


















La cornada que recibi� el lunes Morante de la Puebla, en el "margen anal posterior con trayectoria de unos 10 cm, lesionando parcialmente musculatura esfinteriana anal y con perforaci�n en cara posterior de recto de 1,5 cm", seg�n el parte m�dico, fue un caso excepcional de los pocos que no se atienden normalmente en las enfermer�as de las plazas de toros, sino en hospitales. Pero Morante tuvo suerte porque el jefe del equipo m�dico de la plaza de la Maestranza, el doctor Octavio Mulet, es un destacado cirujano general y coloproct�logo (experto en cirug�a perianal o perineal).
En el pa�s vecino, en Francia, cuando los toreros sufren una cornada son estabilizados en la enfermer�a y derivados a un hospital. En el caso de Espa�a, las enfermer�as de las plazas grandes cuentan con quir�fanos equipados, algunos incluso con sala de reanimaci�n, y las m�s peque�as tienen quir�fanos m�viles que est�n dotados para hacer cirug�as urgentes resolutivas. "En quir�fanos m�viles en la Comunidad de Madrid hemos operado incluso alg�n herido casi a vida o muerte. En mis 45 a�os de experiencia en cirug�a taurina, pr�cticamente todo lo he hecho en plazas peque�as y el 90% de todas las cornadas se pueden concluir en la misma enfermer�a de la plaza", afirma Enrique Crespo, secretario general de la Sociedad Espa�ola de Cirug�a Taurina (SECT), que es cirujano, adem�s, de varias plazas en la Comunidad de Madrid, como Colmenar Viejo y Aranjuez, y de Zamora y Huesca.
Crespo se�ala que esta cornada "o la del maestro Juanjo Padilla en Zaragoza" [en la que perdi� el ojo] tienen que resolverse o finalizarse en hospitales. "Una herida vascular, en la que hay lesiones en la arteria y la vena femoral que exige luego un bypass, sin tener un angioTAC y una serie de aparatos que no est�n en las enfermer�as de las plazas, no se debe hacer. En ese caso, cerramos el grifo, como solemos decir, y lo dejamos en las condiciones para que llegue a un centro donde haya cirujanos especializados", explica M�ximo Garc�a Padr�s, cirujano jefe de la Plaza de Toros de Las Ventas de Madrid.
"Si yo hubiera estado de jefe del servicio m�dico, lo hubi�ramos explorado y visto la herida, lo hubi�ramos sedado y dado analgesia para el dolor, le hubi�ramos lavado la herida y visto si no ten�a afectado ni el esf�nter ni el recto, para concluir la cirug�a. Pero si al abrir la herida compruebas que tiene da�ado el esf�nter, que exige una reparaci�n muy meticulosa, o tiene una perforaci�n de recto, lo derivas a un hospital una vez estabilizado, sedado y habiendo controlado las lesiones que pudieran poner en peligro su vida, que la de ayer no lo fue", explica Crespo.
La cornada fue dura y es una zona muy dolorosa. "La cara de dolor que ten�a ayer el maestro refleja el dolor que tuvo que sentir", apunta Crespo. Sin embargo, la suerte se cruz� en el camino de Morante porque el jefe del equipo m�dico de la plaza de la Maestranza es experto en la cirug�a que el diestro requer�a. "De hecho, en el curso de cirug�a taurina que damos todos los a�os en Las Ventas, la clase de lecciones perianales las da Mulet. Es un experto que, adem�s de contar con todos los medios precisos que tiene La Maestranza, tiene el conocimiento para esa intervenci�n. En ese sitio tan complejo debe intervenir no ya un cirujano general, sino un especialista en cirug�a anorrectal", recalca Crespo.

El secretario general de la SECT subraya: "Como bien dice el doctor Mulet, no era una cirug�a de urgencia, era una cirug�a muy compleja la que tuvo que realizar, que en la mayor�a de las enfermer�as de las plazas de toros no se puede completar". Morante pas� la noche en la UCI del Hospital Viamed de Sevilla, donde fue ingresado tras la intervenci�n. Ahora habr� que estar muy atentos los primeros d�as "porque es una zona muy delicada donde la probabilidad de infectarse es alta", a�ade Crespo, que indica que lo m�s seguro es que el diestro tenga dieta l�quida "para dejar descargada esa zona".
El reglamento indica que todas las plazas de toros deben cumplir con un servicio m�dico que consta de tres partes: "El personal m�dico, que para los festejos mayores consta de dos cirujanos, un anestesista, un cuarto m�dico ayudante y un enfermero; tiene que haber un veh�culo de transporte sanitario, lo que se conoce como una UVI m�vil; y tiene que haber un local de enfermer�a. Si la plaza es de obra, se monta una enfermer�a fija y acondicionada, pero en las plazas port�tiles, donde no hay, utilizamos los quir�fanos m�viles que est�n preparados actualmente y dotados para hacer un tipo de cirug�a urgente, incluso resolutiva".
