El profesor al frente del Instituto Mario Negri afirma: "Sabemos que es menos contagioso, pero mucho más mortal que el Covid. Las mascarillas y el lavado de manos son las mejores defensas"

Giuseppe Remuzzi, director del Instituto Mario Negri.
Vanna ToninelliCorriere della Sera
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Cuando en los tiempos del Covid a menudo nos repetían que el virus "viajaba sobre nuestras piernas", en estos días -con tres fallecidos, nueve casos confirmados y 11 sospechosos de personas positivas al hantavirus repartidas por distintos continentes- estamos aprendiendo que también los barcos y los aviones juegan su papel.
Es inevitable, especialmente en los territorios más afectados por la pandemia, cierta preocupación. Pero, ¿nos enseñó algo el coronavirus? Giuseppe Remuzzi, director del Instituto Mario Negri, está convencido de que sí.
- ¿Qué sabemos realmente del hantavirus?
- "Sabemos poco. Lo que sí sabemos es que proviene de los roedores, que existen distintos tipos y que la variante Andes, originaria de Sudamérica, es la única que se transmite de persona a persona. Es un virus de ARN, por lo tanto sujeto a mutaciones".
- ¿Cuáles son los síntomas?
- Es un virus pulmonar, con manifestaciones también muy graves, pero puede afectar a los riñones, provocando enfermedad e insuficiencia orgánica.
- ¿Debemos esperar una repetición del Covid?
- Muchos expertos y la propia Organización Mundial de la Salud, que sigue siendo un pilar fundamental, han declarado que el hantavirus no es el Covid. Sin embargo, hemos perdido la oportunidad de aprender muchas cosas que ahora no sabemos. No es seguro que el paciente cero fuera el ornitólogo neerlandés posteriormente fallecido, pero es muy probable, y al encontrarnos ante un entorno cerrado como un barco, era la situación ideal para testear a todas las personas, incluso con análisis genéticos para identificar el origen. De ese modo habríamos entendido la dinámica de los contactos, que hoy conocemos poco.
- ¿Es un virus muy contagioso?
- El mecanismo de contagio no se conoce del todo, pero hay evidencias del papel de las gotículas respiratorias de personas infectadas. Se contagian sobre todo los contactos estrechos. Conocemos este virus desde hace muchos años y nunca se ha difundido a gran escala. Un brote en Argentina entre 2018 y 2019 involucró a 34 personas, con 11 muertes, así que sabemos que la mortalidad es alta, entre el 30% y el 50%. Parece que los asintomáticos no son contagiosos, a diferencia del coronavirus. Pero hay que subrayar que lo que sabemos hoy puede no valer mañana. Podrían aparecer mutaciones con características distintas y, dado el periodo de incubación, hacen falta todavía dos semanas para tener certeza sobre cuántos contagios hay. Hay que ser prudentes.
- ¿Qué herramientas tenemos para combatirlo?
- Prácticamente no tenemos armas, salvo las mascarillas y el lavado de manos. En Italia el Ministerio de Sanidad ha hecho un trabajo muy bueno, desde las pruebas de anticuerpos en sangre hasta el rastreo de contactos, y eso es tranquilizador. No es cierto que del Covid no hayamos aprendido nada. Para este virus no existe vacuna hoy, pero los científicos llevan décadas trabajando en ello, así que llegará. Hoy entendemos lo valiosas que son las vacunas de ARNm.
- Entonces, ¿algo aprendimos del Covid?
- La lección más importante ha sido abrirnos los ojos sobre el papel irrenunciable de nuestro sistema sanitario nacional, sus fortalezas -que son muchas- y sus debilidades, especialmente la llamada 'medicina territorial'. Debemos corregir eso, se está trabajando en ello, pero hay que hacerlo entre todos, dejando fuera intereses partidistas.
- Háblenos sobre las vacunas de ARNm
- Se desarrollaron durante y, paradójicamente, gracias a la pandemia. Fueron fruto de una colaboración sin precedentes entre gobiernos y farmacéuticas. Se llegó en diez meses, nadie lo había previsto; los más optimistas hablaban de tres años. Los estudios de seguridad, realizados en decenas de miles de voluntarios, dieron resultados excelentes. La eficacia fue 'espectacular', reduciendo la enfermedad grave de forma importante, aunque no impidieran completamente la infección ni la transmisión.




















