

















Estabas escribiendo en el ordenador, porque ibas a responder un e-mail, pero lo minimizaste porque entró una llamada, luego la reunión y... ¡ups! Ves pasadas unas horas que nunca lo llegaste a enviar. ¿Qué nos está pasando? ¿Por qué nos dispersamos tanto hoy en día? ¿Por qué las horas parecen no cundir en absoluto? "Por varias razones, pero sobre todo el entorno en el que nos movemos y nuestro teléfono móvil. Por un lado, las aplicaciones del móvil nos roban la atención y nos sumergen en un scrolling infinito. Por el otro, nos cuesta parar. No nos gusta aburrirnos, y deberíamos hacerlo mucho más porque activa la creatividad. Pero estamos enganchados, (sobre)viviendo en piloto automático y saltando de una actividad a otra, sin focalizarnos", explica la psicóloga Amagoia Eizaguirre, referente en bienestar y mindfulness, colaboradora de la app Petit BamBou.
Entrenar la atención es posible, igual que entrenamos el cuerpo, pero tiene un coste: gasta energía. Y al cerebro eso no le gusta, advierte Eizaguirre. "Su único objetivo es que sobrevivamos, así que intenta automatizar todo lo que le suponga esfuerzo. Si prestar atención requiere energía, prefiere el despiste. Es más cómodo".
Además, la atención es "un recurso superlimitado", añade la experta: "Tenemos que ser conscientes de en qué la invertimos y empezar a liderar nuestras vidas con mucha más autogestión. Nos cuesta, pero donde pones la atención, pones el foco. Antes se decía que los hábitos te definen como persona; yo diría que ahora es la atención. El foco define quién eres y define tu futuro. Cuanto más atención prestas a algo, más determinante es para la calidad de tu vida".
Estamos programados para centrarnos en lo negativo. Así sobrevivimos ante los peligros. "El entorno continuamente nos da malas noticias, nos mete miedo. Y claro, esa atención se va todo el rato al drama, al miedo, al problema. Ser positivo hoy en día es un trabajo diario, es de valientes", asegura la psicóloga. Cuanto más lo repitamos, menos nos va a costar, opina. "La vida se puede ver desde el amor o desde el miedo. Igual con la atención: requiere esfuerzo, pero merece la pena".
Es primordial entender que no podemos llegar a todo y que no tenemos que estar en todos los sitios. "Cada vez cuesta más trabajar correctamente, sin errar. Cada día vivimos más momentos zombi: somos cuerpos andantes sin estar en ningún sitio. Las consecuencias son irritabilidad, inestabilidad, ansiedad, tristeza, nerviosismo..., porque sentimos que no controlamos nada. Estamos haciendo mil cosas, pero realmente no estamos haciendo ninguna bien".
Pero no sólo podemos culpar al móvil o al no me da la vida, cree esta experta: "Tenemos que responsabilizarnos. Toma decisiones. Antes de entrar en redes sociales, pregúntate para qué y cuánto tiempo vas a estar. Ponte una alarma si hace falta, porque entras para cinco minutos y acabas perdiendo una hora. Y estructura el día por bloques: cuando estás inmersa en una tarea, fuera el móvil, fuera las notificaciones. Lo que tardarías dos horas con mil despistes lo resuelves en 20 minutos. Somos adultos. Las riendas están en nuestras manos", afirma.
El deporte es una de las mejores herramientas para Eizaguirre. "Una hora corriendo es una hora sin móvil: el cerebro intenta sabotearte con el '¿y si me escriben?', pero cuando corres de verdad, los problemas se ven desde otra perspectiva. Cualquier deporte que te guste entrena la atención".
La respiración consciente también es otra de sus herramientas. "Respiramos mal, y cómo respiras dice mucho de cómo estás. Las respiraciones rápidas activan el sistema nervioso como si hubiera peligro. Observa cómo respiras".
Y activa los sentidos. Cuando notes que te dispersas, pregúntate: ¿qué estoy viendo? ¿Qué estoy escuchando? ¿Qué estoy sintiendo? Es imposible pensar en el futuro o en el pasado mientras respondes esas preguntas. Eso es vivir el presente. La vida es ahora, no cuando llegue el siguiente proyecto o el siguiente evento. Ahora", zanja.

La psicóloga Belén Colomina, guiando una meditación en un acto de la app Petit BamBou.ESTILO 125
Que el "no tengo tiempo" no sea la excusa. Tenemos tiempo para lo que consideramos importante, nos hace ver la psicóloga. "Aplicaciones como Petit BamBou tienen meditaciones de 5 ó 10 minutos: menos de lo que pasamos cotilleando en redes. El problema no es el tiempo, son las creencias. Creemos que meditar es difícil, que es para otros, y no le damos la importancia que merece. Cuidamos el cuerpo, hacemos ejercicio, vigilamos la dieta... pero ignoramos el cerebro porque no se ve. Sin embargo, la calidad de tus pensamientos determina la calidad de tu vida".
Meditar es entrenarlo. Y como todo entrenamiento, los resultados llegan con la práctica. Por eso, la psicóloga Belén Colomina, experta en meditación y también colaboradora de Petit BamBou, propone un ejercicio concreto, sobre todo a las personas muy emocionales: "Tócate una parte del cuerpo: el brazo, el pelo, lo que tengas a mano... y cuenta hasta cinco. Uno, dos, tres, cuatro, cinco. Eso es todo y lo puedes hacer en dos minutos y en cualquier sitio".
Porque cuerpo y mente van unidos, explica. "Cuando vas en piloto automático, no eres consciente de tu cuerpo. Tocarte te devuelve al presente. Y en esos cinco segundos pasa algo importante: la decisión deja de tomarla la emoción y la tomas tú".
Funciona en cualquier situación, detalla, y pone ejemplos. Delante del frigorífico con ansiedad: pausa, cinco segundos, ¿tengo hambre real o quiero tapar algo? En medio de una discusión: pausa, cinco segundos, ¿contesto desde la rabia o desde la calma? La respuesta siempre es diferente. "Practica este pequeño gesto y verás cómo cambia la manera en la que tomas decisiones".
Todos somos luz, defiende Colomina: "Yo también he estado gris, también he sido ogro. Si llevas tiempo sin reconocerte, apagada, sin saber quién eres: para. Respira. Abre los ojos y mira dónde estás. Ese pequeño gesto ya es un clic mental. Los problemas siguen ahí, pero desde ese estado anímico distinto empiezas a tomar decisiones desde ti. La vida no tiene instrucciones. Nada es fácil. Pero merece la pena vivirla. No seamos zombis: seamos mujeres conscientes que deciden por quiénes son, no por lo que se supone que deben ser".
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