






























«Se vive distinto. Una forma de sentir nueva», dice Marta Peláez sobre sus relaciones sexuales. Tiene 50 años, una hija pequeña y está separada. Desde hace un año sale con un hombre algo más joven, y reconoce que «está poniendo toda la carne en el asador», pero también que ha aprendido a vivir «sin grandes expectativas». «No quiero convivencia, quiero disfrutar. Te quedas con lo bueno. Decides quedarte con lo bueno», matiza.
«Antes buscábamos a alguien con quien tener la vida de nuestros padres. Ahora buscamos tranquilidad y diversión. Lo de ahora no es el amor que yo conocía, no sólo es el sexo lo que es distinto», continúa. Y describiéndose a sí misma -mujer que ha conocido el matrimonio, la maternidad, que es independiente y profesional- define también a las que son distintas -que no se casaron, que no fueron madres, que quizá no pudieron estudiar- pero con las que comparte generación, en este caso la X: las mujeres que nacieron entre 1965 y 1980. En la actualidad, ellas están no sólo disfrutando del mejor sexo de sus vidas sino también en grandes dosis, lo que las convierte en el único segmento social que no vive en recesión sexual. Está disfrutando de su apogeo.
«Hablo más de sexo ahora con mis amigas que cuando éramos jovencitas y estábamos empezando y, en principio, deberíamos haber hablado y compartido más», reflexiona al respecto Laura Barrera, que está a punto de cumplir 45 años, también es madre y vive en Barcelona. Se acuerda de una adolescencia en la que las chicas no se ayudaban sino todo lo contrario. «Nos boicoteábamos. Si nos enterábamos de que alguien 'ya lo había hecho', se comentaba. Y siempre con términos eufemísticos: 'Ésta ya lo ha hecho'. 'Se la ha comido'. Tengo amigas de toda la vida con la que ahora hablo de sexo profusamente, aunque a algunas hasta les puede extrañar lo de las relaciones de una noche y hasta luego, porque quizá lo de volver a quedar, como que no», amplía refiriéndose a sus partenaires.
Su «como que no» denota que la mujer de la generación X en 2025 no sólo sabe lo que quiere, sino que no tiene problema en decirlo. En cuanto al sexo, tampoco tiene reparo en expresar lo que le gusta y lo que no le gusta. No tiene pudor en reclamar lo que le produce placer, sea esto lo que sea. Esta mujer, estas mujeres que aparecen en las fotografías de este reportaje, se han dado cuenta, como dice Adaia Teruel, autora de Mujeres que follan (Libros del K.O., 2024), de que, en cuestión de disfrute sexual, «es ahora o nunca».
Su compendio de entrevistas comenzaba con su propia inquietud por el alto nivel de deseo que sentía -«¿seré una guarra, una adicta al sexo, una pervertida?»- y proseguía con los relatos de placer de «mujeres que rondaban los 40 años» y estaban dispuestas a contarlo. Para ellas y para todas las que hablan en este reportaje es fundamental en este fenómeno social y -después se verá- también cultural que, ahora, las mujeres hablen más entre ellas. «Hablamos entre nosotras en profundidad y con sinceridad», detallan.
Aunque refieren no haber tenido educación sexual como tal -algunas afirman no haber escuchado ni una palabra sobre el asunto de boca de sus padres- fueron aprendiendo por sí solas en un mundo que aún era analógico. En la plaza, en el parque, en la discoteca, en la campa aquella en la que se juntaban para hacer botellón. También en la universidad, en el campo profesional, mientras se casaban o no lo hacían, mientras eran madres o elegían no serlo (porque ya podían decidir sobre esto) y que, en muchos casos, ya han pasado por el divorcio, o bien ni siquiera se han casado o no quieren tener una relación como tal, de las tradicionales, de las de compartir casa, hipoteca e hijos. Todas valoran especialmente la sinceridad, muchas se acuestan con hombres más jóvenes que ellas (y hasta mucho más jóvenes que ellas) y llegaron al mundo del flirteo online con más experiencia, madurez y ganas que muchos otros.
