino de Algeciras que es, ya oficialmente, candidato a la Junta de Andalucía en las elecciones del próximo 17 de mayo por el Partido Andalusí, que él mismo lidera y que tiene, afirma, su base en el humanismo islamista y una de sus razones de ser en la defensa de «los más vulnerables» y ahí entran los musulmanes españoles, los inmigrantes y hasta los descendientes de aquellos 300.000 moriscos a los que Felipe II condenó al destierro.

«No tenemos otra alternativa que hacerles frente», proclama, y ahí es donde entra en juego el partido que fundaron en febrero de 2023 el propio Dris Mohamed junto a Yihad Sarasua y Juan Carlos Rodríguez Cruz y que se estrena en unas autonómicas este año después de un bautismo político apresurado (e improvisado) en las elecciones municipales de 2023. Proclaman lazos, además, con el legado de Blas Infante y, de hecho, uno de sus nietos, Alejandro Delmás Infante, es "nuestro embajador".

«Los musulmanes no tenemos donde ser enterrados», dice, con amargura, el también portavoz de la Comunidad Islámica Al Rahmah de Algeciras. «Esto es real, conocí a un vecino de La Línea de la Concepción que, ya mayor, volvió a Marruecos porque sentía que llegaba su hora y quería ser enterrado en un cementerio islámico», relata.

En Andalucía apenas hay dos o tres cementerios musulmanes «y están a tope» y en toda España unos pocos más con el mismo problema de saturación. Claramente insuficientes si se tiene en cuenta que la población musulmana en el país supera los 2,5 millones de personas, aproximadamente el 5% del total. Y en Andalucía hay cerca de 400.000.

Pero el de los cementerios musulmanes es solo un ejemplo de los agravios que, denuncia, padece esa misma comunidad musulmana amenazada, en su opinión, por el auge de la derecha radical. Que existan diferencias hasta en el paso al más allá es solo uno de los agravios, especialmente llamativo eso sí, que sufren quienes «son tachados de extranjeros cuando son nacidos aquí». Lo dice en primera persona, puesto que él mismo es español, nacido en Ceuta hace 49 años y residente en Algeciras desde hace 26. «No tenemos plenos derechos», manifiesta con rotundidad.

El partido que lidera, explica, es islámico «pero no islamista», «ni de izquierdas ni de derechas» aunque «conservador» y hunde sus raíces en el «humanismo islamista» que floreció en la época de mayor esplendor de Al Andalus, la España bajo dominio musulmán. Dris habla de la «Edad de Oro del Islam», «donde la fe convivía en armonía con la razón, la ética y la exaltación de la dignidad humana».

No se trata de islamizar otra vez España, no. Pero sí, afirma, de recuperar aquel esplendor pasado que dio figuras de la talla de Al Jahiz (pionero en prosa y antropología);Ibn Miskawayh (que escribió sobre la ética y se centró en la felicidad moral);Al-Farabi (que buscó la armonía entre filosofía y religión) o Ibn Rush, más conocido como Averroes (defensor radical de la razón).

"Andalusismo, con ese"

Si se le pregunta cómo definiría el ideario de su partido, Dris lo resume en una palabra: «Andalusismo, con ese», por su inspiración en Al Andalus y por su aspiración a refundar aquella edad dorada.

Se define, además, como «nacionalista andaluz», aunque «no es excluyente, no somos separatistas aunque queremos expandirnos», matiza.

Propugnan, dentro de ese «andalusismo con ese» la expansión de Andalucía, ampliando sus límites e incluyendo dentro de ellos a los dos ciudades autonómas en el norte de África, a Ceuta y a Melilla, con la que, recalca, hay lazos históricos y culturales que justifican, insiste, que formen parte de la comunidad andaluza. Lo que sucede, se lamenta, es que «nuestra memoria ha sido borrada».

No se queda ahí el ansia expansionista del Partido Andalusí, que aspira, igualmente, a integrar en ese nuevo Al Andalus a las islas Canarias, donde «los políticos hacen lo que quieren». No le resulta fácil justificar este punto con argumentos históricos, pero tampoco parece que eso importe demasiado.

No se olvidan Dris y los suyos de los descendientes de aquellos 300.000 moriscos expulsados en el siglo XVII y plantean que, desde el Gobierno español, se les haga un «reconocimiento del agravio» como «se les hizo a los sefardíes», a los descendientes de los judíos desterrados también de la España reconquistada por los cristianos. «No quieren la nacionalidad, solo un reconocimiento, que se les pida perdón», puntualiza.

Dris Mohamed Amar compatibiliza estos días su trabajo como mecánico -«tengo una caja de herramientas y voy cuando me llama un vecino a arreglar su coche o su moto»- con su faceta de político, sin dejar a un lado su papel destacado dentro de la comunidad musulmana.

«He trabajado de todo», dice, desde operario en una planta de acero, a regentar una hamburguesería o repartir paquetes para una empresa de mensajería para mantener a su familia, a su mujer y a sus cuatro hijos -la último un bebé de solo tres meses- y, ahora, para sufragar los gastos de una campaña sui generis que se basa, principalmente, en las redes sociales y en el espacio que logran ocupar en los medios de comunicación con su pretensión de reeditar Al Andalus en el siglo XXI. En su estreno, en las municipales, apenas sacaron 320 votos, pero ahora sueñan con alcanzar los 30.000 que les daría un escaño autonómico.