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La organización WWF explica que, si bien el cambio climático "no origina incendios", sí favorece su propagación, pues, las altas temperaturas, las olas de calor y las sequías provocan que "los bosques estén más estresados". A ello se suma la expansión de las urbanizaciones hacia zonas forestales, en muchos casos sin una planificación adecuada.
El abandono rural es una parte importante de la raíz del problema. En las últimas décadas han desaparecido los pequeños cultivos, capaces de frenar la propagación del fuego; en su lugar, hoy se acumulan millones de toneladas de vegetación continua y altamente inflamable.
Durante 2025, un total de 63 grandes incendios forestales (GIF) arrasaron 355 000 hectáreas en España: el peor registro del siglo. La crisis alcanzó su punto más crítico en apenas dos semanas, cuando se quemó el 90% de la superficie afectada durante el año, y que dejó un saldo de ocho fallecidos, 79 heridos y más de 42.000 personas evacuadas, según revela el informe Incendios extremos, el reto de adaptar el territorio, presentado esta mañana por WWF en sus oficinas de Madrid.
La zona más castigada es el noroeste de la península, que ha sufrido 32 GIF, concentrando el 75% de la superficie calcinada a nivel nacional. "Los datos confirman que el actual modelo de lucha contra los incendios -que destina el 78% de los recursos a la extinción (entre 600 y 700 millones de euros al año) y apenas un 12% a la prevención- resulta insuficiente", de acuerdo con el documento.
La organización destaca que el 95% de los 8.800 siniestros que se registran de media al año son provocados por el ser humano, principalmente por el uso del fuego como herramienta de gestión en zonas rurales. El 5% restante corresponde a causas naturales, como el impacto de rayos.
Además, las llamas alcanzaron espacios de enorme valor ecológico como Las Médulas. Sin embargo, España no fue la excepción: Europa vivió en 2025 la peor temporada de incendios forestales de su historia. Para finales de agosto, el fuego ya había consumido cuatro veces más que la superficie devastada el año anterior.
Lourdes Hernández, especialista en incendios forestales de WWF España, advierte que los incendios han dejado de ser un problema estrictamente ambiental para convertirse en "auténticas emergencias civiles que ponen en riesgo la vida de las personas". Asimismo, la experta señala el impacto de las noticias falsas: "Mientras ardían miles de hectáreas de forma simultánea, por las redes sociales circulaban bulos que nos alejaban de las soluciones reales".
La ONG invita a establecer un Pacto de Estado contra la emergencia climática basado en políticas coordinadas de agua, energía, territorio y producción alimentaria. Además, señala que la ausencia de criterios de evaluación comunes y periódicos impide garantizar que los planes de las comunidades autónomas se apliquen con eficacia.
En ese contexto, WWF propone un plan de acción integral centrado en la adaptación del territorio. La propuesta va más allá de las tareas de extinción: busca la restauración ecológica y la recuperación de usos agroforestales tradicionales, tales como la agricultura y la ganadería extensiva.
"Hoy los incendios son explosivos y se propagan de forma errática. Es tan complejo predecir cómo se va a comportar el fuego que resulta imposible que los dispositivos de extinción entren sin poner en riesgo su propia seguridad. La ciencia nos avisa de que, si no impulsamos la prevención, nos arriesgamos a que la superficie quemada se duplique para finales de siglo", añade Hernández.

A ello se suma la expansión de las urbanizaciones hacia zonas forestales, en muchos casos sin una planificación adecuada.Marcial GuillénEFE
En síntesis, la estrategia de WWF se apoya en tres pilares: lograr la resiliencia del territorio, minimizar la vulnerabilidad de las personas y reducir la siniestralidad. La organización hace hincapié en impulsar una cultura del riesgo y de conexión con el medio rural como parte de la educación ambiental.
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