




















En la quinta y última planta de la sede de grupos municipales, número 71 de la calle Mayor, conviven los cinco alfiles de una formación hecha jirones como es Vox. Mucho más tras la reciente y explosiva entrevista con EL MUNDO. No hay olor a napalm ni a azufre, aunque cualquiera podría pensarlo por esa cortante tensión desde que amaneció 2026. Sobre todo, cuando el partido que preside Santiago Abascal instó a Javier Ortega Smith a entregar la portavocía a la número tres, Arantxa Cabello, quien lleva semanas viéndose agarrando un timón que sigue sin poder empuñar. Ante su negativa, tres expedientes de expulsión sobrevuelan la escena política madrileña. Y no sólo para Ortega, sino también para Carla Toscano e Ignacio Ansaldo. Con Fernando Martínez Vidal, el quinto elemento de la ecuación, orbitando en sintonía con las directrices de Bambú. En dos semanas, un nuevo Pleno municipal. Y, probablemente, un nuevo capítulo de Guerra Fría como el de marzo.
En medio de ese relato a sangre y fuego, en el que son protagonistas algunos de los que fueron compañeros, amigos y, en algún caso, hasta confidentes, Ortega Smith prosigue su cruzada. Y con su contundencia habitual, en la cara estrictamente municipal de la polémica entrevista, detalla algunos porqués del turbulento lienzo actual. El aún portavoz toma la palabra para hablar sobre la fidelidad y la traición, cuestiones recurrentes en estas últimas y crudas semanas.
«La fidelidad nunca me sorprende porque yo correspondo. Sí que me sorprenden las traiciones, sumisiones y cobardías. Sinceramente, no me las esperaba. Yo no tengo a mi lado ni meto en una lista electoral a alguien que sé que es un traidor». Es evidente que sus dardos se dirigen a la concejala Arantxa Cabello, a quien, por cierto, él mismo colocó dos veces como número tres de las dos listas municipales que elaboró. Ortega da su explicación. «Cuando a mí me piden hacer las listas la primera vez (2019), me proponen a Arantxa, me dicen que es una funcionaria que sabe mucho de impuestos y me pareció muy interesante tener una persona con esa experiencia. Luego la he visto trabajar desde el 2019 a 2023, haciendo un brillante trabajo, y cuando me proponen que confeccione las listas de 2023 me parece de justicia que Arantxa esté». Hasta ahí, la calma...
«No me esperaba que esta persona fuera capaz de ser tan traidora. Y cuando digo traidora no es porque esto sea el grupo municipal de Ortega ni porque me esté traicionando a mí personalmente. Es que está traicionando la confianza que nos han depositado los madrileños, que votaron una candidatura que encabezaba yo. Desgraciadamente, hay personas que prefieren venderse por un plato de lentejas. Les han dicho: 'Tú no te preocupes que vas a ser la portavoz'. Les puede el ego y la vanidad; se vienen arriba y son capaces de traicionar a sus compañeros. Son cosas que nunca comprenderé, porque yo prefiero estar en la calle antes que traicionar a un amigo o a un compañero», pronuncia sin pestañear, antes de seguir con unos reproches que tendrán más consecuencias en esa ya insoportable convivencia.

Los cinco concejales de Vox, durante un Pleno municipal.ÁNGEL NAVARRETE
«Jamás he recibido una crítica de Arantxa. Nunca ha llamado a mi despacho y me ha dicho: 'Javier, estoy completamente en desacuerdo con tu intervención, tu actuación o con cómo diriges este grupo'. Todo lo contrario: 'Magnífico portavoz, qué maravilla. Qué bien te ha quedado, qué bien lo haces...'. Ella tiene un complejo de narices porque dice: 'Yo voy a las entrevistas y nadie me escucha'. Esto lo repetía siempre y yo solía decirle que daba igual, que aquí somos un equipo. Pero cuando la suben un poquito en un pedestal, se cree la reina de Saba». Pese a todo, Ortega no altera su guion: «Tenemos un mandato que termina en mayo del 27 y hasta entonces nos debemos a un proyecto político del que hemos sido fieles. No he traicionado este proyecto ni cambiado el discurso». Es la ruta que tiene en mente.
