La Pen�ltima
M�s all� de sus cualidades literarias, el �xito de Comer�s flores, de Luc�a Solla Sobral, no es casual sino el s�ntoma de un problema estructural: EL ABUSO (en may�sculas, por favor)

Luc�a Solla Sobral posa para una entrevista en La Lectura.
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Hay hilos transparentes que te atan a otros seres humanos. Ahora me siento entrelazada con Muriel y Laura. Las tres dibujamos un extra�o tri�ngulo en WhatsApp con un espectro en el centro que, por fortuna, ya forma parte de nuestro pasado. El chat se llama SUPERVIVIENTES 2026 (nada que ver con el reality de Mediaset). Esa nube de c�lera nos persigui� a las tres igual que a Marina en Comer�s flores, de Luc�a Solla Sobral, el fen�meno editorial de la temporada. M�s all� de las cualidades literarias, su �xito no es casual sino el s�ntoma de un problema estructural: EL ABUSO (en may�sculas, por favor).
Una joven insegura busca su hueco y se topa con Jaime, un se�or camuflado entre una tonelada de tatuajes y su empresita. Al comienzo, desborda a la protagonista con las habituales coreograf�as tangibles del amor: juramentos eternos y regalos pr�mium. �l le saca ventaja en lo econ�mico y en todo lo dem�s, incluidos los veintitantos a�os de diferencia. Si no es el dinero, siempre habr� alguna otra cosa. Alguien que ha le�do m�s, que se mueve mejor. Tal vez sea simplemente un chupacharcos viviendo en un barrio de batucada. En el fondo, da igual: las diferencias quedan se�aladas desde el momento en que pisamos firme.
A partir de ah�, el lobo despliega su juego: luz de gas, ley del hielo. Una primavera agradable pasa a un verano asfixiante. Todo es confuso. Nunca hay claridad. Y las mentiras, pegajosas, solapan sus acciones, tan sutiles que terminan opacando lo evidente. Marina se mueve bajo esa viscosidad sufriendo una inmovilidad inexplicable: la mente se disocia mientras el cuerpo prende una mecha que la consume. Son las interferencias f�sicas que padecemos en un estado casi vegetativo.
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Muchas mujeres, como Marina, como yo, como Muriel, como Laura, hemos comido flores y culebras y nos hemos sentido intoxicadas de tanto rastrojo. El mundo sigue sin validarnos y buscamos desv�os perversos que nos devuelvan una confianza que no termina de llegar. Es hora de entender de una vez por todas por qu� el abuso revienta nuestras costuras convirtiendo la palabra de Luc�a en una plegaria, en un grito de auxilio. Por eso este libro ha tejido una red solidaria entre muchas de nosotras. Se compra, se regala, se presta. Que no te pase a ti, ni a tu hermana, ni a tu hija.
Veo por Instagram una foto de Laura el d�a de su boda. O unas macetitas pintadas por Muriel, en otra. Nos damos unos likes. Cualquiera dir�a que no nos conocemos. Pero ya lo creo que s�. Y no puedo evitar mirarlas y lanzar un suspiro de alivio.





























