






















Lo novedoso aquí es eso: que el gusto por el calzado de goma o gelatina -de ahí viene lo de jelly-, más típico de la infancia conquista también a los mayores. Es lo que también se conoce como kidcore o estética kidult, y que mezcla lo adulto con la nostalgia infantil.
Divertidas, originales y sin duda llamativas, las cangrejeras dicen mucho de quien las luce. ¿La razón? Lo más facilón sería pensar que se trata de simple nostalgia de aquellos (maravillosos) años 80 y 90 en los que, al menos en España, la mayoría de niños y niñas hicieron de esas sandalias de goma su básico veraniego. Sobre todo, claro está, cerca del mar, de los ríos y de las piscinas. Y es cierto; ese confort emocional existe.
Pero hay más. El origen real y fashionista de este calzado se encuentra en la firma brasileña Melissa, que nació en 1979 de la disrupción "para transformar el plástico en clásico, y lo clásico en extraordinario", según asegura la propia marca. Y desde que hace unos años, las jelly shoes han sido legitimadas por conocidas influencers y estrellas del street style, y también por el universo del lujo con firmas como The Row, Chloé, Jimmy Choo o Tory Burch, nuestra percepción sobre ellas es todavía más interesante y compleja.

Modelo tipo chancla de Jimmy Choo.
Clara de Nadal Trías, periodista y coolhunter, speaker y fundadora de CoolhuntingLab, explica que el regreso de las cangrejeras en todas sus versiones -sandalias, bailarinas, tipo mule...-, que forman parte del imaginario colectivo de varias generaciones, responde a una combinación de factores. Por un lado, "la moda lleva años revalorizando objetos cotidianos, funcionales o incluso considerados antiestéticos", asegura. Por otro, "vivimos un momento de fuerte búsqueda emocional en el consumo. Hoy no consumimos únicamente por necesidad, sino también por impulso. Y ese impulso se construye a través de la creatividad, la inspiración, el storytelling y las estrategias de marketing que las marcas despliegan para generar deseo".
El tipo de calzado que nos ocupa encaja perfectamente con esta lógica. "Son prácticas y veraniegas, y también evocan recuerdos asociados a las vacaciones, la playa y la infancia. Y la nostalgia se ha convertido en una de las herramientas más poderosas del marketing contemporáneo porque permite activar vínculos emocionales profundos con el consumidor", explica la también investigadora y analista de tendencias culturales y de comportamiento del consumidor.

Cangrejeras de Tory Burch.
El hecho de que los adultos incorporen referencias asociadas a la infancia como una forma de expresión personal, evasión emocional o búsqueda de bienestar no significa que quieran volver a ser niños, "sino de recuperar elementos que aportan ligereza, juego y optimismo en una vida adulta cada vez más exigente". Así se reactiva una "memoria emocional". No se trata de reproducir el pasado sino de reinterpretarlo con códigos sofisticados y aspiracionales.
Sin embargo, continúa Clara de Nadal Trías, "la nostalgia contemporánea va mucho más allá del recuerdo. No vende pasado sino seguridad emocional. No compramos unas jelly shoes porque queramos volver a una década concreta, sino porque evocan sensaciones asociadas a una etapa percibida como más sencilla y emocionalmente reconfortante".

Chanclas jelly de Parfois.
Lo que está claro es que las cangrejeras de goma modernas, y todas sus declinaciones cuquis y también de lujo no dejan de pertenecer a ese selecto club de los ugly shoes o, dicho de otro modo, zapatos feos, al menos según la perspectiva estética más normativa.
"El concepto tradicional de belleza en moda lleva años cuestionándose", explica la fundadora de CoolhuntingLab. Y da en la clave cuando asegura que "vivimos en una economía de la atención donde destacar resulta más valioso que encajar. Los productos que generan conversación, sorpresa o incluso cierta polarización tienen más capacidad para captar interés que aquellos que simplemente resultan bonitos".
Además, continúa, el auge de la ugly fashion "refleja un cambio cultural más profundo. Durante años la moda aspiró a la perfección; hoy aspira a la autenticidad. El consumidor busca piezas que expresen identidad, sentido del humor o singularidad, incluso cuando desafían los códigos tradicionales del buen gusto".
Una teoría que, por otro lado, es extrapolable al gran icono desestacionalizado que son las Crocs. "En la moda contemporánea, muchas veces lo memorable tiene más valor que lo convencionalmente bello. Lo mismo ha ocurrido con Crocs o UGG, productos que durante años fueron considerados algunos de los zapatos más feos del mercado y que, sin embargo, acabaron siendo legitimados por la industria de la moda", analiza De Nadal Trías.
Y reconoce que el éxito de este tipo de calzado "demuestra que hoy la relevancia cultural, la capacidad de generar conversación y la conexión emocional con el consumidor suelen pesar más que los criterios tradicionales de belleza".
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