Pero hay un expediente de expulsión del partido sobre la mesa que le hace medir cualquier gesto oficial. O no tanto, según se desprende de la entrevista con este diario. «Voy a pelear contra una decisión absolutamente arbitraria que fue la decisión de un Comité Ejecutivo, que sin dar una sola razón, manda un correo al secretario general, a todos los concejales, diciendo que quieren cesar al portavoz Ortega y nombrar a Arantxa sin darnos una sola razón. Y a mí eso me parece de una chulería y de una arbitrariedad antidemocrática y de una ingratitud supina. Si no nos quieren en listas, o nos quieren echar, será su responsabilidad».
Su affaire se encuentra recurrido por vía interna, pero no se termina de resolver el último recurso de alzada presentado ante el Comité Ejecutivo Nacional. «Tal vez no lo resuelven porque ha saltado a la palestra cómo están presionando al Comité de Garantías con lo que comentó recientemente [Alberto] Garre -hasta hace unos días número dos de ese comité-, diciendo que está harto de comportamientos cuasi mafiosos y de presiones del Comité Ejecutivo. A lo mejor es que ahora no se atreven a dictar la resolución», lanza ahora hacia el cielo de Vox, y añade: «De la justicia, entre comillas, y de los procedimientos internos no me fío nada. Están controlados y manipulados. Cuando yo era secretario general, el Comité de Garantías actuaba con independencia. Ahora es un simple apéndice de los de arriba».
Sean cual sea el timing de la resolución, él tiene claro su destino: «Seré expulsado del partido». Y asegura también saber explicar el principal motivo de su situación: «No me he puesto de rodillas y no he cumplido autocesándome como portavoz. Como si mi trabajo en todos estos siete años hubiera sido malo, miserable y mereciera que ni siquiera tengo derecho a seguir hasta mayo del 27. Lo voy a pelear donde puede haber algo de justicia, que es en los tribunales ordinarios. Y voy a apelar a la vulneración de derechos fundamentales y a los comportamientos irracionales e ilegales».

Javier Ortega Smith, durante la entrevista con EL MUNDO.MUNDO
-¿En circunstancias normales el cuerpo le habría pedido presentarse una tercera vez?
-Por supuesto. Yo siempre lo he dejado muy claro. He venido a transformar Madrid y seguir adelante con nuestro proyecto de acabar con la Zona de Bajas Emisiones (ZBE), bajar los impuestos al mínimo posible, conseguir que haya seguridad y estén limpias nuestras calles, terminar con las imposiciones como la tasa de basuras... Hay muchísimas cosas que hacer en Madrid y nuestra tarea no ha terminado. Claro que hubiera deseado, y sigo deseando, poder optar a una tercera legislatura. Y una cuarta... El objetivo es llegar a la Alcaldía. No estoy jugando como algunos que parecen querer llegar al Gobierno de España, pero se sienten muy cómodos en una oposición que no les genere la responsabilidad. El no gobernar es siempre estar viendo los toros desde la barrera, pero saltar al ruedo es muy distinto. Cuando me presenté por primera vez, en 2019, no lo hice para conseguir un acta de concejal y vivir cómodamente en el calorcito de la oposición, sino para intentar ser alcalde.
-O sea, que si depende de usted...
-Bueno, no sólo depende de mí tratar de ser alcalde. Depende de dos cosas. La primera, y más importante, que lo quieran los madrileños. Y la segunda, que tu partido te deje trabajar. Porque en los últimos dos años hemos trabajado en solitario, sin apoyo del partido. La campaña la tuvimos que hacer nosotros con nuestros medios. No hubo un solo acto de este grupo municipal al que viniera el presidente [Abascal] para apoyarnos. No hubo un solo acto municipal en el que se nos diera visibilidad. Se nos estaba queriendo apagar y, a pesar de todo, conseguimos un concejal más. Ahora los madrileños nos dicen en las encuestas que podemos llegar a nueve concejales y ser decisivos si el PP vuelve a no tener mayoría absoluta.
