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El Mundo
Marisa del Bosque · 2026-06-25 · via Portada // elmundo

Tengo autismo. Sinceramente, me cuesta mucho contarlo, da mucha vergüenza. Aún hay gente a la que le incomoda o le echa para atrás saberlo. Algunos te catalogan directamente de 'corto' o 'tonto' y muchos piensan que se trata de una discapacidad intelectual. Es un estigma enorme, para mal. La gente tiene una idea preconcebida y de ahí no sale. Pero somos muchos y muy diferentes", asegura Aroia García, streamer, youtuber y creadora de contenido conocida como @aroyitt, con cinco millones de seguidores en sus redes sociales. Después de toda una vida de "no encajar", de sentirse diferente al resto -"tanto que de niña pensaba que tenía poderes y que venía de otro planeta", confiesa- recibió, con 24 años, el diagnóstico que lo explicaba todo: autismo de grado uno con altas capacidades.

El suyo es uno más de esos diagnósticos tardíos, o inexistentes, que afectan a las mujeres con este trastorno; se calcula que entre el 70% y el 80% de las que lo sufren no están diagnosticadas o han recibido una valoración médica errónea. De hecho, la mayoría de las 450.000 personas con TEA (aproximadamente el 1% de la población total) registradas en España son hombres, con una proporción histórica de cuatro niños por cada niña. Unas cifras que cambian de forma radical cuando en la edad adulta a estas mujeres se las evalúa correctamente, hasta un 51% de mujeres frente a 49% hombres, según datos de la Confederación Autismo España. Muchas de ellas han pasado previamente por distintos diagnósticos psiquiátricos relacionados con la ansiedad, la depresión y los trastornos de la conducta alimentaria, e incluso un 22,1% ha requerido hospitalización psiquiátrica a los 25 años.

¿Por qué se tarda tanto en diagnosticar a las mujeres? "Puro masking, somos expertas en camuflar lo que no está bien", responde Aroia. En la infancia, las cartas también juegan en contra. "A los niños se les supone inquietos, adrenalina pura; de nosotras se espera buen comportamiento, que seamos tranquilas, por eso a nadie le extraña que nos aislemos. Mis profesores decían de mí que no daba un ruido, que era muy buena y siempre estaba en mi mundo, que incluso parecía levitar. Estudiaba y me portaba bien, ¿qué más quieres? Aunque vieron apartada, nunca nadie insinuó algo de este tipo. En cambio, si un niño está solo en un rincón sin moverse llama la atención", añade.

Independientemente del género, todas las personas autistas recorren su camino en soledad, y ese ha sido el motivo que ha llevado a Aroia, cumplidos los 32, a compartir la historia de su vida, marcada por la dificultad para encontrar su lugar, relacionarse o entender ciertas normas sociales, por experiencias de bullying, relaciones sentimentales tóxicas y la necesidad de descubrir su identidad. "Esto le pasa a más gente de lo que uno puede llegar a pensar. Mi objetivo es ayudar a quienes se encuentran en mi misma situación, tienen que saber que no están solos, somos muchos los que nos sentimos igual", afirma. Para hacerlo, acaba de publicar 'No encajo, pero exito" (Ediciones Martínez Roca), un libro "para aquellos que alguna vez se han sentido fuera del molde, porque no necesitan permiso para brillar, y su neurodivergencia tampoco", asegura.

Aroia nunca fue igual al resto. No eran grandes cuestiones, sino pequeños detalles: ella era la niña que se quedaba sola en una esquina de la guardería mientras el resto jugaban juntos, la chica que se enfrascaba en videojuegos, la adolescente que no quería salir ni ir de fiesta. "Mis padres tenían que obligarme; de hecho, era con eso con lo que me castigaban. Tampoco me gustaban los chicos, los rechazaba a todos, estuve dos años sin besar a ninguno porque no me apetecía. Me sentía muy rara y la comunicación en mi casa era muy difícil, porque me aíslo mucho, me gusta estar sola y disfrutar de mi soledad", explica. Todo eso fue lo que la llevó a pedir ayuda y a ponerse en manos de los psicólogos que comenzaron a despejar el camino.

Tras el diagnóstico, el vértigo. "En ese momento yo había comenzado a meter el pie en el mundo de las redes sociales, los deditos. Y de pronto, te invade una mezcla de sensaciones. Por un lado, asusta, da mucho miedo; por otro, encuentras respuestas a muchas cosas que no entendías y te ayuda a ver lo positivo que hay en ti. Es como volver a nacer, un renacimiento, porque empiezas a conocerte mejor", sostiene. Con todo, tardó en atreverse a hacerlo público. "Llevaba años prácticando el famoso masking, enmascarando mi forma de ser, como hacemos todos los autistas, y no es fácil mostrarte como eres. La gente te ve como algo raro, y eso no gusta, no se acepta, así que se van a alejar de ti".