Porque desde hace casi dos décadas -por mucha tecnología, igualdad y adelantos eróticos acaecidos-, los estudios sobre comportamiento sexual en Occidente constatan que cada vez se practica menos sexo y que, aquellos en los que estaba puesta toda la confianza, los más jóvenes -millennial, zeta, alfa-, tras haber crecido en ambientes mucho menos conservadores que las generaciones previas, no practican tanto sexo como se esperaba. Según el último estudio del Instituto Kinsey, especializado desde 1947 en la investigación sobre sexo, género y reproducción, «está bien documentado que la generación Z está teniendo menos sexo, menos parejas y menos relaciones que las generaciones que les preceden». Y también señalan que esta última, en la actualidad, «tiene tendencia a idealizar los roles de pareja tradicionales».
«Existe cierto atractivo en cómo eran las cosas antes, en el sentido de que parecían más sencillas». En su ensayo Nunca es sólo sexo (Sexto Piso, 2024), el psicoanalista británico Darian Leader hasta cuestionaba la presunta revolución sexual de nuestra época, desde el poliamor y el auge de las apps de citas hasta la pornografía de fácil acceso. Y señalaba que «en los últimos años la gente tiene menos sexo que antes». El filósofo francés Alexander Lacroix sostenía dos años antes en Aprender a hacer el amor (Arpa) que nuestra sexualidad corría peligro y que, por tanto, también lo corría la humanidad. Y advertía de un mix entre pornografía y vestigios freudianos que convertía las relaciones heterosexuales en «preliminares, penetración y orgasmo».
Sin embargo las mujeres de la generación X, en estos mismos tiempos, cuentan haberse iniciado en prácticas sexuales nuevas. Y que su querencia por los hombres jóvenes tiene sentido: estos parecen tener menos manías, menos toxicidad patriarcal y hasta mayor conciencia de la responsabilidad afectiva. Por no hablar de una mente mucho más abierta a la exploración. «A un hombre joven puedes meterle el dedo en el culo y que no te monte un drama porque él no es maricón», dice, por ejemplo Adaia Teruel, que está casada, tiene dos hijos de 14 y 11 años, y el próximo otoño publicará el libro Hot Barcelona. Crónicas sexuales de una ciudad contemporánea (Libros del K.O.).
La literatura es la otra gran pata del fenómeno, englobada en una tendencia que se plasma en la cultura en su totalidad. Se hacen películas sobre mujeres en sus 50 como no se solían hacer -Nicole Kidman, en su reciente película Babygirl, tiene una aventura con su becario-, y se publican libros sobre la realidad sexual más cruda que se está viviendo en 2025 también como nunca antes, una vez superada la ola de ensayos de carácter eminentemente feminista. Por ejemplo, según The New York Times, la mejor novela de 2024 es A cuatro patas (All fours), de Miranda July. «Es la primera gran novela de la perimenopausia», dijeron. En España, la publicará Random House a mediados de junio. Narra la historia de una artista «en el ecuador de su vida» que emprende un largo viaje por carretera para «repensarse a sí misma». Se despide de marido e hijos y arranca.

Un despertar post-sexo de Marta Peláez, de 50 años.
Para la psicóloga y sexóloga Patricia Díaz Saco este asunto sería clave, pues señala que las mujeres de la generación X son grandes consumidoras de literatura erótica. «Y no me refiero únicamente a Cincuenta sombras de Grey, sino a fantasía erótica y romántica y a que en la realidad de estas mujeres está presente una literatura que abarca contenidos que antes no se trataban de manera tan explícita y tampoco desde una perspectiva tan liberada, aunque no me encante usar esta palabra», prosigue. «Además, esto es una máxima de la neurociencia: cuando estás expuesto a una información de manera constante, ésta acaba formando parte de tu realidad. Si estás abierto a esa literatura, la información erótica está más presente en tu cabeza de lo que podría estar en generaciones anteriores. Antes no se esperaba de las mujeres de esta edad que fueran individuos deseantes», contextualiza.
