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Rodrigo Rey Rosa: "Los criollos heredamos los peores moda...
Antonio Luca · 2026-04-27 · via Portada // elmundo

Entrevista

El escritor guatemalteco publica 'Animal colonial', novela vertiginosa sobre el exceso en las c�rceles masivas como las de Bukele en El Salvador y el atropello de derechos a las sociedades ind�genas

Rodrigo Rey Rosa: "Los criollos heredamos los peores modales de aquella Espa�a que M�xico denuncia"

Actualizado

De entre la vasta escuder�a de escritores latinoamericanos de ahora, Rodrigo Rey Rosa (Ciudad de Guatemala, 1958) es (acaso) de los m�s extravagantes. No por vocaci�n ruidosa, sino por su puro silencio, elegancia, discreci�n y desapariciones. Hijo de una familia acomodada, viajar es parte de su escritura. Abandon� la carrera de Medicina, descubri� a Borges, viaj� pronto a Europa y despu�s a Nueva York. M�s tarde a T�nger para compartir un rato de experiencia con Paul Bowles. Luego pas� de nuevo por Guatemala. Volvi� a marchar a cualquier lugar. Ahora reside en Atenas. Es un escritor sofisticado, mundano, con una escritura esencial que impacta de lleno contra las razones del exceso pol�tico, policial, burocr�tico. Una literatura que denuncia sin perder la condici�n de precisi�n, la sequedad de la belleza.

Trae novela nueva,Animal colonial (Alfaguara), en la que vuelve a sus territorios de narrador: una trama de excesos contra los m�s perjudicados. Inventa un pa�s centroamericano, Nueva Verapaz, y en �l sit�a una de las c�rceles masivas y congestionadas que han dado fama al presidente salvadore�o Nayib Bukele, socio de Trump en las deportaciones desaprensivas impulsadas por el ICE (Servicio de Inmigraci�n y Control de Aduanas de EEUU).

Para saber m�s

Prisi�n, la de Rey Rosa en la novela, donde se hacinan 50.000 presos. La llaman El Infiern�n. Unos est�n dentro con delitos y otros porque s�. Uno de los protagonistas, Esteban, fue apresado por la sola raz�n de grabar un documental de las maras. Y detr�s del proyecto del Infiern�n hay un cient�fico, el doctor Rossignon, que prueba en los reclusos una tecnolog�a para controlar sus cerebros: emociones, sue�os, deseos... Todo distop�a, todo posibilidad. Tambi�n un inframundo ind�gena tiene su sitio en Animal colonial, v�ctima de todos los atropellos humanos posibles. La eficacia y belleza de la escritura de Rey Rosa es formidable, contundente, precisa hasta pelar el hueso. �Qui�n nos puede asegurar que en las c�rceles gigantes de Bukele no se dan ya casos de manipulaci�n f�sica, de castraci�n qu�mica, de cualquier exceso m�s all� de normas y leyes�, dice Rey Rosa. Qui�n nos dice que esos pa�ses no son laboratorio de lo que vendr�.