¿Te tratan de forma diferente desde que has hecho público tu autismo?
Sí, totalmente. Antes simplemente era la rarita, ahora recibo más insultos y soy la rarita con autismo.
¿Es más cruel por estar en redes?
Sí, insultos en internet se reciben siempre.
¿No has elegido una profesión extremadamente difícil para alguien con autismo? Tienes un grado de exposición enorme...
Sí, lo es. He rechazado muchos de los trabajos que me han propuesto por no verme capaz de afrontarlos y me cuesta muchísimo ir a eventos y moverme con la gente. Es algo que estoy trabajando ahora con mi psicólogo, tratando la ansiedad social.
¿La pantalla ayuda a la hora de comunicarte?
Sí. Nosotros preferimos los mensajes de texto que los de voz. En las entrevistas en persona lo paso fatal, necesito de tres a cinco días para prepararme.
Imagino que recibir insultos sólo por ser autista duele muchísimo.
Sí, claro, muchísimo. Es muy duro, te va comiendo por dentro. Por eso quiero abrir un caminito seguro para toda la gente con autismo. A menos que vayas a terapia y seas muy consciente, vas a pensar que estás mal, fuera del molde, que no encajas y nunca vas a hacerlo. Nos pasa a todos. Pero puedes encajar con la gente adecuada. Y eso se pasa por alto.
¿Y dónde encuentras a esa gente adecuada?
A veces en asociaciones, aunque yo no he ido a ninguna porque mi grado de autismo es leve. También en los talleres de manualidades, que es algo que nos gusta mucho. Las personas neurodivergentes se huelen, si estamos en el mismo sitio, nos reconocemos. Yo los detecto rapidísimo. Y es con los que más encajamos, nos vemos muy similares y nos atraemos. Mis amigas tienen neurodivergencia y mi expareja también la tenía. Es algo que abarca muchas cosas, no sólo el autismo. Podemos hacer piña, porque tenemos cosas en común.
¿Por ejemplo?
Nos suele gustar mucho todo lo que tenga que ver con lo asiático, Japón, Corea... De hecho, en poco más de una semana me voy a vivir allí. También nos encantan los videojuegos, podemos pasarnos las horas muertas jugando, y los idiomas; yo ya hablo siete. Además, somos muy creativos.
¿Sigues yendo a terapia?
Sí, siempre estoy en terapia. Aunque todo el mundo debería ir, porque hay demasiados psicópatas sociales y sentimentales por ahí sueltos y si hicieran terapia no habría tantos. Es cierto que cuanto más se conoce uno, más puede ayudarse a sí mismo.
¿Es más fácil si tienes altas capacidades o todo lo contrario?
Es más fácil, porque eres mucho más consciente de todo lo que te pasa y puedes enmascararlo de forma más sencilla.
¿Incluso después de hacerlo público sigues practicando masking?
Sí, a día de hoy sigo haciéndolo.
¿Y no terminas agotada?
Sí. Estar en una conversación constante, simplemente hablando, me supone tal esfuerzo que acabo destruida. Es algo que no me gusta, pero lo bueno es que he encontrado unas amigas maravillosas que me comprenden. Cuando me ven en el sofá tirada mirando a la nada saben que estoy en ese momento de caos y que necesito recuperar energías.
¿Por qué has dado el paso de escribir un libro?, ¿se quedan cortas las redes a la hora de explicar tu mensaje?
No es tanto que se queden cortas sino que mucha gente me plantea sus dudas, muchísimas dudas, quieren saber qué hacer. Este libro es para responderlas, que puedan sentirse identificados y ver cómo salir de las situaciones por las que están pasando. Sigue habiendo mucho desconocimiento alrededor del autismo e incluso cuando tienes un diagnóstico no sabes por dónde tirar.
¿Qué consejo das a todas esas adolescentes que pueden estar pasando por una situación similar a la que tú atravesaste?
Que se sometan a un diagnóstico. El problema que tenemos los autistas es que sobrepensamos mucho.
¿Cuál es hoy tu herramienta para cuidarte, tanto física como mentalmente?
Darme prioridad, constantemente, por encima de cualquier cosa. Los autistas tendemos a ser muy dependientes, porque queremos complacer a los demás.
¿Crees que ser autista te ha ayudado en algo?, ¿hay parte positiva?
Sí, por supuesto que sí. Hay partes positivas y he sabido abrazarlas. Me considero muy intuitiva, creativa y me fijo mucho en los detalles. Al final, ser diferente me ha ayudado; hoy día no pasa como antes, que todo el mundo quería ser igual, empezamos a querer ser distintos. Lo único que tiene de malo el autismo en grados como el mío, es el tema social, pero no ser sociable también tiene su parte positiva.
¿Cuál es?
No nos importa encajar, nos da igual, así que no ponemos esfuerzo en ello y eso nos permite enfocarnos más en nuestro futuro, en cumplir nuestros sueños. Así es más fácil conseguir lo que quieres. Yo me agarro a mis sueños, y eso hace que siga adelante.
Desde tu experiencia, ¿qué aconsejas a todas esas personas que puedan sentirse identificadas con lo que cuentas en esta entrevista?
Lo primero, que lean el libro que he publicado, que se hagan con unos pósit bonitos y marcadores y señalen las páginas o párrafos que deseen recordar cada vez que necesiten reforzarse ante alguna situación, como hacemos todos cuando acudimos a canciones, películas, libros o series que nos animan, para que nos den el empujoncito que necesitamos para sentirnos mejor. Y lo segundo, que se animen a acudir al psicólogo.

Antes de despedirse, Aroia me deja lo que llama una puntadita: "El mundo ya está lleno de mucha gente mala como para que se nos meta a nosotros en el mismo saco. Tenemos cosas muy positivas que ofrecer, somos leales, creativos, sinceros y tenemos una gran capacidad de amor". Se trata, en definitiva, de afrontar la vida de la mejor manera posible, sin miedo y sin tener que esconderse.

No encajo, pero existo

Aroia García. @aroyitt

Creadora de contenido, streamer y youtuber, Aroia ha recibido de adulta un diagnóstico de autismo. En este libro comparte su experiencia con el objetivo de "romper estigmas y tender la mano a quienes pasen por un proceso similar". 178 páginas. Ediciones Martínez Roca. 17 euros. Puedes comprarlo aquí.