
























En plena crisis energética, desencadenada por la guerra de Irán, un total 45 países confluyen este viernes en Santa Marta (Colombia) para embarcarse en lo que parece una misión imposible: cómo dejar atrás el petróleo, el gas y el carbón. La Conferencia para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, convocada como contrapunto al sabor amargo que dejó la Cumbre del Clima de Brasil (COP30), servirá para agitar el debate ante el incierto futuro energético y los impactos del cambio climático.
"Las energías limpias significan más paz y democracia al poderse generar desde cualquier lugar el mundo", ha advertido de entrada el anfitrión y presidente colombiano Gustavo Petro, que apadrina el cónclave junto a Países Bajos. "Las energías fósiles solo traen guerras y la destrucción de la democracia".
El punto de partida es así de intrincado: la dependencia de los combustibles fósiles oscila hoy por hoy entre el 75% y el 90% en la mayoría de los países. El dato lo pone sobre la mesa Luz Dary Carmona, viceministra de Ordenamiento Ambiental del territorio en Colombia, que con 736.270 barriles de petróleo por día solía estar en el "top 20" de los países productores.
Tres años después de la llegada al poder de Petro, que prometió que su país no firmaría nuevos contratos de exploración como parte de su política de "descarbonización", la producción de petróleo ha caído un 3,8%, lo cual ha tenido ya un significativo impacto económico y social. Las contradicciones de un país petrolero como Colombia estarán en el centro del debate en Santa Marta durante cinco días (del 24 al 29 de abril) que aspiran a hacer historia.
"Esta conferencia no va a intentar convencer a nadie, y de ella tampoco saldrán acuerdos vinculantes", reconoce Luz Dary Carmona. "Lo que nos guía es la necesidad de transformar la matriz energética, y el punto de partida será cómo reducir y superar la dependencia de los combustibles fósiles, con acciones concretas para su eliminación progresiva".
"El segundo pilar del debate estará centrado en la transformación de la oferta y la demanda de energía", adelanta Carmona, con el trasfondo del fin de los subsidios a los combustibles fósiles y los incentivos para acelerar la transición hacia las renovables. "El tercero será impulsar la cooperación internacional y la diplomacia climática, a pesar del difícil momento geopolítico en el que vivimos".
España participará con una delegación de alto nivel en la conferencia de Santa Marta, como también lo harán Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, Portugal, Noruega, Dinamarca y Australia, entre otros. Brasil, Canadá y México serán junto a Colombia los principales representante del continente americano. Los países-isla amenazados por el cambio climático (Tuvalu, Vanuatu, Palau) estarán especialmente representados, junto a más de 2.500 ONGs y un nutrido grupo de científicos y académicos.
"La celebración de esta cumbre ya es un hecho muy positivo", declaró la viceprimera ministra y ministra de Transición Ecológica Sara Aagesen, que llegará durante el fin de semana a Santa Marta. "Hace mucho tiempo que tenemos un debate abierto y en profundidad sobre el abandono progresivo de los combustibles fósiles, y este primer punto de encuentro alimentará las conversaciones en la COP a finales de año en Turquía".
"España va con una posición activa para explicar cuáles han sido nuestras políticas y mostrar que existen opciones para avanzar en la transición energética y ecológica", añadió Aagesen. "Tendremos que tender un puente entre donde estamos y hasta dónde queremos llegar, y eso es lo que vamos a presentar en Santa Marta, además de colaborar con el resto de las partes para ir construyendo esos pactos que requieren de todos y cada uno de los estados".
"Los combustibles fósiles son la cerilla que seguimos encendiendo en un mundo que ya está en llamas", declaró por su parte el peruano Manuel Pulgar-Vidal, ex presidente de la COP20 y responsable mundial de Clima y Energía de WWF. "Cambiar la dependencia de los combustibles fósiles no es un problema lento que requiera una solución lenta: necesitamos un cambio rápido y global hacia las energías renovables, redes eléctricas más eficientes y eficiencia energética para que las emisiones bajen rápidamente".
"Tras 30 años de retrasos en los que no se ha podido prácticamente hablar del petróleo en las cumbres del clima, la conferencia de Santa Marta pretende enviar una señal clara al mudo", asegura Carola Mejía, portavoz de Latindadd (Red Latinoamericana y del Caribe por la Justicia Económica, Social y Climática). "Para el sur global, y ante de la presencia de numerosos países europeos, es también una oportunidad para abordar la financiación climática y el obstáculo de la deuda, que el factor que más retrasa la transición energética".
Aunque la cumbre de Santa Marta concluirá sin un acuerdo vinculante, los 45 participantes esperan allanar por primera vez el camino a un "hoja de ruta" para la eliminación progresiva de los combustibles y a seguir ampliando la base con el objetivo de romper el "techo" de 80 países en la próxima COP31 que se celebra del 9 al 20 de noviembre en Antalya (Turquía). Allí, cerca del conflicto de Oriente Medio, volverá a aflorar la batalla cada vez más patente entre petroestados y electroestados.
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