La Pen�ltima
Asistimos a la falsa idealizaci�n del aburrimiento como remedio ante la p�rdida de nuestra capacidad de atenci�n

'Tres mujeres j�venes', de Vilhelm Hammersh�i -
Actualizado
Ida -ojos claros, porte regio- es la m�s guapa. A su izquierda, su cu�ada Anna lee: los labios entreabiertos, la postura forzada por el cors�. La otra cu�ada, Ingeborg, pelea por vencer el sopor, desganada, la mirada perdida.
Se aburren como ostras.
No pod�a dejar de pensarlo mientras observaba esta escena que Vilhelm Hammersh�i pint� en 1895, por encargo del marido de Ingeborg (en el Thyssen, hasta el 31 de mayo). Ahora que el aburrimiento se ha convertido en una falsa religi�n, ah� estaba su verdadero significado: la nada.
La vida acelerada, la hiperproductividad, el calendario que todo lo optimiza hacen que necesitemos echar el freno. Pero, a su vez, nos precipitan hacia una mentira: "Abraza el aburrimiento". #boredom se ha convertido en hashtag, en reto viral, en el �ltimo remedio a nuestros males modernos. Wing Toh Wong, creador de una app de mindfulness, lleg� a grabarse sentado en una banqueta durante ocho horas. Arthur C. Brooks, gur� de Harvard, advierte: "Estar�s m�s deprimido si no te aburres".
"Antes los ni�os se aburr�an", escuchamos, olvidando los divertimentos anal�gicos, los l�pices y las cancioncillas. "Antes sab�amos hacer cola", sin correos, sin mensajes.
Y ah� est� el error: confundimos aburrimiento con pausa.
Es cierto que debemos rebelarnos contra esa cultura del rendimiento, contra la necesidad de est�mulos constantes. Claro que no hace falta sacar el m�vil mientras esperamos el autob�s o la fila del supermercado. Pero la oda al aburrimiento se antoja una receta demasiado simple para lo que en el fondo requiere un cambio profundo (y ni siquiera hay consenso cient�fico sobre si esa es verdaderamente la soluci�n a nuestra disminuida capacidad de atenci�n).
Para saber m�s
Eso s�, el tedio puede se�alar el camino. Porque parar, dejar de ser eficientes por un momento, abandonar los est�mulos inmediatos que proporciona un tel�fono, s� son la v�a. Pero uno no necesita aburrirse para hacer eso: basta con hablar con un amigo, leer un libro o dejarse llevar por sus pensamientos.
Me gusta observar la calma y el silencio de las habitaciones de Hammersh�i. La seguridad que te da pensar que es el mismo espacio (vivi� casi toda su vida en el mismo piso de Copenhague, repetido hasta la saciedad en sus cuadros). Las cosas pausadas, no cambiar de casa constantemente... S�, eso es algo que anhelamos hoy. Pero no envidio a las mujeres de Hammersh�i. En su hast�o no hay soluciones. Nadie quiere aburrirse como Ida y sus cu�adas.

























