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Ciencia

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El Mundo
Ricardo F. Colmenero · 2026-04-22 · via Ciencia

Los famosos monos del Peñón de Gibraltar han desarrollado una solución tan rudimentaria como sofisticada para sobrevivir a la avalancha de comida basura que reciben de los turistas: comer tierra. Un estudio liderado por la Universidad de Cambridge y publicado en Scientific Reports documenta por primera vez cómo estos primates practican geofagia, la ingestión intencionada de suelo, como medicación.

La investigación revela que los macacos de Berbería (Macaca sylvanus) han aprendido a tragar tierra para aliviar los efectos digestivos de una dieta cada vez más dominada por snacks humanos: chocolate, patatas fritas, pan o helados. No es un comportamiento anecdótico. La población registra una media de 12 episodios semanales, situándose entre las tasas más altas jamás observadas en primates.

El hallazgo apunta a que la tierra actúa como una especie de protector intestinal. Los alimentos que los visitantes ofrecen, o que los animales roban, son ricos en calorías, azúcares, grasas y lácteos, pero pobres en fibra. Para una especie adaptada a comer hojas, semillas o insectos, el impacto es inmediato.

"Los alimentos que traen los turistas son extremadamente ricos en azúcar, sal y lácteos", explica Sylvain Lemoine, autor principal del estudio. "Esto es completamente distinto a la dieta natural de la especie".

La consecuencia es un desequilibrio digestivo que los macacos compensan con geofagia. Según los investigadores, la tierra, especialmente la arcilla roja conocida como terra rossa, puede actuar como barrera en el intestino, absorber compuestos dañinos y aliviar síntomas como náuseas o diarrea. También podría aportar bacterias beneficiosas para restaurar el microbioma intestinal.

Un macacos de Gibraltar comiendo una galleta.

Un macacos de Gibraltar comiendo una galleta.Proyecto macacos Gibraltar/Martín Nicourt

El vínculo es directo. Los episodios de geofagia aumentan cuando los animales consumen más comida de origen humano y se disparan en verano, coincidiendo con el pico turístico. De hecho, casi el 19% de la dieta de estos macacos procede de alimentos de turistas.

Más allá de su función biológica, el estudio subraya que este comportamiento es cultural. No todos los grupos de macacos comen tierra de la misma forma ni en los mismos lugares. Algunos muestran claras preferencias por determinados tipos de suelo, y esas elecciones se mantienen dentro de cada grupo.

Alquitrán de carreteras

La mayoría de los animales opta por la terra rossa, que concentra el 83% de los casos observados. Sin embargo, otro grupo presenta una inclinación singular: ingiere alquitrán de carreteras, hasta el punto de que representa el 70% de su geofagia.

Estas diferencias no se explican solo por la disponibilidad del terreno. Los investigadores observaron que el 89% de los episodios ocurre en presencia de otros macacos, a menudo como espectadores. Y cerca de un tercio se produce en grupo. Es decir, que hay aprendizaje por observación.

"Estamos viendo cómo surge una tradición local", apunta Lemoine. "Es un comportamiento funcional, pero también cultural, impulsado por la proximidad a los humanos".

La población de Gibraltar, unos 230 individuos repartidos en ocho grupos, ofrece un escenario único para estudiar la interacción entre humanos y primates. Aunque está prohibido alimentarlos, los turistas lo hacen con frecuencia.

Los macacos que viven en las zonas más visitadas tienen dos veces y media más probabilidades de consumir comida basura, y concentran más del 70% de los episodios de geofagia. En cambio, un grupo sin contacto con turistas no mostró ningún caso de ingestión de tierra.

Un macacos de Gibraltar comiendo comida basura.

Un macacos de Gibraltar comiendo comida basura.Proyecto macacos Gibraltar/Martín Nicourt

El patrón también es estacional. En invierno, cuando cae la afluencia de visitantes, el consumo de comida humana disminuye un 40% y la geofagia cae en torno a un 30%.

El fenómeno no es completamente nuevo en la especie, pero sí su intensidad. En el norte de África, de donde proceden estos macacos, la geofagia es rara. En Gibraltar, en cambio, se ha convertido en una práctica habitual, probablemente impulsada por décadas de convivencia con humanos.

"Más allá de evidenciar que estos alimentos pueden ser nocivos para las personas si los consumen en grandes cantidades, el artículo pone en valor que también pueden ser nocivos para otra fauna. Se pone de manifiesto la importancia de educar a los turistas a la hora de visitar fauna salvaje o semisalvaje de no proveerla de alimentos", apunta Andreu Sánchez Megías, doctorando de la facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona, en declaraciones al Science Media Centre.

El resultado abre el debate de cómo los monos se adaptan a un entorno alterado por el hombre desarrollando una forma de automedicación para poder seguir consumiendo aquello que les perjudica.

En palabras del propio Lemoine, "la disponibilidad de comida basura puede activar en los macacos los mismos mecanismos que en los humanos nos llevan a desear alimentos calóricos". La diferencia es que ellos han encontrado en la tierra un corrector biológico. El caso de Gibraltar ilustra hasta qué punto la presión humana no solo cambia los ecosistemas, sino también las culturas animales. Y deja una pregunta incómoda en el aire: si los monos están aprendiendo a vivir como nosotros, ¿qué les estamos enseñando?