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Un total de 57 países, España entre ellos, hicieron causa común en la localidad colombiana de Santa Marta en el primer intento para impulsar la transición "más allá de los combustibles fósiles". Varias naciones anticiparon sus propias "hojas de ruta" para reducir la dependencia del gas, del petróleo y del carbón, marcando el camino al nuevo bloque, surgido en respuesta a la frustración por el resultado de la COP30 de Belém, boicoteada por Estados Unidos y entorpecida por petroestados como Arabia Saudí.
"Los países aquí reunidos representan el 30% de la demanda energética mundial y el 20% del suministro energético", advirtió Stientje van Veldhoven, ministra de Clima y Crecimiento Verde de Países Bajos, co-organizadores del evento. Veldhoven destacó sobre todo la presencia en Santa Marta de países productores de petróleo como la propia Colombia, Brasil, Noruega, Nigeria, Canadá o Reino Unido.
"Juntos hemos comenzado a organizarnos a gran escala para una transición que requerirá navegar por un conjunto complejo de desafíos económicos, sociales y técnicos", recalcó la ministra holandesa. "El mensaje para abordar esto ha sido así de claro: pongámonos a trabajar y ayudémonos unos a otros durante el proceso".
"Decidimos no resignarnos a una economía construida sobre la destrucción de la vida", declaró por su parte la anfitriona colombiana Irene Vélez Torres, ministra de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible. "La transición más allá de los combustibles fósiles ya no puede seguir siendo un eslogan, sino que debe convertirse en un esfuerzo concreto, político y colectivo. Cuando la gente mire hacia atrás recordarán no solo esta conferencia. Recordarán si estuvimos o no a la altura del desafío de nuestro tiempo".
Colombia, que ha estado regularmente entre los 20 mayores productores de petróleo, predicó con el ejemplo con el primer borrador de su hoja de ruta para reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Francia, que obtiene cerca del 70% de su electricidad con energía nuclear, fue de las primeras en recoger el testigo.
Benoît Faraco, enviado especial del Clima de Francia y ex asesor ambiental de Emmanuel Macron, anticipó los planes de su país para retirar definitivamente el carbón para la generación de electricidad en el 2027, fijar el 2045 como meta para acabar con la dependencia del petróleo, y el 2050 para el gas. Pese al posible volantazo hacia la derechas dura y las crecientes resistencias al impulso de las renovables en Francia, Faraco anticipó la disposición de su país de convertirse en "un superpoder eléctrico" en Europa, presto a vender "energía verde" al Reino Unido, Irlanda, Alemania y otros países.
La vicepresidenta del Gobierno y ministra de Transición Ecológica Sara Aagesen destacó la importancia de "tejer alianzas y avanzar hacia las hojas de rutas de una manera multilateral". "Por fin hemos tenido un debate abierto de países ambiciosos en torno a algo que es más necesario que nunca no solo por la agenda climática, sino por una agenda de seguridad y de paz, digámoslo así".
Las referencias la guerra de Irán, al coste de la crisis energética y a los beneficios de la industria petrolera estuvieron muy presente durante toda la conferencia. El presidente colombiano Gustavo Petro puso de hecho el dedo en llaga al vincular los combustibles fósiles con la guerra y con el futuro de la democracia: "Hay una inercia en el poder y en la economía de esta arcaica forma de energía, los combustibles fósiles, que lleva hasta la muerte".
Pese a la ausencia de acuerdo vinculantes, y más allá de las declaraciones políticas, la conferencia de Santa Marta sirvió para el lanzamiento del Panel Científico para la Transición Energética Global (SPGET), para apoyar a los países a avanzar hacia hojas de ruta alineadas con el aumento máximo de las temperaturas de 1,5 grados y para abordar las barreras legales, financieras y políticas.
La conferencia estableció tres líneas de trabajo para reducir la dependencia de los combustibles fósiles y fortalecer la cooperación entre los países y entre los actores no gubernamentales. Unas 2.600 ONGs estuvieron representadas en Santa Marta y reclamaron un Tratado de Combustibles Fósiles complementario al Acuerdo de París, y reconociendo el vínculo ineludible con la deuda del sur global.
Se anunció del paso la segunda conferencia mundial más allá de los combustibles fósiles que se celebrará en el 2027 en Vanuatu (copresidida por Irlanda) en reconocimiento al papel que han tenido en el proceso los países-isla. Los resultados de la conferencia de Santa Marta serán compartidos con la presidencia de la COP30 de Brasil y se incorporarán a la Agenda de Acción de la COP31 que se celebrará en Antalya (Turquía) a primeros de noviembre.
El comisario europeo del clima (y ex ejecutivo de Shell) Wopke Hoekstra aprovechó su paso con la conferencia de Santa Marta para reclamar una revisión a fondo del funcionamiento por consenso de las COPs, donde el enfrentamiento entre los "electroestados" y los "petroestados" reacios a la transición (y espoleados desde fuera por la Administración Trump) es cada vez más patente.
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