





















Tras viajar durante siglos desde los confines del sistema solar, el cometa rasante C/20226 A1 (2026) pasará por el perihelio el sábado 4 de abril. La intensa radiación y gravedad solar quizás lo desintegren en cuestión de horas. Pero, si sobrevive, podría ofrecernos un bello espectáculo celeste.
A principios de este año, cuatro astrónomos franceses descubrieron desde el desierto chileno de Atacama un objeto muy tenue, pero con sorprendentes datos orbitales: su trayectoria apuntaba directamente al corazón del sistema solar. Aunque se le bautizó con el correspondiente nombre oficial siguiendo la nomenclatura técnica (C/2026 A1), también se le apodó MAPS, acrónimo formado con las iniciales de los apellidos de sus descubridores: Maury, Attard, Parrott y Signoret.

El cometa MAPS observado el 14 de marzo por J.M. Trigo desde su observatorio B06 en Montseny.Josep Maria Trigo
Desde entonces, hemos presenciado cómo el cometa se dirige hacia el Sol a una velocidad vertiginosa, unos 2 millones de kilómetros por hora. Como muestra la curva de luz adjunta, según se ha aproximado, su brillo ha ido aumentando para pasar de unas 12 magnitudes en abril a 8 a mediados de marzo, esto significa que en este periodo se ha hecho 40 veces más brillante.
En el primer fin de semana de abril, el cometa alcanzará el perihelio (su máxima aproximación al Sol), a tan solo 160.000 kilómetros de la superficie del astro rey, mil veces más cerca que la Tierra. Es muy posible que, a tan corta distancia, el cometa no pueda sobrevivir a los efectos gravitatorios y radiativos solares. Pero, si sobrevive, las extrapolaciones de su curva de luz indican (ver figura adjunta) que podría llegar a alcanzar una magnitud entre -5 y -10, superando en brillo a Venus (que actualmente tiene magnitud -3,9). Entonces podría ser visible tras el atardecer cerca de este planeta, que se encontrará próximo a su línea de mirada.

Curva de luz del cometa MAPS.Vito Tech
Lo que llamó inmediatamente la atención de los astrónomos es que la órbita de este cometa indicaba su pertenencia a la familia de los rasantes de Kreutz, fragmentos de un cometa gigantesco que se rompió en pedazos hace muchos siglos al pasar muy cerca del Sol. Se especula que este cometa inicial pudo ser el Gran Cometa del año 371 a.C. y que su núcleo pudo haber tenido más de 100 kilómetros de diámetro.
Tales fragmentos se han convertido, a su vez, en cometas que viajan desde entonces por el sistema solar, llegan a las proximidades del astro rey y, si sobreviven, emprenden su camino de regreso. El nombre de la familia rinde homenaje al astrónomo alemán Heinrich Kreutz, quien describió sus propiedades a finales del siglo XIX. Varios miembros de esta familia han sido "grandes cometas" llamados así por su brillo excepcional; es el caso del Gran Cometa de 1680 inmortalizado por el pintor holandés Lieve Verschuier, el Gran Cometa de 1843 y del C/2011 W3 (Lovejoy). Este último sobrevivió bien al perihelio y, en diciembre de 2011, llegó a ser tan brillante como Venus. Y es que el intenso brillo de algunos de estos cometas, cuando están cerca del Sol, puede hacerlos visibles en plena luz del día.

Lieve Verschuier: el gran cometa de 1680 sobre Rotterdam.Museo de Rotterdam
Pero naturalmente no todos los cometas rasantes son así de grandes. Desde el lanzamiento de la sonda solar SOHO de la NASA, en 1995, que está monitorizando permanentemente el Sol, se han descubierto más de 5000 pequeños cometas rasantes de Kreutz, pequeños trozos procedentes del megacometa inicial o de los fragmentos sucesivos, pero ninguno de estos ha podido sobrevivir a su paso por el perihelio.
El MAPS es el cometa rasante que ha sido descubierto en una posición más lejana del Sol que todos los demás, se podría pensar que esto es debido a que es excepcionalmente grande. Sin embargo, unas observaciones realizadas por Qicheng Zhang y colaboradores [http://bit.ly/47rZQdk] con el telescopio espacial James Webb y publicadas hace tan solo unos días, indican que el diámetro del núcleo del cometa es de unos 400 metros, es decir, no particularmente grande, pero similar al del Lovejoy.
El descubrimiento tan temprano pudo ser debido a que el cometa estuviese experimentando una explosión en ese momento o, simplemente, a que los telescopios actuales permiten detectar objetos cada vez más tenues.
No es posible predecir a ciencia cierta qué va a suceder con el MAPS cuando llegue al perihelio, pero muchos astrónomos estamos pendientes de ese momento y tratando de
especular sobre qué puede pasar pues el cometa se jugará la vida en esos momentos. Una primera posibilidad es que sea desintegrado según se acerca al Sol por el intenso calentamiento solar y las fuerzas gravitacionales, vimos algo parecido con el cometa ISON en 2013 y sería una decepción.
Una segunda posibilidad es que solo el núcleo del cometa sobreviva al perihelio, lo que formaría una cabeza poco brillante con una larga cola que podría ser interesante solo para observaciones telescópicas.
Pero, finalmente, también podría suceder que el cometa emerja de la vecindad solar más o menos intacto. En ese caso, según el material que haya liberado en la aproximación, sería un objeto de brillo modesto muy difícil de observar por su proximidad al Sol o, como anticipan las predicciones más optimistas, podría reaparecer con un brillo muy intenso y desplegar una magnífica cola que sea bien visible incluyo entre los fulgores del atardecer.

Visibilidad tras el perihelio del cometa MAPS, en caso de que sobreviva.RB
Para una observación segura cuando el cometa esté cerca del Sol, podremos seguir las imágenes en directo proporcionadas por el observatorio espacial SOHO [https://sungrazer.nrl.navy.mil/] a partir del 2 de abril, cuando el cometa entre en su campo de visión. De esta forma, podemos observar la evolución del cometa desde la pantalla de un ordenador: pasará por detrás del Sol el día 4 y, si sobrevive, reaparecerá rápidamente por delante y desparecerá del campo de visión el día 6.
Suponiendo que el cometa sobreviva, el mejor momento para observarlo directamente será después del perihelio, mirando exactamente hacia el horizonte oeste tras la puesta de Sol. El cometa debería mostrar entonces una larga y brillante cola. Sin embargo, quizás no esté de más recordar que siempre hay que tener mucho cuidado con el Sol, no hay que ser impaciente y no tratar de mirar mientras el Sol esté levantado. Nunca hay que mirar al Sol directamente ni con ningún instrumento óptico que no cuente con un filtro solar homologado, pues se corre el riesgo de dañarse los ojos.
La estimación reciente de su tamaño modesto (400 m) parece apuntar a que lo más posible es que el cometa se desvanezca en una nube silenciosa de gas y polvo. Pero aún queda algo de esperanza de que pueda emerger triunfante para convertirse en el cometa más brillante de la década. Más allá del espectáculo visual, su desintegración o supervivencia permitirá realizar estimaciones de la densidad y temperatura de la corona solar, pues el cometa actuará como una sonda natural que atraviesa regiones inalcanzables para nuestra tecnología. Y, en todo caso, el dramático destino del cometa MAPS siempre será un fascinante recordatorio de la belleza y de los prodigios de nuestro sistema solar.
Rafael Bachiller es director del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional) y académico de la Real Academia de Doctores de España.
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