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Futbolista, astronauta, policía o incluso, bombero. Estas suelen ser las profesiones más deseadas durante la infancia. Siempre hay excepciones, claro. Y una de ellas fue Guillermo Galván (Madrid, 1980), quien desde niño soñaba con convertirse en un prestigioso guionista. Su nombre es lo suficientemente conocido en la industria musical para vaticinar que su vocación cambió por el camino. Hoy, el cantante y guitarrista debuta con el lanzamiento de su nuevo disco en solitario. «Al final, componer canciones se parece un poco también a escribir guiones. Ahora me toca no solo escribirlo, sino interpretarlo», asegura el artista.
Es, de hecho, este último álbum -Nadie con ese nombre vive aquí- el que estaba ensayando sin parar antes de su encuentro con La Lectura. Eso dice, aunque no era necesario aclararlo, pues los músicos tocando en la sala contigua y esa energía bullente que se respira en el aire ya eran dos señales inequívocas de lo que realmente estaba sucediendo en la Casa Talisio de Madrid. Acelerado, se mueve entre los rincones del estudio de grabación, ese que ya se conoce como la palma de su mano, mientras se prepara un café -¿descafeinado?- para volver a adentrarse en las raíces de este nuevo disco.
Su fama le precede. No tanto como artista en solitario, sino como guitarrista del grupo madrileño Vetusta Morla. Hoy recoge lo sembrado durante los últimos 28 años de trayectoria musical y lo vierte en un nuevo álbum confesional y su proyecto más íntimo y vulnerable hasta la fecha. «Empecé a trabajar en la composición de los temas y encontré que, para las canciones que estaba haciendo, la voz que tenía que utilizar era la mía. El disco tenía que ser para mí», auspicia el madrileño. Y es que la historia detrás de Nadie con ese nombre vive aquí es una de esas que llegan sin pedir permiso, sin esperarse y, desde luego, sin estar preparados para vivirla.
«Todo el disco ha estado componiéndose y grabándose durante la enfermedad de mi padre, que acabó falleciendo hace pocos meses». Aunque no solo hace alusión a su pérdida, sí que ha sido el motor de su inspiración lírica. Nadie con ese nombre vive aquí nace de la urgencia de encontrar un espacio íntimo donde plasmar sus sentimientos. «Paradójicamente, cuando te despides de alguien tiendes a mirar de otra forma y a celebrar a los que tienes a tu alrededor», destaca. Un leitmotiv que se lleva a su vida privada, esa que ahora trata de aprovechar y con la que aprende día a día.
Nadie con ese nombre vive aquí es una oda al pasado, al suyo propio. Es memoria, es infancia, pero también es presente y futuro. «Saber de dónde venimos nos nutre toda la vida y tener ordenados ciertos recuerdos te da la fuerza para saber lo que quieres ser», afirma. El álbum no requiere de una superproducción para lanzar su mensaje. Todo lo contrario. «He querido que todo surgiera desde la verdad de alguien solo con una guitarra en el centro de una habitación y, a partir de ahí, ir construyendo todas las composiciones». Galván lo define como un vis a vis con el espectador, en el que la crudeza y la desnudez quedan retratadas.
"Que el disco se perciba como una creación de verdad, de alguien que cuenta algo desde la intimidad"
¿Cómo cree que va a percibir el proyecto su público? El disco se publicó el pasado 8 de mayo y, aunque en aquel momento Galván no lo tenía claro, sí que pudo confiar en su éxito: «Me gustaría que este disco, le llegue a quien le llegue, se perciba como una creación de verdad, de alguien que te está contando algo desde la intimidad y desde una confianza que hace que lo mires sin fuegos artificiales y sin otro tipo de elementos esteticistas».
El álbum ya está disponible en todas las plataformas, mientras se erige como su primer proyecto en solitario de esta envergadura. Para él, que lleva casi 30 años pisando el escenario acompañado, es toda una novedad hacerlo sin la sombra de Pucho, David, Juan Manuel y Álvaro. «No me da vértigo. Eso lo he sentido a la hora de lanzarme a hacer las canciones, de ponerme delante del micrófono», señala. Vetusta Morla sigue en pie y vuelven más fuertes que nunca este próximo octubre en las salas de toda España, aunque en este comentado parón desde 2024 cada uno ha aprovechado para avanzar en sus proyectos personales. «El descanso me ha permitido hacer un disco, y también una banda sonora», explica.
Pasado, presente y futuro convergen en uno solo al hablar con el madrileño. Con tantos frentes abiertos, resulta complejo definir al artista en una sola palabra. Porque una pérdida como la suya provoca nuevos vacíos en la personalidad que deben volver a llenarse. El álbum se articula como la clave para responder, por fin, a esa pregunta: «¿Quién soy yo si todo lo demás desaparece?». El solista, el creador de bandas sonoras, el guitarrista de Vetusta Morla. Mientras habla, agita distraídamente la púa de su instrumento, y entonces la solución parece un poco más obvia. Aún así, la única certeza es que se trata del protagonista de Nadie con ese nombre vive aquí.
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