Y el contexto es especialmente importante a la hora de analizar este fenómeno. Porque, como dice el también sexólogo y psicólogo Ignasi Puig Rodas, «lo que se esperaba de una mujer de 50 años en los 80 no es lo mismo que lo que se esperaba en los años 2000». Ni ahora. «Compara por un momento a nuestras madres a esa edad con las mujeres de esa misma edad ahora. Las de la generación anterior no tenían información sobre autocuidado y tampoco la intencionalidad de seguir cuidándose a medida que se hacían mayores. No había este auge del skincare que hay ahora o ese deseo de verse bien. Sentirse deseable influye mucho, y las mujeres de la generación X también son las primeras entre las que encontramos un gran volumen de profesionales», resume Díaz Saco.
Para su compañero Puig Rodas, habría que hacer incluso una matización más, el hecho de que en el fenómeno que nos ocupa convergen «dos tipos de mujeres, una la que se negó a reproducir el mandato social de la maternidad y la crianza combinada con la carrera profesional y otra, la que se casó, tuvo hijos y, llegado a un cierto punto de su vida, empezó a preguntarse a qué quería dedicar el resto de su tiempo». Habla este sexólogo de «féminas de diferentes tipos en las que confluyen ciertas necesidades, aunque el camino que les ha llevado a ellas sea también diferente. Y se preguntan: ¿qué quiero hacer con mi tiempo? ¿Y con mi cuerpo? ¿Y con mi ocio?
Quiero (Temas de Hoy) se titulaba, precisamente, el libro que publicó el año pasado la actriz Gillian Anderson (56 años), antaño la Teniente Scully de Expediente X y hoy más conocida por la serie de Netflix Sex Education. En él, mostraba «qué piensan y qué sienten las mujeres sobre el sexo cuando tienen la libertad de ser ellas mismas». Sirva también un ejemplo más reciente: el próximo día 19 se publica Pide lo que mereces (Tendencias), una «guía feminista para romper las absurdas reglas del mundo de las citas».

Laura Barrera, 44 años, madre de dos hijos.
Por si fuera poco, todo ello tiene su traslación en la consulta. Cuenta Iván Rotella, sexólogo y director de AsturSex Atención Sexológica, que «cada vez más parejas acuden por iniciativa de la mujer» y también que «la inmensa mayoría de esas mujeres pertenecen a la generación X». «Son nuestras mejores clientas, han decidido que no están dispuestas a renunciar al placer. No quieren conformarse ni resignarse y tampoco aceptan que la vida es así, como decían algunas abuelas atrapadas en relaciones que ya no les aportaban nada pero que, por educación e imposición social e, incluso, económica, habían decidido continuar».
Para este profesional (y también para el resto de los consultados), las mujeres de esta edad «han decidido decir basta a un modelo que no les encaja y atreverse con todo porque sí, porque se lo merecen, y quieren aprender, investigar y saber mucho más». Quieren, por lo pronto, probar, «ya no piensan que el sexo es sólo cosa de jóvenes a los que ya se les pasará. Es que no quieren que se les pase, quieren tener sexo toda su vida, con la misma pareja o con varias o solas». Lo decía Marta al principio: «Hemos superado a la generación anterior, y también el mandato de la crianza y el matrimonio para siempre». Además, apunta Rotella, «tener pareja ya no es algo que les realice, sino que valoran la calidad de la posible pareja y tampoco tienen problema en estar solas».
«'Todavía soy joven', nos dicen constantemente en consulta mujeres cuarentañeras, cincuentañeras e incluso sesentañeras. Y claro que lo son, para lo que quieran», subraya Rotella. Así las describe, por ejemplo, la terapeuta especialista en parejas Diana Fernández Saro, quien también forma parte de la generación X: «Crecieron con nuevos aires de democracia, empezaron a dejar atrás mandatos machistas, con una educación mucho más permisiva y relajada para la sexualidad femenina que para las mujeres de generaciones anteriores, en un entorno político y social donde comenzaban a florecer la igualdad, los derechos sexuales y los reproductivos».

Adaia Teruel, 46 años, autora del libro 'Mujeres que follan'.
