


























Una fiesta se alarga más de la cuenta. Las copas se suceden, es verano y no hay problemas. Chica flirtea con chico (o viceversa y en las combinaciones de sexo que se prefieran) y una cosa lleva a la otra. No hay una escena clásica que venga a continuación, pero la cinematografía ha elegido muchas veces representar arrepentimientos en distintos grados. A lo mejor él era su cuñado, a lo mejor era su profesor, a lo mejor su amigo de la infancia... O a lo mejor, sencillamente, sobriedad no les favorece y con el sol en la cara, el que era atractivo ayer ha mutado en feo esta mañana. Más o menos como si la claridad hubiera deshecho un sortilegio.
Beber afloja sentidos y voluntades y ahora, con media España de vacaciones, el contexto veraniego favorece el binomio sexo-alcohol. Los festivales, las verbenas de los pueblos y pasarse las horas muertas en el chiringuito propician encuentros íntimos donde las bebidas etílicas están presentes. Además de las consecuencias de su ingesta sobre la salud, ¿cómo influye en la cama? Y, muy importante, ¿llegamos a ella voluntariamente y plenamente conscientes?
Una investigación de la marca de juguetes eróticos We-Vibe desvela que el 62 % de los españoles ha tenido sexo bajo los efectos del alcohol al menos una vez, aunque muchos lamentan la experiencia. La franja de edad que más mezcla cama y bebida se sitúa entre los 35 y los 44 años.
Preguntados por su grado de satisfacción, el 18 % afirma que el sexo borracho es mejor que el sexo sobrio, mientras al 28% (algo más de una de cada cuatro personas) le parece peor. Además, el 38% de los encuestados evita directamente tener sexo cuando ha bebido.
Ana Lombardía, sexóloga y colaboradora de la marca de juguetes Lovehoney, explica los contras de esta dupla: "El alcohol es desinhibidor y puede que hagamos cosas que no haríamos sin él. Quizá no sopesemos las decisiones, no tengamos en cuenta los riesgos, elijamos a quien no elegiríamos... También podemos no usar preservativo y participar en prácticas que realmente no deseamos".
Sí facilita la conquista en tanto que rompe barreras y timideces, prosigue Lombardía, "pero también impulsa conductas perjudiciales que no llegamos a valorar". Y alerta sobre las expectativas no cumplidas: "Muchos creen que si se toman una copa estarán más sueltos y su experiencia será mejor, pero ese 28% confirma que muchas veces no es así".

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El efecto anestésico del alcohol está detrás de que sintamos menos, dice la sexóloga, y en consecuencia, puede dificultar la excitación, la lubricación y la llegada al orgasmo. "Los hombres que padecen eyaculación precoz la pueden retrasar o incluyo no llegar, aunque naturalmente no es un tratamiento saludable para combatirla", aclara.
El adormecimiento que nos causa apaga la consciencia de lo que estamos haciendo y, con ella, también disminuyen el disfrute y la memoria: "Rememorar el buen sexo es muy placentero, pero si no te acuerdas...", sostiene Lombardía.
Vistos algunos pros y contras del mix sexo-alcohol, Nayara Malnero, experta en terapia sexual y de pareja y conocida en redes como @sexperimentando, concluye que "no cunde lo que cuesta" o lo que es lo mismo, que la mezcla no compensa. "La desinhibición y el atrevimiento iniciales que proporciona a la hora del cortejo puede traer aparejadas consecuencias sociales y de salud, como contraer alguna ITS, mantener relaciones sexuales en un sitio público y traspasar algunos límites que tú tienes establecidos", afirma. "Así se lo transmito a los adolescentes cuando hago sesiones de educación sexual. Insisto en que en el sexo merece la pena estar al 100%", añade.
Pero el mix revolcón y copas no solo ronda las relaciones casuales. Apostilla Ana Lombardía que en parejas estables el alcohol se utiliza para relajarse y "para crear un clima erótico" alrededor de una botella de vino. Malnero amplía: "Aunque ese entorno se puede considerar seguro, se exaltan las emociones y podemos hacer confesiones inesperadas o ver en nuestra pareja comportamientos que no nos gustan".
Pero, ojo, funciona también como facilitador del deseo, especialmente en las mujeres: "Beber puede cambiar las dinámicas y despertar las ganas. Como el espacio es seguro, puede ser muy disfrutado, aunque no deberíamos beber siempre para tener sexo. No es la forma adecuada de trabajar la ausencia de deseo", concluye.

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En España existe una tradición arraigada sobre el consumo social de alcohol. "Actúa como lubricante social y está presente en muchos ritos de socialización a diferencia de Reino Unido, donde se bebe más en pubs o los nórdicos, que beben más a solas", explica Ana Lombardía. Sin embargo, esta normalización, también entre sábanas, no debe esconder algunas consecuencias que afectan especialmente a las mujeres.
"Si no soy dueña de mis actos, porque estoy dormida, borracha o drogada, no hay consentimiento. En esas circunstancias, la otra persona no puede dar por hecho que puede tener sexo conmigo porque no puede asumir que lo deseo. Por tanto, no debería tener relaciones sexuales en esas condiciones", zanja la experta de Lovehoney.
En esta línea, la Generación Z cada vez apuesta por el dry dating, una tendencia que aboga por no tomar alcohol en las primeras citas. Así lo resumió para Yo Dona una entrevistada hace meses: "Prefiero no beber porque el alcohol me afecta y luego los chicos me parecen más majos de lo que realmente son". Y otra añadió: "Alguna amiga ha tenido malas experiencias y yo prefiero andarme con pies de plomo. Pueden echarte algo en la bebida y pasarse de la raya".
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