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Operaban en la sombra, pero con una eficiencia casi quir�rgica. Un cliente abr�a una aplicaci�n de reparto, eleg�a un restaurante que mostraba fotos impecables de sus platos, cientos de rese�as y apariencia de marca consolidada, y hac�a su pedido. Lo que no sab�a es que, en muchos casos, ese negocio no exist�a m�s all� de la pantalla.
Detr�s hab�a un intermediario que cobraba el encargo y lo reenviaba, en cuesti�n de segundos, a una red paralela de cocineros an�nimos que compet�an entre s� para prepararlo al menor coste posible. Ganaba el m�s barato. Perd�a, casi siempre, la calidad. En algunos casos, hab�a se�oras mayores que cocinaban desde sus casas. Nada de esto pasaba ning�n control sanitario.
As� funcionaban en China los llamados "restaurantes fantasma": establecimientos sin local f�sico ni ning�n tipo de licencia propia. Algunos alquilaban permisos de terceros; otros falsificaban documentos o reciclaban datos de negocios ya cerrados. El resultado era un ecosistema digital donde una misma cocina pod�a operar bajo m�ltiples nombres, simulando cadenas con cientos de sucursales inexistentes. Como una supuesta marca de tartas con cerca de 400 tiendas, que result� ser una ficci�n construida sobre licencias falsas y cocinas invisibles.
Hace unos d�as, las autoridades del gigante asi�tico destaparon toda esta trama, que contaba con una engrasada cadena de suministro opaca en la que los pedidos se subastaban en plataformas intermediarias. El consumidor, ajeno a este circuito, recib�a el producto final sin saber cu�ntas manos hab�an intervenido en su pedido.
La respuesta de Pek�n ha sido contundente. La Administraci�n Estatal para la Regulaci�n del Mercado (SAMR) impuso multas por un total de 3.600 millones de yuanes (alrededor de 450 millones de euros) a siete grandes plataformas digitales por no verificar adecuadamente a los vendedores.
El regulador concluy� que empresas l�deres del comercio electr�nico y reparto hab�an incumplido su obligaci�n legal de revisar licencias y cualificaciones, permitiendo la proliferaci�n de operadores irregulares. Adem�s de las sanciones econ�micas -las m�s elevadas desde la reforma de la ley de seguridad alimentaria en 2015-, orden� rectificaciones inmediatas y un refuerzo de los controles internos.
Las plataformas se�aladas son Taobao (propiedad de Alibaba), JD.com, Meituan, Pinduoduo (propiedad de Temu) y Douyin (la versi�n china de TikTok). La SAMR declar� en un comunicado que hab�a "ordenado a siete plataformas de comercio electr�nico que rectificaran sus actividades ilegales e impuesto multas". Seg�n inform� el regulador, los representantes legales de las empresas tambi�n fueron multados con un total de 19,7 millones de yuanes, que al cambio son 2,5 millones de euros.
La investigaci�n revel� que las plataformas "no hab�an revisado ni comprobado rigurosamente las licencias de los operadores de alimentos que ingresaban a sus redes, e incumplieron la obligaci�n de revisi�n de cualificaciones de acuerdo con la ley", declar� la SAMR.
Los medios locales informaron que todo esto empez� con una queja aparentemente menor: un cliente en Pek�n denunci� haber recibido un pastel de cumplea�os decorado con una flor no comestible. La reclamaci�n activ� una inspecci�n que, con el paso de los meses, se convirti� el a�o pasado en una investigaci�n a nivel nacional. Casi un a�o despu�s, el balance era contundente: m�s de 67.000 vendedores "fantasma" identificados y m�s de 3,6 millones de tartas vendidas bajo este sistema.
Pero el esc�ndalo es solo la superficie de un problema m�s profundo: la feroz guerra de precios que atraviesa la econom�a digital china. En el sector del reparto, como en otros (veh�culos el�ctricos, paneles solares o comercio electr�nico), las plataformas compiten en una espiral descendente de descuentos, subsidios y promociones agresivas para captar usuarios. Esta din�mica describe un ciclo de competencia extrema en el que todos los actores reducen m�rgenes hasta niveles insostenibles sin lograr una mejora real en productividad o innovaci�n.
En este contexto, el incentivo para abaratar costes a cualquier precio se vuelve estructural. Restaurantes y proveedores, presionados por comisiones elevadas y precios finales cada vez m�s bajos, recurren a pr�cticas extremas, rozando la legalidad, para sobrevivir. Las plataformas, por su parte, priorizan el volumen de transacciones sobre el control, confiando en algoritmos y sistemas automatizados que, como ha demostrado este de los "restaurantes fantasma", resultan insuficientes para garantizar est�ndares b�sicos de seguridad alimentaria.
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