Además, aprendieron a flirtear sin Tinder y sin Instagram pero supieron subirse al nuevo panorama digital. Y tras varias décadas de feminismo, sumado a variados fenómenos, como el del bodypositive, que promueven la idea de que no sólo los cuerpos normativos son deseables, han acabado por construirse divas, poderosas, «libres y gozosas como no pudieron ser sus antecesoras, sin avergonzarse de su cuerpo, sin temer a su deseo y permitiéndose hablar de sexualidad en lo íntimo y en lo público».
Porque otro de los elementos ineludibles del fenómeno es que hay en ellas, las de 45, 46, 47, en adelante y etcétera, menos inhibición, menos complejos y hasta menos manías a la hora de hacer el amor (que si a oscuras o con poca luz, y que en la cama por defecto, por ejemplo). «Es la edad en la que comienzas a superar complejos, aceptas las arrugas y empiezas a sentirte bella más allá de ellas. Además, estamos hablando de mujeres que han trabajado su autoestima», concluye la psicóloga y sexóloga Ester Álvarez Guillén, autora de libros como Sexo in fraganti y Elisa y el Diario Secreto.
Mujeres que encuentran en «hombres jóvenes compañeros y amantes con educación sexual, que conocen sus emociones y las ajenas, duchos en escucha y asertividad, sin miedo a la intimidad y a la vulnerabilidad que conlleva, sosteniendo y dejándose sostener. Hombres con dedicación erótica, atentos y cuidadosos al goce y el crecimiento en pareja», explica Fernández Saro sobre el reverso de lo tradicional: no es que ya no sea habitual ver parejas compuestas de un hombre maduro y una mujer joven, es que ahora también es muy habitual ver lo contrario.
La también especialista en sexología Ana Alonso, vocal de la Junta Directiva de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS), destaca que algunas ya tuvieron madres que usaron la píldora anticonceptiva, «de las que se aprendió que una cosa era la reproducción y otra el placer». «Nos empezamos a dar permisos para disfrutar de la intimidad con nuestras parejas sin consecuencias indeseadas... Y en estas estábamos cuando nos llegó nuestra primera pandemia, la del Sida. Parecía un castigo a la frivolidad de nuestra moral divertida, se nos morían estrellas del rock, actores y actrices, pero lo más duro es que también cayeron por el camino amigos, amigas, familiares... Nosotras, que nos creíamos tan responsables por usar la píldora, volvíamos a tener que echar el freno. Afortunadamente, pronto llegaron campañas como el Póntelo, pónselo, que abrían el melón de la realidad de las relaciones y nos enseñaban a protegernos y cuidarnos. Aprendimos tolerancia a la frustración, a lidiar con los malestares, a defendernos de las morales intransigentes... Conocimos la paciencia de las esperas analógicas, la intimidad de escribir en nuestro diario cuando no había redes sociales ni se las esperaba...», resume Alonso.
"Si le metes el dedo en el culo a un hombre más joven, no hay drama. Pero uno más mayor te dirá que él no es ningún maricón"
Adaia Teruel
Con todo esto a sus espaldas, las mujeres de la generación X, las que crecieron «entre la resaca del Mayo francés y la ola de erotismo que invadió la Transición española, las que entendieron con los electroduendes que leer era muy importante, pero también la buena música», las que aprendieron sobre menstruación con Bea de Verano Azul, las que «huyeron de ser denominadas como sexo débil; las que tuvieron que reflexionar sobre cómo compaginar la vida maternal con la vida privada y la profesional», han sabido defender su vida erótica «con uñas y dientes», remarca.
Y culmina: «Nos damos permiso para vivir aventuras y probar nuevas sensaciones. Hay quienes se atreven con el poliamor o con parejas liberales. Hay quienes se aburren con las aplicaciones de ligar porque eran más divertidas las seducciones en los bares o discotecas... Pero por encima de todo, reivindicamos que éste es nuestro momento, que hemos tenido que recorrer mucho camino para llegar hasta aquí, incluida nuestra segunda pandemia, que ya no solo nos pedía profilaxis sino que nos hizo renunciar nuestros espacios de socialización. Y ahora que los hemos recuperado, que nadie más nos recorte nuestro derecho a disfrutar... ¡Que siga la fiesta!».
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