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Portada // elmundo

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La esquina que incendia Belfast: "No es un sitio por el q...
AP · 2026-06-12 · via Portada // elmundo

Un coche con una bolsa de plástico en lugar del cristal de la puerta delantera derecha marcaba ayer el lugar en el que Stephen Ogilvie fue apuñalado por Hadi Alodid el lunes por la noche, en un ataque que ha generado la mayor oleada de violencia en la capital de Irlanda, Belfast, en casi tres décadas.

A un lado están las viviendas del Estado que acogen a personas con bajos recursos. Al otro, el Centro de Acogida de Thorndale, de la organización cristiana Ejército de Salvación, una institución que desarrollo una acción social similar a Cáritas en España. Es una zona obrera, de ingresos bajos, que da a unos prados del color verde esmeralda de la naturaleza de Irlanda del Norte. "No es un sitio por el que debas andar de noche", comenta un parroquiano en un pub de la vecina Avenida Kinnaid.

Al lado del pub, una casa conm tres banderas: la de la República de Irlanda, la del Sin Féin -el partido de los católicos de ese territorio, y antiguo brazo armado de la organización terrorista IRA-, y la de Palestina. Toda una declaración política y social. Es un barrio obrero, católico -o, como se dice en Irlanda del Norte, "unionista", o sea, partidario de la integración con la República de Irlanda- en cuyos pubs la gente hacía ayer por la tarde apuestas en las carreras de caballos que retransmitían las televisiones. Pero cerca, en Tiger's Bay, empieza la zona 'del régimen -'loyalist'-, protestante y a favor de seguir en el Reino Unido.

La gran paradoja es que, probablemente, ni Alodid ni Ogilvie son católicos. El primero es de nacionalidad sudanesa, un país estrictamente islámico que, hasta una década y media, fue acusado de perpetrar genocidio contra las comunidades cristianas y animistas que acabaron por hacerse independientes. Y Ogilvie es un apellido escocés. Los 'scotch-irish', o 'escoceses-irlandeses' llegaron a Irlanda en el siglo XVII. Eran fanáticos protestantes que fueron empleados por el Gobierno y los terratenientes británicos para conquistar a la población local católica. Muchos de ellos emigraron después a lo que hoy es Estados Unidos, donde forman la base social y cultural de Apalachia y el Sur del país. Y también del trumpismo.

Los vecinos insisten en que Alodid y Ogilvie vivían en el mismo bloque, una de las dos casas de cinco pisos enfrente del Centro de Acogida de Thorndale. Allí, cuando todavía era de día, Alodid apuñaló en el cuello, la cara y el pecho a Ogilvie, cuya vida, según las autoridades, no corre peligro pero que, según algunas informaciones sin confirmar, podría estar en coma.

Ésa fue la mecha que encendió el polvorín. Desde entonces, Belfast vive en un estado de alerta como no se conocía desde que protestantes -con la ayuda de las Fuerzas Armadas británicas- y católicos andaban a tiro limpio en las calles. "Los problemas ('troubles') me robaron mi infancia y mi adolescencia. No quiero que esto vuelva a pasarme ahora en la vejez", declaraba ayer Paul, jubilado de 71 años, en su casa de Sandyknowes Park, un barrio tradicionalmente protestante en las afueras de la ciudad.

El miércoles por la noche un grupo perfectamente coordinado de manifestantes que se enfrentaba con la policía, robó una furgoneta, le prendió fuego y la estrelló contra el muro de la casa de Paul. El muro está agrietado, y en dos columnas faltan los remates de piedra en forma de pirámide. Los manifestantes, todos chicos jóvenes, con la cara tapada, que aparecieron a las siete de la tarde, los arrancaron para tirarlos contra las fuerzas de orden. Al otro lado de la calle, solo queda el armazón carbonizado de una casa. "Los dueños tuvieron suerte porque solo lo usaban como almacén", explicaba Paul.

Sin casa

Desde que explotó la violencia, el martes pro la noche, alrededor de 25 personas se han quedado sin casa en Belfast, de acuerdo con los datos oficiales. La mayor parte de ellas son inmigrantes. Los manifestantes, normalmente, saben qué casas incendian. El ministro para Irlanda del Norte, Hilary Benn, ha calificado lo que está pasando de "vandalismo racista". Es, además, un vandalismo bien organizado. Los grupos anti inmigración se comunican a través de Facebook y WhatsApp. Y siguen una tradición de la época de la violencia religiosa: iniciar sus acciones después de salir de trabajar y de cenar. Entretanto, la policía ha resucitado las tácticas del pasado: balas de goma y cañones de agua. La violencia contra los inmigrantes ya estalló hace un año en la vecina Londonderry, en aquella ocasión por una violación perpetrada por dos rumanos. Ahora parece tan prevalente como la due la guerra entre católicos y protestantes.

La gran diferencia es que ahora católicos y protestantes están unidos contra la inmigración, que fluye desde la República de Irlanda, con la que Irlanda del Norte no tiene frontera, pese al 'Brexit', para, precisamente, evitar una vuelta de la violencia tribal de los 'troubles'. Mike, un pintor cuyo padre "se pasó tres años mirando debajo del coche, porque la policía le dijo, por error, que estaba en la lista de blancos de los terroristas", cree que es posible que estos violentos disturbios estén siendo organizados por "gente que fue del IRA y de los 'paramilitares'", en referencia a las dos principales organizaciones -una, católica, la otra, protestante- de la violencia religiosa del pasado.