Lo que no tienen, salvo el caso de Pamplona, es medios diagn�sticos, como esc�ner o radiograf�as. "Un aparato de rayos es una utop�a, tendr�as que tener tambi�n un t�cnico de rayos y un radi�logo. Las plazas grandes tienen hospitales a cinco minutos y hoy en d�a sobre todo han mejorado mucho los medios de transporte y de transmisi�n de im�genes y sonido, ya en un centro dotado de todo eso se le hacen las pruebas", explica Garc�a Padr�s.
"En algunas plazas hay ecograf�as, pero para ver por ejemplo una fractura lo bueno es que en muchas lesiones no nos hace falta tener rayos para saber o intuir la lesi�n �sea que puede tener el torero, el traumat�logo es capaz de verlo. Depende mucho de la experiencia que da el trabajo no solo en las plazas de toros, sino en tu vida profesional", apunta Crespo. El experto en esta compleja especialidad m�dica que es la cirug�a taurina indica que los m�dicos de la plaza no necesariamente tienen que ser traumat�logos, pero "es muy recomendable porque, de hecho, las lesiones que m�s se atienden en una enfermer�a de una plaza son traumatol�gicas, sea por golpes o por lesiones �seas o articulares. O porque las cornadas se asientan en los miembros, sobre todo en las piernas, y los traumat�logos estamos acostumbrados a operar los miembros, sea muslo, pierna o tobillo. Pero las m�s graves exigen un cirujano general o incluso vascular".
Las plazas de toros espa�olas no siempre han estado as� de equipadas. Todo empez� hace m�s o menos cinco d�cadas. "Esto ya viene de cuando se hablaba de cerrar el Sanatorio de Toreros, donde ve�amos que llegaban heridos de muchos sitios y unos llegaban perfectamente operados y pasaban all� la recuperaci�n, y a otros hab�a que operarlos o reoperarlos porque no les hab�an puesto los drenajes o no estaban en su sitio", argumenta Garc�a Padr�s.
El veterano experto indica que son heridas "muy enga�osas". "Tienen unas caracter�sticas que las hace distintas a las que vemos en la pr�ctica hospitalaria", contin�a. "El toro hace como un t�nel pero, como hay que tener en cuenta la contracci�n del torero. El t�nel no es por donde ha entrado el pit�n, sino que son diferentes planos y si no exploras bien o te das cuenta puedes pensar que solo es una herida en la piel y luego el orificio est� m�s arriba. Hay cornadas de gran extensi�n que han entrado por la cara anterior del muslo y han llegado hasta el p�ncreas; otras que han entrado por la regi�n inguinal y han llegado hasta el bazo, y es una distancia de 50 cent�metros, y es posible por la postura en que te engancha el toro. Hay que explorar hasta d�nde ha llegado la punta del pit�n".
Garc�a Padr�s explica que su padre -el anterior jefe del equipo m�dico de Las Ventas hasta 1985, M�ximo Garc�a de la Torre- cre� la SECT, que ha sido fundamental en este trabajo de analizar c�mo se debe tratar en las plazas y en la mejora de las enfermer�as de los cosos. "Tambi�n el doctor Ram�n Vila de Sevilla, hizo un estudio de las enfermer�as de las plazas de toros y vio que solo 20 cumpl�an los requisitos exigidos y el resto no porque para dos eventos que daban al a�o era imposible tener un quir�fano acondicionado con lo mejor", agrega.
Esa inspecci�n y an�lisis de Ram�n Vila, antecesor de Octavio Mulet como cirujano jefe de la enfermer�a de la Maestranza, fue el motor de su lucha por la profesionalizaci�n y modernizaci�n del sector. "Por iniciativa suya y de Manolo Mol�s [el periodista taurino] se pusieron manos a la obra y aquello modific� un poco el estado de las cosas: concedi� que hab�a que mejorar las enfermer�as en las plazas de los pueblos porque la tragedia puede ocurrir en cualquier sitio. Incluso se estuvo en el Congreso y se cambi� una parte del reglamento", explica Crespo.
Pero la muerte de Paquirri, donde la falta de medios fue determinante para ese final, fue un punto de inflexi�n enorme, "cambi� un poquito la historia de las enfermer�as", detalla Crespo. El informe de Vila hecho con anterioridad se convirti� en la hoja de ruta y a�os despu�s se redact� el Reglamento de Espect�culos Taurinos de 1992, que por primera vez exig�a por ley quir�fanos m�viles o fijos equipados con tecnolog�a hospitalaria en todas las plazas.
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