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Los especialistas recomiendan que los tratamientos basados en fármacos de la 'familia Ozempic' se acompañen siempre tanto de un plan nutricional adecuado, con una ingesta suficiente de proteínas, como de un programa de ejercicio que incluya entrenamiento de fuerza. Uno de los principales objetivos de este consejo es la preservación de la masa muscular del paciente y la mejora de su funcionalidad; una meta que, de otra manera, podría verse afectada por estas terapias, según apuntan algunas investigaciones.
Para conseguir ese fin, no obstante, también podrían servir de ayuda nuevas alternativas terapéuticas. Así lo sugieren los resultados de un ensayo clínico en fase 2 publicado este lunes en la revista Nature Medicine, que muestran la utilidad de un nuevo fármaco, denominado apitegromab, para preservar la masa muscular magra durante el tratamiento con tirzepatida, un agonista del receptor GLP-1 y cuyo nombre comercial es Mounjaro.
Los fármacos de la 'familia Ozempic', como la tirzepatida, pueden ayudar a perder una cantidad considerable de peso corporal. Sin embargo, parte de esta pérdida de peso puede provenir de la masa muscular magra, que principalmente se compone de músculo esquelético, que resulta fundamental para la fuerza, la salud general, el metabolismo y la actividad física.
El apitegromab es un fármaco diseñado para bloquear la miostatina, una proteína implicada en la degradación del músculo esquelético. Y, según los resultados de esta investigación, su mecanismo de acción podría mejorar los resultados de la pérdida de peso en este tipo de pacientes al reducir la pérdida de masa muscular magra.
Para saber más

El ensayo incluyó a 102 adultos con sobrepeso u obesidad, quienes recibieron tirzepatida más apitegromab o tirzepatida más placebo durante 24 semanas. Según los detalles del trabajo, al finalizar el estudio, la pérdida de peso total fue similar entre ambos grupos, pero quienes recibieron apitegromab perdieron 1,9 kg menos de masa magra que quienes recibieron placebo, lo que representa una retención de masa magra un 54,9% mayor.
La masa magra representó el 14,6 % de la pérdida de peso total en el grupo de apitegromab, en comparación con el 30,2 % en el grupo placebo. El medicamento en general no presentó problemas de tolerancia, con tasas similares de eventos adversos entre los grupos de tratamiento: 39 de 51 (76%) de los sujetos que recibieron apitegromab experimentaron algún evento adverso, en comparación con 36 de 51 (71%) en el grupo placebo.
Los autores sugieren que el apitegromab podría ayudar a preservar la masa magra durante el tratamiento con tirzepatida y podría contribuir a mejorar la composición de la pérdida de peso. Sin embargo, también advierten de que el ensayo tenía limitaciones a tener en cuenta, como su tamaño relativamente pequeño, el hecho de que más del 80% de participantes fueran mujeres y que se hubieran excluido de la investigación a pacientes con problemas cardiometabólicos, incluida la diabetes.
En el último Congreso Europeo sobre Obesidad (ECO), un estudio advirtió sobre los riesgos de prescribir los GLP-1 sin abordar una adecuada pauta nutricional y de ejercicio.
«Hay que integrar una guía nutricional personalizada y un seguimiento activo para evitar complicaciones como la sarcopenia durante el tratamiento», señaló a este periódico una de las responsables del citado trabajo, Patrizia Rovere Querini, directora de la Unidad de Medicina Interna del Hospital IRCCS San Raffaele (Milán, Italia).
Mediante el uso de una aplicación con inteligencia artificial, la investigación determinó que quienes emplean estos medicamentos tienden a consumir significativamente menos calorías y proteínas, con un 88% de los usuarios por debajo de los niveles recomendados.
Los resultados indican que la supresión del apetito es proporcional en todos los nutrientes, lo que genera una ingesta proteica críticamente baja que pone en riesgo la masa muscular. Mientras que los expertos recomiendan entre 1,0 y 1,2 g/kg/día durante la pérdida de peso activa, los usuarios analizados consumían solo 0,6 g/kg/día, aproximadamente la mitad de lo necesario para preservar la masa magra. Además, se observó una tendencia marcada a saltarse comidas.
El trabajo también detectó otro error común: no combinar el medicamento con ejercicio de resistencia. La falta de este estímulo, sumada a la baja ingesta de proteínas, aumenta significativamente el riesgo de sarcopenia (pérdida de masa y función muscular).
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