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El 10 de marzo, en una operaci�n discreta en el aeropuerto de Nairobi, los agentes del Servicio de Vida Silvestre de Kenia detuvieron a un ciudadano chino que viajaba con un cargamento ins�lito incluso para una unidad acostumbrada al contrabando de marfil o cuernos de rinoceronte. En su equipaje no hab�a piezas de gran valor aparente, sino diminutos insectos cuidadosamente embalados: 1.948 hormigas de jard�n almacenadas en tubos dise�ados para mantenerlas con vida durante semanas, y otras 300 ocultas en rollos de papel higi�nico.
La escena es la �ltima evidencia de un tr�fico en expansi�n que se mueve sobre todo de �frica hacia Asia en los m�rgenes de la atenci�n p�blica.
El detenido, Zhang Kequn, de 27 a�os, compareci� d�as despu�s ante un tribunal de la capital keniata junto a Charles Mwangi, un ciudadano local acusado de suministrarle los insectos. La fiscal�a sostiene que ambos formaban parte de una cadena que empieza en los suelos de la sabana y termina en vitrinas transparentes de coleccionistas a miles de kil�metros.
Seg�n el sumario, Zhang pag� decenas de miles de chelines kenianos por distintos lotes de hormigas, sin contar con los permisos exigidos por la legislaci�n local. No se trata de una infracci�n menor: en Kenia, la extracci�n y comercio de especies silvestres -por peque�as que sean- est� regulada como un delito grave.
El caso no es aislado. Desde hace al menos dos a�os, las autoridades del pa�s africano alertan de un aumento sostenido en el tr�fico de insectos, especialmente hormigas, hacia mercados asi�ticos y europeos. En 2024, dos adolescentes belgas fueron detenidos con 5.000 ejemplares ocultos en tubos de ensayo; el valor estimado de aquella incautaci�n superaba el mill�n de chelines (alrededor de 6.600 euros).
Un a�o despu�s, otra redada en un hostal del oeste del pa�s revel� m�s de 5.000 hormigas almacenadas en jeringas y peque�os contenedores de algod�n, listas para su exportaci�n. Los responsables, tambi�n j�venes belgas, admitieron su participaci�n en un negocio que crece al ritmo de una extra�a afici�n.

El destino final de estos insectos son estructuras de metacrilato o cristal donde los coleccionistas observan la vida de las colonias como si se tratara de acuarios en miniatura. Varios investigadores se�alan que la cr�a de hormigas, un pasatiempo antes marginal, ha experimentado un auge notable en la �ltima d�cada. En plataformas especializadas, ciertas especies africanas se venden por decenas o incluso cientos de euros. La Messor cephalotes, una hormiga cosechadora de gran tama�o originaria del este de �frica, es especialmente codiciada: sus reinas, que pueden alcanzar m�s de dos cent�metros, son apreciadas por su comportamiento y la complejidad de sus colonias.
Detr�s de este mercado emergente hay vendedores que se pasean por ferias de criadores que se multiplican en Asia y Europa. China, en particular, se ha consolidado como uno de los principales polos de demanda, impulsado por una comunidad de aficionados en expansi�n y un ecosistema digital que facilita la compraventa transfronteriza.
Pero el auge del comercio tambi�n ha encendido las alarmas de cient�ficos y conservacionistas. Las hormigas desempe�an un papel crucial en los ecosistemas africanos. Dispersan semillas, airean el suelo y contribuyen al equilibrio de los pastizales. Extraer miles de estos insectos, especialmente reinas, esenciales para la reproducci�n, puede tener efectos acumulativos dif�ciles de medir. Adem�s, su introducci�n en h�bitats ajenos plantea el riesgo de invasiones biol�gicas con consecuencias potencialmente devastadoras.
"Las especies m�s demandadas suelen ser tambi�n las que tienen mayor capacidad de adaptaci�n", se�alaba un art�culo publicado en la revista Biological Conservation, que citaba el comercio de hormigas en Asia. Si escapan o son liberadas, podr�an competir con especies locales, alterar cadenas tr�ficas y generar impactos econ�micos en la agricultura. "Las hormigas se comercializan como mascotas en todo el mundo, pero si se introducen fuera de sus rangos nativos podr�an volverse invasoras con graves consecuencias ambientales y econ�micas", contin�a el art�culo firmado por siete investigadores chinos.
Hace un par de a�os, los autores siguieron las ventas online de hormigas como mascotas en el pa�s asi�tico. "Encontramos que 58.937 colonias de hormigas de 209 especies fueron vendidas por 206 vendedores en 89 ciudades de todo el territorio en seis meses. M�s de una cuarta parte de las especies comercializadas no eran nativas de China".
Las autoridades de Kenia insisten en que este tipo de tr�fico, aunque menos espectacular que el de grandes mam�feros, erosiona igualmente la soberan�a sobre la biodiversidad del pa�s. Cada tubo incautado, cada colonia decomisada, es una pieza m�s de un comercio global que ha encontrado en un insecto diminuto un fil�n inesperado.
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