El primer cruce
"Cuando se revelan fallos de previsi�n, vac�os normativos o carencias materiales, lo m�s desesperante no es la ausencia de dimisiones, sino de cambios"

Fernando Sim�n.EFE
Actualizado
Audio generado con IA
No sab�a que sufr�a estr�s postraum�tico hasta que apareci� en la pantalla Fernando Sim�n. Que el hombre que en 2020 pronostic� que no habr�a m�s que un pu�ado de contagios siga al frente del Centro de Coordinaci�n de Alertas y Emergencias Sanitarias tras la muerte de cien mil personas dice mucho de c�mo entendemos la rendici�n de cuentas en Espa�a. No tengo nada personal en su contra. S�lo pido que le exijamos lo que le exigir�amos a un fontanero que pronostica goteras insignificantes y es sorprendido por una inundaci�n: una disculpa y un paso atr�s.
Siendo rigurosos, quiz� a�n no se den las condiciones para hablar de una crisis del hantavirus. Ser�a m�s preciso hablar de p�nico. La palabra crisis remite a una situaci�n objetiva de riesgo; el p�nico es un estado de �nimo. Y como no me siento especial, sospecho que es un sentimiento que comparto con muchos espa�oles que tambi�n han escuchado las atipladas llamadas a la calma de Fernando Sim�n.
Claro que el p�nico va m�s all� de �l. Es una reacci�n instintiva a la forma descoordinada y err�tica con que reacciona nuestra Administraci�n, que no s�lo no responde por sus errores, sino que no aprende de ellos. Cuando se revelan fallos de previsi�n, vac�os normativos o carencias materiales, lo m�s desesperante no es la ausencia de dimisiones, sino la ausencia de cambios.
Hemos escuchado a Margarita Robles hablar de cuarentenas voluntarias, a M�nica Garc�a referirse a los instrumentos legales disponibles para imponerlas y a los gobiernos de Canarias y Madrid quejarse de falta de coordinaci�n. Fernando Clavijo ha logrado que el MV Hondius no atraque en Tenerife, sino que permanezca fondeado mientras los pasajeros son trasladados en barca. �De verdad no existe un protocolo para una situaci�n as�? �Todo queda al criterio improvisado del dirigente de turno? Si Clavijo hubiera exigido que los traslados fueran en kayaks o en flotadores con forma de flamenco, �se habr�a considerado?
En Madrid, a cuyo hospital G�mez Ulla llegar�n los 14 espa�oles a bordo, la inquietud proviene de la falta de claridad respecto al traslado y el confinamiento. De nuevo: tras haber sufrido una pandemia, el Gobierno no aclara bajo qu� marco se puede confinar a un ciudadano contra su voluntad si se estima que supone un riesgo para la salud p�blica. Hay algo desolador en revivir todo: no s�lo sufrimos crisis, sino que el tiempo revela que no aprendemos nada de ellas. A este paso, sufriremos otra pandemia antes de haber auditado la anterior.
Con la administraci�n p�blica ocurre algo parecido a lo que sucede en un equipo de f�tbol cuando un jugador deja de bajar a defender y no pasa nada: los dem�s entienden que el esfuerzo es opcional. El cargo p�blico que comprueba que la negligencia no se castiga termina concluyendo que la exigencia carece de valor. Primero es uno, luego otro, y al final la irresponsabilidad se contagia. As� se instala una cultura de impunidad en la que la dejadez deja de ser una excepci�n para convertirse en norma.
Por lo menos en el vestuario del Real Madrid el fracaso hace estallar el orgullo. Es un consuelo. Peor es que el fracaso estalle en indiferencia.

























