El creador del concepto de los "límites planetarios" cree que aun hay tiempo para revertir el cambio climático. "Si los políticos nos hubieran escuchado a tiempo, no estaríamos donde estamos", dice el director del Instituto Potsdam de Investigación para el Impacto del Clima

Johan Rockström, en París.
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Johan Rockström (Finspang, Suecia, 1965) es uno de los científicos ambientales más reconocidos mundialmente. Artífice del popular concepto de los "límites planetarios", dirige el Instituto Potsdam de Investigación para el Impacto del Clima (PIK), que en su último informe anual alerta sobre el declive de los sistemas de soporte vital de la Tierra.
A su paso huracanado por el festival ChangeNow en París, con la guerra de Irán como telón de fondo, el espigado profesor Rockström advirtió cómo, a pesar estos tiempos oscuros, "la ventana sigue abierta para acelerar y culminar la transición energética".
- ¿Qué lectura podemos hacer del shock causado por la guerra de Irán en el mercado energético?
- Esta guerra es un reflejo de nuestra adicción al petróleo, y también un recordatorio del fallo en los últimos veinte años a la hora de acelerar la transición energética. Si los políticos nos hubieran escuchado a tiempo no estaríamos donde estamos. La ciencia ha sido muy clara: la dependencia del petróleo, del gas y del carbón nos hace muy vulnerables. Seguir por este camino, permitiendo que unos pocos países (en su mayoría no democráticos) controlen recursos que a la larga destruyen el planeta, no es una opción muy atractiva. Las soluciones están ahí, no son una utopía: podemos dejar atrás los combustibles fósiles para la producción de energía, para calentar los edificios, para el transporte. Tenemos ya todo lo hace falta para avanzar hacia la autonomía eléctrica con energía solar, eólica, hidroeléctrica y biomasa. Lo que falta es la voluntad política.
- ¿Cómo califica la reacción general de los países industrializados?
- Ante una crisis de suministro como la que tenemos, lo que están haciendo en su mayoría es echar petróleo al fuego, como si no hubiéramos aprendido las lecciones de la crisis de los años setenta. Esto no se va a resolver aprobando más subsidios para mantener la demanda. Seguimos funcionando con la narrativa del siglo XX, pensando que la respuesta es abaratar el petróleo, el gas y el carbón, cuando la solución es avanzar hacia una economía descarbonizada, sostenible y resiliente.
- En la COP30 de Brasil saltó a la vista la gran división entre los "petroestados" y los "electroestados" ¿Avanzamos hacia una bipolaridad energética?
- No es sorprendente, aunque sí preocupante, esta polarización que estamos viendo en el mundo. Por un lado tenemos 80 países -entre ellos España- que han decidido impulsar la primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles que se celebra el 24 de abril en Santa Marta (Colombia). Y por otro lado tenemos otros 80 países, liderados por Estados Unidos y Arabia Saudí, que pretenden seguir con el business as usual. Científicamente, los que quieren quedarse en la vieja economía van a ser los perdedores.
- La Unión Europea ha pisado también el freno de su agenda verde.
- Existe el riesgo de un proceso de arrastre con lo que está ocurriendo en Estados Unidos y a través del auge de partidos de extrema derecha. La UE ya no puede subir sus ambiciones, y ni siquiera defender lo que había conseguido hasta ahora. Ya hemos visto lo que ha ocurrido con la retirada de la prohibición de la venta de nuevos coches de combustión a partir del 2035. Los políticos pisan el freno: la industria recibe una mala señal y duda si seguir adelante. Todo esto está sirviendo para ralentizar la transición. Es frustrante ver cómo Europa corre el riesgo de perder el tren ante China, que ha decidido invertir en el futuro y es líder mundial en energía solar y eólica, en coches eléctricos y en baterías.
- Hablemos de la otra guerra, la guerra contra la ciencia emprendida por la Administración Trump.
- Es muy preocupante que un Gobierno mate la ciencia, su propia ciencia, y más teniendo en cuenta que la NASA y la NOAA han sido los referentes mundiales en la monitorización del aumento de las temperaturas, de las capas de hielo en los polos y del estado de los océanos. Afortunadamente, los estados y las universidades norteamericanas tienen mucha autonomía para resistir este asalto, aunque el impacto se puede hacer notar con una fuga de cerebros a Europa y una falta de interés entre los jóvenes científicos. Me preocupa también el hecho de que las guerras en curso no solo traen destrucción, también distracción sobre cuestiones vitales como la crisis climática
- ¿El cambio climático no ha tenido acaso un problema de comunicación?
- Es posible, pero es que resulta muy difícil encontrar el equilibrio entre el riesgo real y una visión positiva del futuro. Superar el umbral de 1,5 grados de aumento de las temperaturas nos llevaría a un escenario peligroso de puntos de inflexión, desde el colapso de la circulación del Atlántico Norte (AMOC) a la disminución del hielo en los polos o la desaparición de la Amazonia y los bosques tropicales. Esto hay contarlo porque nos enfrentamos a un riesgo muy real, y la gente y los políticos solo actúan ante riesgos reales, como ocurrió con el covid o con la debacle financiera.
- El último informe del Instituto Potsdam asegura que ya se han superado siete de los nueve "límites planetarios" ¿Cómo debemos interpretar esto sin caer en el alarmismo?
- Según la evaluación de nuestros científicos, el último límite que ha sido superado es el la acidificación de los océanos. Esto quiere decir que dos terceras partes de los sistemas de soporte vital de la Tierra (de las reservas de agua dulce al uso de los suelos o los flujos bioquímicos) están fuera de la zona de control. El planeta está dando muestras preocupantes de debilidad, en este que hemos dado en llamar Antropoceno, marcado por la capacidad de las acciones humanas para alterar el equilibrio del planeta.
- Y a pesar de toda la oscuridad del momento usted recuerda que "la ventana está aún abierta".
- Estamos con el semáforo en ámbar, pero no hay ciencia que diga que es demasiado tarde y que no podemos darle la vuelta a la situación. Mi gran esperanza es la gran capacidad de regeneración que tiene el planeta. Aunque el tiempo apremia... Digamos que nos hemos portado como adolescentes groseros. La Madre Tierra nos ha perdonado hasta ahora, pero no sabemos hasta cuándo. El tiempo apremia.





















