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Ezzideen Shehab, el m�dico gazat� que atiende en la devas...
Teresa Aburt · 2026-05-20 · via Portada // elmundo

Entrevista

Testigo de la guerra en Gaza y autor de 'Diario de un joven m�dico', Shehab convierte la devastaci�n en un testimonio �ntimo sobre la vida, la p�rdida y la memoria bajo el asedio

Ezzideen Shehab, el m�dico gazat� que atiende en la devastada Franja y que ha perdido a 42 familiares

Actualizado

Ezzideen Shehab es m�dico y escritor palestino. Regres� a Gaza pocos d�as antes del 7 de octubre de 2023 y dos a�os despu�s del inicio del conflicto, se ha convertido en v�ctima y testigo directo de la devastaci�n, trabajando en hospitales destruidos mientras atiende a heridos en condiciones extremas. Su libro Diario de un joven m�dico es un testimonio escrito bajo asedio que busca preservar la memoria de las v�ctimas y dar voz a quienes "el mundo corre el riesgo de olvidar".

Despu�s de m�s de dos a�os y medio de devastaci�n, �cu�l es la situaci�n sanitaria actual en la Franja?
La situaci�n sanitaria en Gaza sigue siendo catastr�fica. El sistema de salud se ha visto gravemente debilitado no solo por la destrucci�n causada por la guerra, sino tambi�n por las continuas restricciones al suministro de medicamentos y equipos m�dicos. Los medicamentos esenciales siguen siendo escasos y herramientas de diagn�stico cr�ticas, como los ec�grafos y los esc�neres CT (tomograf�a computarizada), a�n no est�n siendo autorizados para entrar. Como resultado, incluso los diagn�sticos b�sicos se han vuelto extremadamente dif�ciles en muchos casos. Tambi�n existen serias restricciones en el equipamiento quir�rgico, lo que afecta directamente a nuestra capacidad para realizar operaciones que salvan vidas. Adem�s, las misiones m�dicas internacionales enfrentan grandes obst�culos. A muchos m�dicos extranjeros programados para entrar en Gaza se les niega el acceso en el �ltimo momento.
�Cu�les son las principales carencias m�dicas a las que se enfrentan a diario los sanitarios en Gaza?
La principal crisis es la evacuaci�n m�dica. Miles de pacientes necesitan urgentemente tratamiento fuera de Gaza, incluidos ni�os, pacientes con c�ncer y personas que padecen enfermedades card�acas y renales. Seg�n el Ministerio de Salud, m�s de 21.000 pacientes requieren evacuaci�n m�dica urgente. Sin embargo, solo un n�mero muy limitado, alrededor de 20 pacientes por d�a, tiene actualmente permitido salir. Esto crea una realidad tr�gica en la que los pacientes se ven obligados a esperar, a veces durante meses, mientras sus condiciones contin�an deterior�ndose.
En su libro, Diario de un joven m�dico, dice que pasa el d�a "cosiendo heridas que el mundo nunca ver�". �Cu�l de esas 'heridas' ser� la que no olvidar� nunca como m�dico y como persona?
Hay muchos momentos como este, y escrib� sobre algunos de ellos en el libro. Momentos que la guerra ni siquiera sabe que existen. Uno que recuerdo ahora ocurri� en un d�a muy dif�cil. Los bombardeos eran intensos e indiscriminados. Una mujer mayor pas� por la cl�nica mientras hu�a. Tiraba de un peque�o carrito, lo �nico que hab�a logrado sacar de su casa. Entr� en la cl�nica con timidez y pregunt� si pod�a recibir alg�n medicamento porque le dol�an la espalda y los pies por la larga distancia que hab�a caminado y por tirar del carrito ese d�a. Hab�a una profunda sensaci�n de fragilidad en sus ojos, una tristeza muy pesada. Le pregunt�: '�A d�nde va?'. Ella respondi�: 'No lo s�. Solo estoy caminando'. Ese d�a, en realidad no necesitaba medicinas. Necesitaba que alguien la escuchara. Necesitaba hablar, liberar lo que llevaba dentro, sentir que a alguien le importaban sus sentimientos. Simplemente quer�a descansar unos momentos en medio de un largo camino de sufrimiento. Hacer una pausa de unos minutos antes de continuar por ese largo camino de dolor. Al marcharse, se volvi� hacia m� con un peque�o manojo de r�cula, envuelto como si fuera un ramo de flores. Para ella lo era todo. Era lo �nico que ten�a, era agricultora. Lo acept� para no herir sus sentimientos, pero fue mi coraz�n el que se rompi� ese d�a. Estas son las historias que nadie ve.
