La llegada de aire atlántico aliviará la situación en la Península, pero el continente encara las consecuencias de un fenómeno que ya deja muertos, récords históricos y alertas climáticas

Un joven se lanza al agua este lunes en el puerto de San Sebastián.EFE
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La primera ola de calor del verano que ha provocado temperaturas de más de 40 grados en gran parte de España y ha tenido un fuerte impacto en Europa Occidental (con al menos 40 víctimas mortales en Francia) empezará a remitir a partir de este miércoles, gracias a la entrada de una masa de aire atlántica más fría por el oeste peninsular. Sin embargo, seguirá provocando valores extraordinarios durante un día más en el el País Vasco, la cornisa del Cantábrico y el Valle del Guadalquivir. «Los valores están entre 5 y 10 grados por encima de lo normal», advirtió el portavoz de Aemet, Rubén del Campo.
La entrada de una masa de aire atlántica más fría por el oeste peninsular prevista será «el inicio del fin de la ola de calor», según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Aun así, persistirán las temperaturas muy altas, con ligeros descensos de las máximas en el tercio oriental y la mitad occidental, que en Galicia pueden ser notables.
La ola de calor provocada por el desplazamiento de una masa de aire seca y cálida desde el Sáhara ha golpeado con especial virulencia en Francia, con 450 récords de calor en pleno junio y el termómetro llegando a los 43 grados. Las altas temperaturas se han cobrado desde el fin de semana al menos 20 víctimas mortales, entre ellas dos niños que fallecieron en un coche en un aparcamiento de Carpentras (Vaucluse) el lunes por la tarde.
Según las primeras investigaciones, los niños de 2 y 4 años se encerraron en el coche cuando regresaban de compras con su madre, que tardó tiempo en percatarse de la situación. Una llamada alertó a los bomberos, que llegaron al aparcamiento a las 13.20 hora local pero no lograron reanimar a los pequeños.
Con el recuerdo no tan lejano de la ola del calor de agosto del 2003, que se cobró cerca de 15.000 vidas, el presidente Macron hizo un llamamiento a los franceses a «extremar la vigilancia» y «proteger a los más vulnerables». El calor sin precedentes en el mes de junio está teniendo un gran impacto sobre todo en el transporte, con cientos de trenes suspendidos, y en la educación, ya que más de 1.500 escuelas cerraron sus puertas. La energía ha sido otro sector gravemente afectado, con problemas en las centrales nucleares para refrigerar sus reactores debido a las altas temperaturas de los ríos. La central de Gulfench, a orillas del Garona, detuvo su segundo reactor el lunes al superar el agua del río los 28 grados, el límite establecido legalmente desde 2006.
En París hubo auténticas avalanchas de gente en las tres playas urbanas del río Sena, en el Canal de Saint-Martin y en la balsa de la Villette. La ministra de Deportes Marina Ferrari, advirtió que desde el pasado fin de semana se han producido «una veintena de muertes por ahogamiento al nadar en áreas no supervisadas».
La combinación del cambio climático y el envejecimiento de la población pueden convertirse en un detonante en Francia en los próximos años, según un informe de la asociación Consequences, que advierte que 7 millones de ciudadanos mayores de 65 años podrían estar expuestos, a partir del 2030, a escenarios letales como el vivido en el 2003, con un aumento medio de las temperaturas de dos grados en todo el país.
La ola de calor afectó también al Reino Unido, con récords de temperaturas en junio en el sur del país, y escenas como las vividas en el hospital de East Surrey con el desbordamiento de las Urgencias relacionadas con el calor extremo. Bélgica, Países Bajos, Italia, Alemania y Suiza también han resultado afectados por las altas temperaturas y tormentas, como la que causó graves inundaciones en Zurich.




















