Cr�nicas de paganini
Por descorche, claro. Ayantar es uno de esos lugares maravillosos en los que se vuelve a lo mejor de los tiempos pret�ritos. Hasta vimos a Custodio de Zalaca�n

El Vega Sicilia �nico de 2022.
Actualizado
El doctor Farr�, nuestro cardi�logo m�s eminente -y lo decimos en la semana en la que muri� Eugene Braunwald, que me meti� una charla sobre Licurgo entre los zapateados del viejo Casa Patas-, salv� la vida a mi padre de las muertes s�bitas, nombre t�trico de las fibrilaciones ventriculares, hasta que, despu�s de la pandemia, decidi� retirarse a sus 75 a�os. Como es lector incansable y un estudioso -y no siempre de asuntos de coraz�n-, h�bito que han dejado de practicar las nuevas generaciones de m�dicos, se puso a escribir novelas para acallar ese hambre de resolver vidas que supongo que los m�dicos dejan de alimentar cuando se jubilan.
Al doctor Farr� —nunca se me ocurrir�a llamarle Jer�nimo ni tutearle— hay que hacerle siempre caso en los dos asuntos primordiales de la vida: lo que tenemos en el pecho y lo que nos metemos en la barriga; esto es, comer y beber. Llevaba tiempo recomendando el restaurante Ayantar, en San Francisco de Sales, 41, a tiro de piedra de la Jim�nez D�az, donde el cardi�logo se ha dejado parte de su vida.
Por fin pudimos coordinarnos, porque Rosa tiene El Hormiguero y yo los cierres de LOC. Acaba de publicar el doctor su �ltima novela, La losa de un secreto, un relato intergeneracional que va desde la revoluci�n de Catalu�a en el 36 hasta las postrimer�as del COVID, y en el que los personajes entrelazan sus vivencias con acontecimientos que el doctor ha estudiado a fondo. Yo se la recomiendo porque adem�s es una aut�ntica gu�a de restaurantes.
Nos presentamos Rosa y yo puntuales, ella con la pretensi�n de no beber para evitar dolores de cabeza. S� se moj� los labios cuando abrimos el Laurent-Perrier rosado con el que combinamos los entrantes que, claro, pidi� �l: lascas de foie con pan de cristal, una ensalada de cangrejo de r�o (27 euros) que estaba impresionante, unas alcachofas con cola de carabinero (9 euros la unidad) y unas colmenillas rellenas de foie, fuera de carta, que eran una maravilla.
Para entonces, el doctor hab�a ordenado descorchar los dos tintos con los que iba a agasajarnos -qu� bien que Rosa CASI no beba-: Hermitage La Chapelle y un Vega Sicilia �nico que, qu� les voy a decir, era una reserva especial del gran Mariano Garc�a.
De segundo compartimos mollejas y una urta al vino tinto que estaban a la altura del resto de la comida. No s� lo que cost� porque el doctor Farr� y su mujer, tambi�n Rosa, nos invitaron junto a Vanessa, una nefr�loga de gran talento de la Jim�nez D�az. Y, por supuesto, se hab�a tra�do los vinos de su bodega.
De postre, una tarta de manzana homenaje a Las Cuatro Estaciones, aquel restaurante que estaba muy cerca de Ayantar. Me aventuro a decir que, sin el vino, le debi� de salir a unos 80 euros por persona y que, si ustedes van y piden la carta con un buen tinto -los hay buenos de 30 euros y el c�lebre Custodio de Zalaca�n estaba sentado en la mesa de al lado-, no les saldr� por m�s de 100. �Mucho? Considerando los estacazos de 50 euros que te meten en cualquier lugar vulgar, es barato.
Ayantar es un restaurante de alt�sima cocina de otra �poca. �Mejor? Si ahora anhelamos hasta los pies de foto de Calvo Sotelo que recordaba Arcadi el pasado domingo.




