Su pa�s inventado, Nueva Verapaz, tiene modelos claros pero usted extrema el augurio.
Quiz� estamos ya en esa ficci�n tan real y no nos hemos dado cuenta.
�Eso cree?
Bueno, ya nos tienen dominados con chips. Todo est� hiperconectado y nuestros datos personales van de un lugar a otro sin l�mite. Adem�s est� el desarrollo de la Inteligencia Artificial, que aplicada en esos t�rminos, har� mucho m�s f�cil el control del individuo. Nuestras comunicaciones y movimientos est�n completamente registrados. As� es la nueva normalidad del mundo. Da que pensar.
La c�rcel del 'Infiern�n' es un espejo de las c�rceles masivas de Bukele. �Hemos claudicado a ese horror?
Son lugares donde cualquier dignidad humana queda arrasada. Lo que propongo en la novela es una especulaci�n, pero nadie puede estar seguro de que algo as� no se haga con los reclusos: conectar sus cerebros artificialmente para controlarlos. Claro que es una ficci�n, pero no me extra�ar�a que un d�a supi�semos que algo parecido ocurri�. Imagino que para quienes han proyectado estos lugares, no aprovechar a toda esa gente presa que ha perdido cualquier derecho ser�a un desperdicio.
Estas prisiones masivas han tenido mucho �xito en Latinoam�rica.
As� es. No s�lo en El Salvador de Bukele, tambi�n en Panam� y en Costa Rica. Incluso en mi pa�s, Guatemala, una candidata a la presidencia propuso construir una de esas prisiones gigantes... Aunque el presidente actual, Bernardo Ar�valo, parece que intenta hacer las cosas mejor. Yo march� de nuevo de Guatemala despu�s de la pandemia. Me instal� en Atenas, ciudad que disfruto, pero atr�s dej� un pa�s que por momentos era un Estado del horror. Muchos amigos fueron apresados sin un motivo claro. Muchos periodistas est�n entre esa gente y el presidente actual intenta mejorar, pero parece que no puede llegar a m�s en las medidas para revertir el oscuro pasado reciente del pa�s.
En favor de una presunta seguridad, los ciudadanos aceptan cualquier cosa.
La seguridad, por desgracia, puede ser utilizada como una herramienta de dominaci�n. Algo as� permite que cualquier persona, por lo m�s nimio, sea v�ctima de un atropello. Qu� s� yo, desde grabar un documental sobre las maras, como le sucede a uno de los protagonistas de mi novela, como por cualquier absurdo. Por ejemplo, mirar mal a la hermana de un polic�a. Nadie est� a salvo de convertirse en v�ctima imprevista de los ultrajes del poder. Y la realidad muestra que son muchos los presos que han sido ingresado en las macroc�rceles que no ten�an que ver con el crimen. En El Salvador, despu�s de la popularidad de Bukele en los primeros a�os de su Gobierno, hoy son cada vez m�s ciudadanos los que no est�n a favor de los excesos y rechazan la brutal coacci�n.
En 'Animal colonial' sostiene que estos proyectos de violencia acaban en fracaso.
Quise permitirme un final feliz, si podemos llamarlo de esa manera. Si la realidad no concede mucha tregua, al menos que la literatura permita la venganza de aquello que nos desagrada.

"Hoy en d�a cada vez se habla con m�s cautela. La autocensura est� ganando el partido"

Otro de los aspectos de la novela es c�mo cada vez se recorta m�s el espacio de libertad.
Estamos en esas. Nosotros, los escritores, hablamos mucho de libertad pero tenemos las mismas dificultades que cualquiera. Y si nosotros, con herramientas, sentimos que hay un recorte claro en las capacidades de expresar el desacuerdo c�mo ser� para quienes no gozan de nuestra suerte o de nuestros conocimientos o de nuestras posibilidades para hacer frente. Cada vez se habla con m�s cautela. La autocensura est� ganando el partido. En EEUU, por ejemplo, sale cada vez m�s cara la cr�tica y uno sabe que ante determinadas ideas o formas de expresarlas podr�an venir a por ti.
El regreso de Trump a la Casa Blanca ha dado cuerda para que los peores instintos reaccionarios se impongan.
As� es. Hace poco escuch� a alguien decir que entre los ayatol�s y Trump se quedaba con Trump. Me intrig� mucho esa afirmaci�n, pues entre Trump y los ayatol�s debe de existir un repertorio donde escoger. Pienso en Europa, donde hasta no hace tanto los l�deres estaban repartidos en un espacio variado y nadie ten�a que plantearse un extremo como �nica elecci�n posible. Espa�a est� dando en este sentido el �nico ejemplo digno.
�En qu� sentido?
Su presidente no se ha dejado intimidar por Trump en la estrategia de amenazas constantes que dispensa el presidente de EEUU. Ha sabido decirle �no� igual que dio el paso al frente y conden� el genocidio operado por Netanyahu contra los ciudadanos de la Franja de Gaza, y despu�s tampoco ha apoyado su agresi�n injustificable a las gentes de L�bano. Insisto en que ha denunciado el genocidio sin doblez, algo en lo que el resto de Europa no ha insistido lo suficiente.
Las consecuencias pueden ser fuertes.
Seguramente habr� consecuencias, pero es preferible eso a no mostrar autoridad ni conciencia c�vica.
De momento parece que todo apunta al �xito del ideario reaccionario, muy apoyado por la tecnolog�a en su difusi�n y asentamiento.
La tecnolog�a no necesariamente es una aliada de la decencia. De hecho, mayormente no lo es. A lo mejor hay que tener en cuenta la opci�n de ir saliendo poco a poco de la absoluta dependencia tecnol�gica que tenemos. Aunque me temo que en t�rminos pr�cticos no es posible. En eso nos aventaja el Tercer Mundo, parad�jicamente. Muchos seres humanos viven obligados al margen del sistema y de alguna manera dejan de existir. Son los m�s fr�giles, pero tambi�n alcanzan, penosamente, una suerte de libertad o liberaci�n.
Pero usted conoce bien la tradici�n ind�gena de Guatemala y sus opciones de prosperidad est�n anuladas por esa misma condici�n de estar fuera de sitio.
Ya, aunque su fragilidad no es mayor que la nuestra si alg�n d�a nuestra red tecnol�gica se apaga o colapsa. En una situaci�n as� no sabr�a decir qui�n est� m�s en riesgo: ellos o nosotros. Cuando las ciudades se vuelven invivibles no hay acceso a la utop�a. Pero esto s�lo afecta a quienes habitamos esas ciudades, no a tantos hombres y mujeres a los que el progreso abandon�. A menos expectativas, menos necesidades.

