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El periodista de CNN Bill Weir analizó su cerebro junto a científicos de la Western University de Ontario después de dejar de usar completamente su iPhone durante 14 días.
El periodista de CNN Bill Weir quiso celebrar los primeros 50 años de Apple de una forma original: tomando su producto más revolucionario, el iPhone, y metiéndolo en una caja. Durante dos semanas. El experimento forma parte de un largo programa dedicado al aniversario y arrojó resultados que sorprendieron incluso al propio Weir.
Durante 14 días prescindió de su iPhone y lo sustituyó por un "dumb phone", es decir, uno de esos teléfonos móviles con funciones de conectividad muy limitadas. Sin notificaciones, solo agenda para llamar y enviar SMS, mapas para orientarse y una cámara de baja resolución. El modelo elegido fue un teléfono tipo concha, sin pantalla táctil y con muchos botones, donde para escribir hay que usar el antiguo sistema T9.
Junto a los científicos de la Western University de Ontario, midió su actividad cerebral antes de abandonar el iPhone y nuevamente al finalizar el experimento. "Después de una semana, mi necesidad de redes sociales empezó a desaparecer; noté una mayor capacidad de concentración y empecé a leer mucho más en papel", cuenta en un vídeo en YouTube.
Los resultados confirman sus sensaciones: la actividad cerebral aumentó notablemente, los tiempos de reacción mejoraron un 23% y la conectividad cerebral se volvió más coordinada y organizada. "Ahora siento que lo utilizo mucho más yo a él de lo que él me utiliza a mí", concluyó Weir, explicando cómo este experimento cambió de forma radical su relación con el smartphone.
Desde hace varios años, investigadores, médicos y científicos estudian el impacto del uso del smartphone en nuestro cerebro. Los resultados son relevantes, pero aún están en evolución, al igual que el propio uso que hacemos del teléfono.
Las redes sociales y el "scrolling" continuo que fomentan están influyendo de forma notable tanto en los estudios como en los análisis más recientes. El llamado "brain rot", por ejemplo, se ha convertido en el neologismo más destacado de 2024 según el Oxford Dictionary.
Según los últimos datos recogidos por Reviews.org, en Estados Unidos las personas revisan el smartphone una media de 200 veces al día, aproximadamente cada cinco minutos. El 46% se considera "dependiente" del teléfono y el 53% afirma no haber pasado nunca más de 24 horas sin él.
Ya en 2017, una investigación publicada por la University of Chicago Press llevó a cabo un experimento con 520 personas durante dos semanas para comprobar cómo la mera presencia de un smartphone —incluso cuando está boca abajo sobre la mesa— puede influir en nuestras capacidades de atención y concentración.
Este fenómeno fue definido como "brain drain" (drenaje cerebral): el smartphone y la atención automática que genera consumen recursos cognitivos, que son limitados y fundamentales para el control de los procesos mentales.
La Columbia University, en 2011, analizó el llamado "Google Effect", demostrando que cuando las personas saben que pueden acceder fácilmente a una información en internet, tienden a no memorizarla, prefiriendo recordar dónde encontrarla.
En 2025, la revista Psychiatric Research confirmó con otro estudio la existencia de "amnesia digital" entre estudiantes universitarios, señalando que podría estar relacionada con la dependencia del smartphone.
Además, la Universidad de California, en 2023, y en particular la investigadora Gloria Mark, demostró que el tiempo medio de atención antes de una interrupción ha pasado de 2,5 minutos a solo 47 segundos. Las constantes interrupciones y el ritmo acelerado del entorno digital serían una posible causa.
El método más utilizado para analizar científicamente la actividad cerebral y sus cambios es la resonancia magnética volumétrica. Según una publicación de 2023 de la National Library of Medicine de Estados Unidos, los principales efectos incluyen una menor cantidad de materia gris en regiones específicas como la corteza cingulada anterior, la corteza orbitofrontal, el giro fusiforme, las regiones parahipocampales y el cuerpo estriado.
Estas son las mismas áreas que se ven afectadas en las adicciones a sustancias. Son zonas clave para el control de impulsos, la toma de decisiones y la regulación emocional.
Las áreas de la corteza frontal y prefrontal están especialmente relacionadas con el control ejecutivo, es decir, la capacidad de utilizar funciones cognitivas superiores para comportamientos orientados a objetivos.
En general, la mayoría de los expertos coinciden en que son necesarios estudios longitudinales más amplios para establecer relaciones causales definitivas, y que factores como la edad de inicio en el uso y el tipo de utilización del smartphone son variables determinantes.
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