Usted mismo ha sido v�ctima de la guerra, perdi� 42 familiares...
Esta guerra no ha dejado a nadie sin heridas ni p�rdidas irreparables. Hace unos d�as, hubo una celebraci�n por la recuperaci�n del hijo de mi primo. Fue la primera reuni�n familiar alegre que tuvimos desde que comenz� la guerra. Est�bamos juntos, sonriendo e intentando mostrar felicidad en nuestros rostros, ocultando nuestras heridas. Quer�amos demostrarnos a nosotros mismos, antes que a nadie, que de alguna manera pod�amos recomponernos. Pero cuando empezamos a bailar juntos como parte de nuestra tradici�n, ya no pudimos contenernos. Mi padre, de repente, rompi� a llorar. Nadie necesit� preguntar por qu�. Todos lo sab�amos. Todos dese�bamos que no hubiera sido �l quien empezara. Y, de una manera extra�a, todos comenzamos a llorar. Mientras bail�bamos, algo dentro de nosotros estaba sangrando. Lloramos por todos los que perdimos. Lloramos por c�mo nos hab�amos desplazado, dispersados en distintos lugares despu�s de haber vivido juntos en el mismo barrio. Lloramos porque nuestro n�mero se hab�a reducido tanto, despu�s de haber sido una familia extensa y numerosa. Lloramos por quienes ya no est�n. Lloramos por el dolor y la impotencia. Y aun as�, ni siquiera eso fue suficiente.
Desde su experiencia en Gaza, �c�mo valora la respuesta de la comunidad internacional en estos a�os de asedio a la Franja?
Creo que las experiencias de las personas son lo que las une. Pienso que ha habido una empat�a p�blica genuina hacia lo que est� ocurriendo en Gaza, porque cualquier ser humano decente no puede aceptar la muerte de ni�os bajo ninguna justificaci�n. Sin embargo, el sistema capitalista en el que vivimos ha convertido todo en una mercanc�a. Incluso las opiniones y las posturas pueden comprarse y venderse. Por eso, la empat�a que recibimos a menudo proviene de sociedades que no han sido completamente absorbidas por el sistema, sociedades en las que las personas a�n est�n conectadas con su humanidad, como el pueblo espa�ol, por ejemplo. Aunque escribo en ingl�s, una gran parte de mi audiencia es, en realidad, de Espa�a. El problema, sin embargo, es que la gente com�n no es quien toma las decisiones en este mundo. El poder est� en manos de quienes tienen riqueza e influencia, especialmente entre los l�deres globales. Y para muchos de ellos, el sufrimiento humano no es una prioridad.
Seg�n UNICEF, 64.000 ni�os han muerto o han resultado mutilados en dos a�os de guerra, �c�mo ve el futuro de las nuevas generaciones de gazat�es?
Desafortunadamente, no veo un futuro prometedor para la pr�xima generaci�n. Est�n creciendo en un entorno sin seguridad ni seguridad alimentaria, en un sistema de salud devastado sin hospitales ni servicios m�dicos. Viven en la pobreza, han estado fuera del colegio durante dos a�os completos y ahora las escuelas est�n destruidas sin se�ales de reconstrucci�n. Pasan sus d�as tratando de conseguir agua para sus tiendas de campa�a y recogiendo madera solo para hacer fuego. Dado todo esto, ser�a poco realista esperar otro resultado que no sea m�s pobreza y m�s falta de educaci�n para estos ni�os.
�A qui�n va dirigido su libro: a la comunidad internacional, a otros m�dicos, o a las futuras generaciones?
Cuando escrib�a estos textos, no los conceb�a simplemente como historias. Los escrib�a como un registro de este periodo oscuro de la historia humana, como un testimonio de detalles que quiz� nunca se cuenten y de aquellos que permanecen invisibles. En ese sentido, mi escritura no es solo para los lectores de hoy, sino para las generaciones futuras y para la propia historia.