Animal colonial

Rodrigo Rey Rosa

Alfaguara. 194 p�ginas. 19,90 � Ebook: 9,99 �

El regreso de Trump a la Casa Blanca ha reactivado sentimientos racistas y de odio que parec�an m�s o menos controlados.
Y ha incrementado un viejo sentimiento nacionalista que siempre estaba ah�. Esto ha degenerado en una terrible estigmatizaci�n del migrante. El mismo migrante que hace el trabajo que los nativos desprecian. El mismo migrante que necesitan para tantas actividades esenciales. �Qui�n va a recoger, por ejemplo, las cosechas? Algo, por cierto, que tambi�n sucede en Europa. Creo que Trump est� demostrando que estamos en el crep�sculo de un imperio, el suyo. Pens�bamos con enorme frustraci�n que ante �l no se pod�a hacer nada y lo est� haciendo �l solo. Me sorprende que sea tan r�pido. Trump se acerca al borde de su abismo, aunque deja por el camino demasiado sufrimiento y, probablemente, una divisi�n peligrosa entre los ciudadanos de EEUU.
Y ahora que han pasado algunos meses, �c�mo interpreta la irrupci�n de Trump en Venezuela y la extracci�n de Nicol�s Maduro para ser juzgado en Nueva York?
El tiempo ha pasado, as� es, y cada vez son m�s los venezolanos decepcionados. Creyeron en una suerte de promesa de cambio y en verdad casi nada ha cambiado respecto a lo anterior. A la vez, Trump ha descubierto que no es tan sencillo extraer el petr�leo a la velocidad que deseaban. Se creyeron due�os del petr�leo, pero en verdad no est� siendo del todo as�. EEUU est� abriendo tantos frentes que no podr� mantener sus batallas durante mucho tiempo.
En el �ltimo p�rrafo de ‘Animal colonial’ dice: "Las herencias culturales europea y amerindias no han dado paso a una producci�n art�stica o intelectual notable, todav�a, sino m�s bien a una nueva forma de incultura donde las mayores expresiones son el arte del asesinato pol�tico y una est�tica de la violencia y el cinismo".
Me temo que es as�. El alarde de la ignorancia es un com�n en demasiada gente y en demasiados l�deres pol�ticos. Ah� est� Trump.
Otro de los temas principales de su narrativa est� en denunciar las condiciones de opresi�n de los pueblos ind�genas de Am�rica Latina. M�xico sigue manteniendo un pulso con Espa�a a cuenta del requerimiento de un perd�n por los atropellos cometidos all� hace m�s de 500 a�os.
Es un tema exagerado. C�mo se pueden exigir disculpas por excesos de tan atr�s. Quiz� nosotros tambi�n tengamos que pedir perd�n a esos mismos pueblos, pues los criollos heredamos muchos de los peores modales de aquella Espa�a que M�xico denuncia.
Ahora reside en Atenas, siempre errante.
Hice de mi vida el movimiento por el mundo, s�. A Atenas llegu� despu�s de pandemia y decid� instalarme. Pero viajar cada vez es m�s un trance burocr�tico y menos aventura. Envidio a los viajeros del XIX, que quiz� ten�an m�s dificultades y peligros para desplazarse, aunque menos problemas administrativos que empeoran el viaje y la idea del viaje. Y cierran mentes.