






















Pablo Scarpellini Los Ángeles
Actualizado
El planteamiento sonaba irresistible, un tipo de meditación tan poderosa que garantizaba el orgasmo a las mujeres que la practicaban, con una compañía detrás, OneTaste, empeñada en erradicar el déficit de placer entre las mujeres de Estados Unidos y equilibrar la balanza de insatisfacción sexual entre hombres y mujeres, abonadas a la cultura del "sexo lento". De fondo, sin embargo, una trama mucho más oscura que su idílico paradigma: abusos a sus empleadas, retención de salarios y coacción sexual, según han declarado las afectadas.
El martes, la fundadora y CEO de la empresa, Nicole Daedone y su jefa de ventas, Rachel Cherwitz, se sentaron en el banquillo de un tribunal de Nueva York tras ser acusadas, además, de manipular a los miembros de su culto orgásmico —como lo bautizó la prensa en Estados Unidos— para que tuvieran relaciones sexuales con inversores y clientes en un esquema que duró 14 años.
La abogada Jennifer Bonjean, que representa a Daedone, sostiene, sin embargo, que OneTaste era un club de mujeres aficionadas al "yoga con un giro" y que todas las que se unieron lo disfrutaron plenamente. "Ahora están casadas, tienen niños y no quieren que sus vecinos sepan lo que estaban haciendo cuando tenían 20 años", explicó la letrada ante un jurado de un tribunal en Brooklyn. "Durante todo ese tiempo, se lo estaban pasando en grande. Adultas que tomaron decisiones de adultas que no quieren asumir".
Sobre ambas pesa un cargo de conspiración para cometer trabajos forzosos por la trama que, según la fiscalía, operaron para contratar a mujeres con traumas sexuales previos para someterlas a un régimen de "abuso psicológico, emocional y económico", además de "adoctrinamiento e intimidación". Se enfrentan a una condena de 20 años en prisión.
Según declaró Sean Fern, el fiscal federal adjunto, "trabajaban porque les habían enseñado que el camino a la iluminación era obedecer las exigencias de los acusados. Trabajaban porque les decían que hacer cosas que consideraban sexualmente repugnantes era el camino a la libertad. Obligaban a sus víctimas a prestar servicios sexuales a los clientes de OneTaste. Crecieron OneTaste a costa de trabajo no remunerado o mal pagado, gran parte de ese trabajo incluía atender a los inversores de OneTaste".
En realidad, el célebre ritual de "meditación orgásmica" consistía en que una mujer, desnuda de cintura para abajo, se tumbaba sobre almohadas mientras un hombre le acariciaba los genitales durante 15 minutos. Para Daedone, escritora y emprendedora de 58 años, nacida en Los Gatos, California, la única forma de corregir el déficit de placer era mediante una única cura: "el orgasmo".
Mike Robotti, abogado de Cherwitz, dijo el martes que la mujeres que ahora acusan a su clienta "se lo estaban pasando bien, estaban teniendo relaciones sexuales. La puerta de salida siempre estaba abierta".
El de OneTaste es otro de esos conceptos revolucionarios, a priori, paridos en Silicon Valley que comenzó a saltar de boca a boca con rapidez y que alcanzó su punto álgido en 2018, cuando más de 35.000 personas asistían a sus eventos, apoyadas por personalidades como Kim Kardashian y Gwyneth Paltrow. Pero a medida que subía su popularidad iban emergiendo las acusaciones de abusos y las sospechas de culto encubierto.

Fotograma del documental de Netflix.EM
Ese mismo año, la agencia de noticias Bloomberg destapó una parte del escándalo que llevó al FBI a abrir una investigación por tráfico sexual, prostitución y violación de leyes laborales. Poco después, OneTaste, que llegó a facturar 12 millones de dólares al año en su mejor momento, decidió cerrar las puertas de sus locales y cancelar todas las actividades en las ciudades en las que operaba, incluyendo Denver, Nueva York, Las Vegas, Los Angeles, Londres y Austin.
La fiscalía repitió parte del material expuesto en el documental de Netfix, Orgasm Inc, estrenado en 2022, donde se explica cómo Daedone y Cherwitz gobernaban la vida de sus miembros, instruyéndolas a que participaran en actos sexuales con los que se sentían incómodas, mujeres vulnerables a la que les pagaban poco o nada y que usaban como esclavas sexuales de sus inversores.
Todo ello comenzó a emanar de la particular mente de Daedone, hija de una madre soltera, graduada en Comunicaciones en la Universidad de San Francisco, dueña de una galería de arte, camarera en una pizzería y, durante un tiempo, stripper y prostituta de lujo.
Daedone, que abrió la empresa en 2004, ha publicado Slow Sex y otros libros de corte erótico donde recoge parte de su filosofía, una que puede acarrearle unos cuantos años de prisión. Hace tiempo que no está involucrada con la empresa, que hoy opera a través de una aplicación y que aún aspira a convertirse en franquicia algún día.
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