-¿Se plantearía aspirar a la alcaldía sin las siglas de Vox?
-Pues mire, Vox es mi partido y yo voy a luchar porque sea con Vox. Ahora, si me habla de un futurible y si algún día ya no soy del partido porque me han echado...
Evidentemente, se trata de algo más que una mera hipótesis. «Si de Bambú dependiera, hace ya unos meses que estaría fuera del partido. Cuando ocurra, ya lo valoraré. No estoy aquí para defender unas siglas ni un nombre o un líder determinado. Estoy aquí para defender, como la inmensa mayoría de los afiliados y simpatizantes y votantes, unas ideas», argumenta de nuevo, antes de dejar otro par de reflexiones sobre su futuro. La primera: «Si esas ideas se defienden en Vox, bienvenido sea». La segunda: «Si Vox desgraciadamente no me deja trabajar por esas ideas, o Vox decide no defender las porque tiene que defender a Putin, o tiene que defender los negocios particulares de alguien, me tendré que pensar muy seriamente si merece la pena seguir luchando en este proyecto. Hoy, este proyecto sí merece la pena y es la mejor alternativa».
Tiempos revueltos en los que el alcalde, José Luis Martínez-Almeida, con quien se las ha tenido tiesas desde 2019, se ha puesto de su lado. Hay quien, tal vez, se lo habría tomado como un dardo envenenado. No ha sido su caso. «No sólo no me ha molestado, sino que lo he agradecido públicamente y en privado. A mí nadie me podrá decir que yo soy pro Almeida y Almeida lo sabe. Sabe que le he criticado hasta la saciedad. Si ha habido alguien que le ha cantado las 40 en público y en privado, he sido yo. Ahora bien, me gusta ser coherente y leal, y si una persona te muestra afecto en un momento determinado, y dice públicamente que lo que te están haciendo es una arbitrariedad, y encima te reconoce que has defendido el proyecto de Vox a capa y espada, aunque él no lo comparta, se lo agradezco. Ha sido mucho más justo y coherente que muchos que se decían compañeros y que a la primera de cambio han venido a clavarte un puñal en la espalda», reconoce, mientras ensalza el papel de Almeida con los pactos de la Villa. «Muy pocos alcaldes, creo que ninguno desde la Transición, han sido capaces de unir a todos los grupos políticos».

Ortega Smith, en los despachos del grupo municipal.ÁNGEL NAVARRETE
-De lo que no hay duda es de que, a un año vista de las elecciones, esto no le viene nada bien a Vox.
-Es malo que se vea un partido en el que se expulsan a las figuras que han luchado por ese partido por toda España. Es malo y los electores lo perciben. Ven que se empieza a sospechar de comportamientos irregulares o de que no haya transparencia. Esto me hace pensar que los electores le pueden pasar factura a Vox y esto es muy triste porque se sientan defraudados. A mí me han llamado muchas personas y me han dicho que no van a votar a Vox por lo que están haciendo conmigo o han hecho con Iván [Espinosa de los Monteros] o con Antelo. Es tristísimo que esté ocurriendo todo esto, pero no tenemos la culpa los que lo estamos denunciando, sino los que nos señalan, nos expulsan y nos niegan el pan y la sal. Los que nos han puesto todo tipo de trabas para viajar, para poder hacer entrevistas, para poder seguir defendiendo este proyecto. Me han criticado por hacer lo que venía haciendo este partido, como luchar contra las zona de bajas emisiones o los menas.
Ortega vuelve a dejar el lapicero encima de la mesa y mira hacia algunas de las fotografías que decoran su despacho. Épocas pasadas donde resultaba imposible (o no) intuir la tormenta que se le venía encima. «Si nos echan a los que hacemos lo mismo que veníamos haciendo desde que se fundó es porque ahora quieren hacer cosas distintas y yo no sé quién les está dictando este tipo de políticas. Eso no es lo que quiere la inmensa mayoría de los votantes, afiliados y simpatizantes». Es (por ahora) la última cruzada de Ortega Smith.
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