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Impresionante, así puede definirse con una palabra el show de Rosalía en Madrid.
La artista demuestra que pertenece a la élite mundial, al nivel de figuras como Taylor Swift, Beyoncé o Harry Styles. Ya no es solo la reina latina que conocíamos por Motomami, sino una intérprete de alcance global.
Uno de los elementos más impactantes es la presencia de una orquesta de veinte músicos situada en el centro del escenario, lo que aporta una dimensión majestuosa al espectáculo.
La primera parte del concierto, compuesta por cinco canciones de Lux, destaca por un despliegue vocal extraordinario, un registro al que muy pocas artistas pueden llegar actualmente. Esta sección inicial, más melancólica y casi sacra, sirve como punto de partida para un espectáculo que crece progresivamente.
Tras ese inicio introspectivo, el concierto se transforma en una fase de puro disfrute con la energía característica de Motomami. Luego Rosalía regresa brevemente al flamenco con una canción de Los Ángeles, recordando sus raíces. El tramo final recorre distintos estados: momentos festivos, otros de empoderamiento femenino y, finalmente, un cierre donde vuelve a deslumbrar con su voz, dejando al público completamente atónito.



























