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Portada // elmundo

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El principio de autoridad perdido en el Real Madrid: ni e...
Orfeo Suárez · 2026-05-08 · via Portada // elmundo

Actualizado

Donde antes se com�an pipas, ahora se comen hostias. Las c�scaras que ca�an junto al banquillo, como si fuera el banco de un parque, mientras el Madrid perd�a ante el Mallorca en el terreno de juego, colmaron la paciencia de Florentino P�rez, que dos d�as despu�s presentaba su dimisi�n: "Los he malcriado". Veinte a�os despu�s, de 2006 a 2026, lo que se cae es un futbolista golpeado por un compa�ero. Palabras mayores que precisan de una respuesta ad hoc con lo sucedido en el marco de una crisis que ha superado al ser superior.

Que el presidente malcr�a a los jugadores no hace falta que lo repita, ya lo sabemos. El problema es cuando los malcriados pierden el respeto al club, y no s�lo con las manos. Lo hizo Vinicius con sus exagerados aspavientos al ser sustituido por Xabi Alonso y lo ha hecho Mbapp� al tomarse unas vacaciones en el mar, lesionado y con su equipo en crisis. El Madrid necesita con urgencia fijar el principio de autoridad que, hoy, no se aprecia en ninguna parte, como si el club no tuviera entrenador, capit�n ni presidente.

Valverde disputa un bal�n.

Valverde disputa un bal�n.EFE

En apenas una semana, R�diger da una torta a Carreras, Valverde es atendido en el hospital tras un enfrentamiento con Tchouam�ni y el viajecito de Mbapp� a Cerde�a averg�enza al vestuario, al entrenador y a los aficionados. Arbeloa ha decidido decir algo m�s de lo que, en 2006, dec�a el devoto L�pez Caro. Es innegable el paralelismo en el banquillo despu�s de fracasar otros proyectos, aunque el tiovivo de entrenadores de entonces nada tiene que ver con la �poca actual. L�pez Caro no presenci�, que sepamos, escenas como las que se han dado en el vestuario de Arbeloa. Si las ha visto y no ha actuado de forma contundente, algo para lo que est� facultado, es que despu�s de sentir que sus hombres no han corrido lo suficiente, ha decidido que se pudran en sus propias miserias.

El entrenador, que se defini� como un soldado del club, colm� de elogios a Vinicius al llegar, fuera por orden, consejo o convicci�n, con el objetivo de recuperar emocionalmente al jugador m�s diferencial, junto a Mbapp�. La realidad es que otros tambi�n lo necesitaban. Los que corren. Ahora dice Arbeloa que los rivales corren m�s que sus jugadores. Normal. Para hacerlo se necesita creer y sentirse querido. Desenga�ado, mastica el rencor en esta cuenta atr�s que todav�a puede empeorar. Entre perder y descomponerse hay diferencias.

Arbeloa, en rueda de prensa

Arbeloa, en rueda de prensaEFE

Uno de los que no se ha sentido querido por el entrenador es Carvajal, y eso ha sido clave para la atm�sfera del vestuario, que perdi� la voz del gran capit�n. El brazalete pas� en el campo a Valverde, un tipo introvertido, de pocas palabras y con ataques de ira. Ya tuvo uno con Baena, al que agredi� en el parking, una vez duchado, por algo que supuestamente le hab�a dicho contra su familia en el terreno de juego. El club no tom� ninguna medida por una acci�n que no puede tolerarse en sus instalaciones, sean cuales sean las circunstancias. Tampoco lo hizo con Vini tras sus protestas contra su entrenador en el cl�sico. Mal asunto. Veremos qu� sucede ahora con Valverde y Tchouam�ni, m�s all� de un expediente protocolario o la posible baja del uruguayo por prescripci�n m�dica.

Las pruebas del deterioro del vestuario no est�n �nicamente en lo que ocurre, sino en lo que se cuenta. Todo. La soluci�n f�cil es dirigir el foco del 'casting' para el banquillo hacia el modelo de entrenador-l�tigo. Una estupidez. Los jugadores de alto nivel se r�en de los l�tigos. La gravedad de la situaci�n actual, sin jugadores con la autoridad moral de Modric o Kroos, ni pacificadores como Ancelotti, exigen que el elegido para la reconstrucci�n sea claramente reforzado por Florentino como hasta ahora s�lo hizo en una ocasi�n. El presidente est� desgastado por el tiempo, como toda su guardia de corps, angustiada por el futuro, pero esta vez no se va a marchar, pese a haber escuchado pitos en el Bernab�u.

Esta crisis no se soluciona con un cambio de cromo en el banquillo. Es m�s profunda. La llegada de Xabi Alonso se produjo, precisamente, para reconducir a un equipo que se hab�a adocenado en el �ltimo a�o de Ancelotti, seg�n el an�lisis del propio club. Despu�s de amortizarlo en meses, ahora se pelean, cuchichean, se delatan, r�en y algunos dejan de correr. La reconstrucci�n exigir� tambi�n dinero, mucho, porque hay futbolistas sobrevalorados, y eso preocupa en un Madrid que busca ingresos, pero el dinero sin autoridad acabar� en las mismas hostias, porque ya no se comen pipas.